Pero primero lo primero… debes tener en cuenta que una buena tabla de quesos no consiste solamente en amontonar diferentes quesos, frutas y galletas o pan. La clave está en entender algunas reglas básicas que la trasformarán.
1. La elección de quesos. Como ya te contábamos más arriba, una tabla equilibrada no requiere 10 variedades, puedes colocar de 3 a 4 pero que tengan contraste entre texturas e intensidad. Por ejemplo, uno suave, uno firme/añejo, uno fresco e incluso puedes sumar uno azul. Un punto importante es que no todos sepan igual ni tengan la misma consistencia.
Una selección básica que combina estos elementos puede ser: brie o camembert (suave y cremoso), manchego (firme y un poco intenso), gouda añejo (profundo) y para los aventados, un queso azul.
2. No te olvides de lo dulce. Un plus importante en las tablas de quesos es ese toque dulce como la miel, mermelada de higo, frutos secos, fruta fresca, etc, ya que crean un gran contraste.
3. Agrega elementos ácidos o salados. Este punto puede ser controversial porque no es para todos los gustos. Pero otros elementos que sin duda elevará tu tabla de quesos son las aceitunas o los pepinillos, por ejemplo. Su función principal será cortar la sensación grasosa y limpiar el paladar.
4. Toma en cuenta el crunch y las frutas. Aquí entra un punto importante y (casi) amado por todos: agrega galletas, rebanadas de baguette, almendras, nueces o otros frutos secos. También puedes sumar uvas, peras, manzana, frutos rojos, entre otros, para aportarle frescura y dulzor a tu tabla.
Pro tip: Para que los quesos desarrollen mejor sus aromas y matices, sácalos del refrigerador una hora antes de servirlos.