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Opinión | Creí que sería poeta

De creer que sería el próximo Pablo Neruda a descubrir en la literatura una herramienta para entenderse a sí mismo y al mundo: esta es reflexión sobre libros y vocación de Ernesto Nuñez.
jue 12 marzo 2026 06:00 AM
OPINIÓN: "Creí que sería poeta", por Ernesto Nuñez
. (ILUSTRACIÓN: RODOLFO TAMÉS)

A los 16 años creía, con toda convicción, que yo era el siguiente Pablo Neruda. Pero no sólo lo creía: tenía la evidencia. Había ganado un concurso nacional de poesía, fui de Valle de Bravo hasta la Ciudad de México a recibir el premio –con cash incluido– y me entrevistó el periódico Reforma. Yo estaba seguro, sin exagerar, que era el siguiente gran poeta latinoamericano.

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Estaba en el paso del primero al segundo año del bachillerato y la cascada de hormonas de la adolescencia reventaba mi vida. Y sobre eso escribí en aquel poema que había mandado por correo postal (y con esto, desocupado y atento lector, habrá ya de calcular mi edad a esta altura) a la dirección que especificaba la convocatoria.

Pero aquel no fue un acto fortuito. No. A los seis o siete años, yo solito y con dinero que me había dado mi madre, compré en la librería Arawi mi primer libro: una portada con un fondo amarillo y la fotografía de una cabeza de ajos. No sé si fue la estética del ajo, o fue el amarillo lujoso, o el tamaño pequeño –manejable para mis manos–, pero algo me llevó a comprar ese libro que, sin duda, hoy no sería catalogado como literatura infantil.

Era una edición de Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda. Sin conocer aún nada del amor, memoricé desde muy niño aquellos versos que, después sabría, son inmortales en la poesía latinoamericana: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: la noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos’”. Durante toda mi infancia y adolescencia fui un devorador de libros. Así que, cuando llegó la hora –y en contra de mis padres, porque siempre he sido voluntarioso–, decidí estudiar Letras Hispánicas con el propósito de ser escritor.

Cuando tuve la segunda clase del primer día en la universidad, entró en el aula Roberto Gómez, quien con los años se convertiría en un mentor y amigo entrañable, y nos dijo más o menos esto: “Si ustedes creen que aquí van a aprender a ser escritores, se equivocaron de carrera; aquí se viene a estudiar literatura, no a ser escritor”. Decidí quedarme porque no tenía otra opción y había que gestionar la frustración. Además, tenía ese recurso que hoy echo tanto de menos: tiempo. Varias veces en mi vida pensé que habría sido mejor estudiar Química (porque, dígase la verdad, yo ahí era destacadísimo). Hoy pienso que estudiar letras fue una decisión perfecta.

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La literatura me regaló –con muchos golpes y sin anestesia– las preguntas que me llevaron a cuestionarme la identidad. Entendí que había estudiado literatura para conocerme a mí mismo y, en el camino, descubrir las ambigüedades de la otredad, de nuestra humanidad.

Estudié literatura para decodificar –y, actualmente en mi vida profesional, construir– las narrativas que necesitamos para conectarnos, para persuadirnos, para seducirnos y hasta para enamorarnos. Y sí, estudié literatura porque estaba seguro de que era el camino más alejado de los números. No podía estar más equivocado: hoy el Excel es de mis mejores amigos.

Todos tenemos una historia con un libro. La mía hoy gira en torno a muchísimos libros: dirijo un equipo de profesionales regados por todo el continente americano que trabaja por mejorar nuestra sociedad a través de la educación. Y en esas labores está la de sembrar la semilla de la literatura. Por fortuna, algo de ese trabajo termina recordándome siempre que, hace muchos años, yo estaba seguro de que sería el siguiente Pablo Neruda.

Acerca del autor: Educador y viajero, Ernesto cree en la educación como motor de cambio social. Especialista en literatura hispánica, edición e innovación educativa, es director global de Producto e Investigación en Grupo Santillana. Su trabajo impacta cada año a más de dos millones de estudiantes en América Latina.

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