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Nuestras Historias

La junta diaria de las 9 de la mañana

En tiempos de home office casi obligatorio, descubrirse parte de un gran equipo de trabajo puede ser una tabla de salvación
dom 03 mayo 2020 10:45 AM
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Un testimonio de home office durante la cuarentena

Para ser preciso, nuestra primera junta virtual fue el 18 de marzo. Desde aquel día, nos hemos visto de lunes a viernes muy puntuales a las 9 de la mañana (excepto por aquel día en que, tras un ataque de insomnio, desperté a las 9:10 con un mensaje que mi jefe me envió por WhatsApp y que me hizo saltar de la cama y correr hacia la laptop).

A través de esa pequeña ventana que desde hace más de un mes me permite echar un vistazo a la vida de mis compañeros de trabajo, he ido descubriendo muchas más cosas de las que había descubierto en los meses que llevo formando parte de este equipo. Por momentos me he sentido como LB 'Jeff' Jefferies, personaje que protagoniza la película La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock, mientras espío la vida de esas personas con las que suelo pasar más tiempo que con mi propia familia.

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Desde luego, la distancia no ha tenido ningún efecto transformador y seguimos siendo los mismos que éramos antes de que llegara el COVID-19. Están aquellas personas puntuales como un reloj suizo, quienes no se pueden mantener las manos quietas frente a la cámara y se la pasan cortando papel, los que prestan atención desde el silencio más observante y estamos quienes requerimos mucho más que un café cargado para arrancar nuestro día.

No obstante, a través de esas mirillas cibernéticas, también he rescatado retazos de sus vidas personales. Los he visto responder a algún familiar que les habla mientras estamos conectados, moverse por su casa y caminar al lado de sus libreros, desesperarse ante los ladridos incesantes de los perros de los vecinos y hasta tener que abrirle a alguien que ha tocado el timbre. En este mismo tiempo he aprendido de sus mascotas, de sus pasatiempos, de sus familias y hasta de los rincones de su casa en los que la conexión a internet es mejor. Ellos, por su parte, me han visto sostener ese vaso de plástico horrible con el logotipo de Heineken –que traje a mi casa de algún concierto– que por algún motivo inexplicable es mi favorito para beber el licuado que desayuno todos los días.

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Este tiempo ha sido una oportunidad para echar un vistazo a la vida privada de mis compañeros

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Esta situación me ha permitido ver cada vez más a los humanos –no a los profesionistas– con los que cada día intercambio puntos de vista y opiniones, a los que se les nota la preocupación o el hartazgo generados por esta situación en la cara, los que con todo y a pesar de todo están dispuestos a seguir trabajando incluso los fines de semana, esos que no bajarán la guardia así nuestra vida dependa de la voluntad de los servidores y el internet.

El trabajo a distancia ha sacado, por momentos, lo mejor y lo peor de nosotros, ha mostrado nuestras luces y nuestras sombras, nos ha hecho descubrir nuevas capacidades y también limitaciones de las que no éramos tan conscientes. Nos ha sacado de nuestra zona de confort y nos ha obligado a pasar delante de la computadora más horas de las que nos creíamos capaces. También nos ha vuelto más creativos, críticos, exigentes y obsesivos. Todo esto los hemos atravesado 'juntos a la distancia', con todas las contradicciones encerradas en esas cuatro palabras.

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Una cosa me ha quedado clara. Esas personas a las que hasta hace un mes saludaba todas las mañanas al llegar a la oficina y con las que compartía la mesa a la hora de la comida han sido, en cierto modo, una tabla de salvación que me ha mantenido a flote durante una de las épocas más extrañas que me ha tocado vivir. Hoy veo claramente que todos estamos en este barco por convicción y remando juntos para llegar a donde sea que las corrientes decidan llevarnos. Nuestras diferencias nos hacen un buen equipo porque nos complementamos; porque aquello en lo que uno flaquea, el otro es más fuerte; porque el tema que a uno apasiona, a otro no podría importarle menos; porque nos equilibramos.

No sé si esta situación nos ha hecho más amigos –a pesar de las fotos de perros y gatos que circulan por el chat grupal o de las bromas que nos hacemos frecuentemente–, pero sospecho que sí nos ha hecho mejores compañeros. Y pensar que todo se lo debemos a una pandemia y a la junta de las 9 de la mañana…

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