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La ciencia detrás del chocolate

Cada barra esconde muchos secretos científicos y aquí te contamos algunos.
Chocolate
Chocolate (Shutterstock)

Las barras de chocolate que se encuentran en los supermercados no deberían de estar en el pasillo de las golosinas. Un mejor lugar sería a lado de las frutos rojos o de los superfoods, ya que albergan más secretos científicos y nutricionales de lo que aparentan. Uno de ellos es que contienen mayor cantidad de antioxidantes que ciertos jugos de fruta, de acuerdo con una investigación publicada en Chemistry Central Journal .

Dr. Debra Miller, la autora de la publicación, asegura que las semillas del cacao son una súper fruta que provee al cuerpo de considerables cantidades de polifenoles y flavonoides.

La forma de comerlo importa, y las mejores opciones son en polvo (como cocoa)o en tabletas de chocolate oscuro. Por otro lado, no conviene tanto consumir los chocolates destinados a servirse como bebidas calientes porque prácticamente no contienen antioxidantes, debido al proceso de alcalinización por el que pasan.

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Independientemente de la presentación final, todos los chocolates contienen teobromina, sustancia responsable de producir sensación de alerta y bienestar en el ser humano.

Según los estudios publicados por la US National Library of Medicine , este estimulante también puede actuar como anti inflamatorio, protector del sistema cardiovascular y antitumoral. Otro componente presente en el chocolate es la Anandamida, que estimula las sinapsis entre las neuronas del cerebro. Esto deriva en sensación de bienestar y en la activación del estado de alerta.

Eso sí: hay que tomar en cuenta que estos beneficios son mayores cuando el chocolate es auténtico y sin aditivos.

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Fijarse en el contenido del empaque es indispensable, ya que existen científicos que están desentrañando el sabor y aroma que este delicioso producto contiene. Entre sus más recientes descubrimientos aseguran que el aroma a chocolate es en realidad la combinación de 25 moléculas que por sí mismas despiden olores no muy agradables.

Un ejemplo es el ácido acético, que huele a vinagre; y el trisulfuro de dimetilo, cuyo aroma recuerda a la col. ¿El siguiente paso? Establecer las cantidades correctas que se encuentran naturalmente en el chocolate para crear “auténtico” olor a chocolate.

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