Menor oxigenación en sangre, mayor desgaste físico e incremento de la velocidad del balón son los retos que los 2.240 metros de altitud de la Ciudad de México enfrentan los futbolistas que jugarán en el Estadio Azteca durante el Mundial 2026.
La altitud de la CDMX, el rival invisible del Mundial 2026
Sede de las finales de los Mundiales de México 1970 y 1986, el Azteca albergará cinco partidos del torneo de la próxima Copa Mundial, incluido el inaugural entre México y Sudáfrica, el próximo 11 de junio.
También jugarán por la ronda inicial del torneo Uzbekistán contra Colombia y el Tri contra uno de los cuatro ganadores del repechaje europeo, que se define en marzo.
Además, el calendario incluye dos partidos de la segunda fase en el Azteca, el estadio donde levantaron la copa del mundo Pelé y Diego Maradona.
Para el uruguayo Daniel Ipata, un preparador físico que trabajó con México para el Mundial de Corea del Sur y Japón 2002, la altitud de la capital no es "dramática", pero sí es “real".
"Hay una disminución de entre 20 y 25 por ciento de la presión parcial de oxígeno, lo que redunda en menor oxigenación en sangre y menor rendimiento aeróbico. Y a mayor fatiga, menor capacidad de tomar decisiones", explica en entrevista a la agencia AFP.
La mejor táctica es disponer de un periodo de adaptación, de entre 10 y 14 días, que permita aumentar los entrenamientos y cuidar la hidratación de los deportistas.
Otra consecuencia de la altitud es la mayor velocidad del balón.
"Hay que buscar mejores adaptaciones técnicas en el control, en la conducción, en el pase, en los remates, en los lanzamientos", estima Ipata.
Las justas deportivas en esta megaurbe siempre han despertado dudas.
Antes de los Juegos Olímpicos de México 1968 había temor de que los deportistas cayeran fulminados. Sin embargo, se registraron hazañas memorables.
El estadounidense Jim Hines corrió los 100 metros planos por primera vez debajo de los 10 segundos y su compatriota Bob Beamon voló 8,90 metros en salto largo, el récord olímpico más longevo y la segunda marca mundial en la disciplina.
En el Mundial de México 1970, Brasil tuvo la cautela de concentrase un mes antes para adaptarse a la altura. La estrategia rindió frutos: se coronó campeón y dejó en el Azteca la imborrable imagen de Pelé festejando con un sombrero charro.
En 1986, México volvió a ser sede del Mundial, pero los preparativos estuvieron marcados por el terremoto de septiembre de 1985 que destruyó parte de la capital.
Pese a una contaminación atmosférica récord ese año, nuevamente el Azteca regaló postales para la posteridad como el "Gol del siglo" del argentino Maradona contra los ingleses en cuartos de final.
Esta vez, la selección mxicana pisará la cancha decidido a hacer historia en su tercer Mundial como local.
Con información de AFP