Sabemos mucho sobre el embarazo… pero casi nada sobre los hombres cuando se convierten en papás. En el caso de las mujeres, ocurren muchos cambios en su cuerpo al convertirse en madres, pero ¿te has preguntado cómo se enfrenta la paternidad? ¿Qué pasa con los hombres cuando se vuelven padres? La ciencia nos lo dice y es más sorprendente de lo que crees.
Esto le pasa al cerebro de los hombres cuando tienen hijos (según la ciencia)
El cerebro se adapta
Convertirse en padre transforma el cerebro, las hormonas y la vida emocional de los hombres, según investigaciones realizadas durante más de dos décadas por la psicóloga Darby Saxbe, de la Universidad del Sur de California .
El cerebro de los nuevos papás cambia físicamente. Diversos estudios siguieron a hombres desde que su pareja estaba embarazada y hasta seis meses después del nacimiento. El resultado: ciertas zonas del cerebro perdían volumen. Pero no es para alarmarse, solo se trata de una reorganización.
El cerebro elimina conexiones que ya no necesita para volverse más ágil y eficiente, algo que también hace durante la adolescencia. Es decir, éste se afina para entender mejor a ese bebé que no habla pero que necesita todo.
Un dato curioso revela que estos cambios se refuerzan en padres que pasan más tiempo con sus hijos, por ejemplo los que toman licencia de paternidad, cambian pañales a cualquier hora del día o carga a su hijo durante mucho tiempo.
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Las hormonas entran en el juego
Pero aunque el cerebro juega un papel crucial, no es lo único que cambia, también lo hacen las hormonas. Al convertirse en padre, los niveles de testosterona tienden a bajar durante los primeros años, y lejos de ser algo negativo, está relacionado a tener mayor paciencia y tolerancia, algo que se necesita sobre todo cuando el bebé llora sin razón en la madrugada.
A su vez se eleva la oxitocina, una hormona que asociamos con el amor y el apego. Y toma nota de este dato curioso: los padres la producen de una manera particular. Mientras las madres la activan con el contacto suave y el cuidado, los hombres la disparan con el juego físico: levantar al bebé o jugar a las cosquillas, por ejemplo.
El lado difícil del que nadie habla…
Ser un padre presente también tiene un costo. Los estudios demuestran que los hombres más involucrados en la crianza tienden a dormir peor, a sentir más ansiedad y, en ciertos casos, presentan síntomas de depresión los primeros meses. Y aclaramos: no es porque la paternidad sea mala, sino porque cuidar a un bebé es agotador tanto para ellos como para las mujeres.
Pero algo interesante ocurre posteriormente, porque a largo plazo, muchos de esos mismos padres aseguran que ser papá es una de las cosas más importantes y satisfactorias que les ha pasado en la vida.
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Los papás “modernos”
Actualmente la paternidad es otra a diferencia de décadas pasadas cuando se creía que ser “buen padre” significada llevar dinero a casa y que la crianza era cosa de mujeres. Sin embargo, cada vez es más común ver papás en reuniones del colegio, en el pediatra, dando biberón o negociando con el hijo cuando hace un berrinche ¡o cuando no quiere ponerse los zapatos!
De hecho, esto también va relacionado con los hijos. Cuando hay padres involucrados, los niños suelen tener mejores resultados en el colegio, mayor estabilidad emocional y mejores herramientas para enfrentar la vida adulta.
La psicóloga a cargo de este estudio asegura que no existe el padre perfecto ni una fórmula para hacerlo bien. Sin embargo, la constante en la investigación es una: la presencia. Y no se trata de estar encima de ellos todo el tiempo, sino de estar disponible cuando los hijos lo necesiten.