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Whisky y pan francés: el poder de lo incombinable

A la hora mágica del brunch todo se vale, Incluso beber whisky con “comida de desayuno”.
lun 06 abril 2020 07:10 PM
Maridaje: pan francés y whisky

Existen muchas reglas culinarias que no están escritas en ningún lugar, pero que todos conocen (y muchos rompemos): solo se come carne en la comida y la cena; el pan dulce es para el desayuno, y el alcohol nunca debe consumirse antes del mediodía. Sin embargo, el fin de semana hay un momento mágico, uno que ocurre a partir de las 11 a.m., en el que los límites entre la mañana y la tarde se rompen. Es cuando la champaña se mezcla con el jugo de naranja, en la mesa conviven las hamburguesas y los hot cakes, y se valen todas las fantasías con las que el paladar pueda soñar: el brunch. Éste es el único espacio de la semana en el que es válido comer pan francés cuando el reloj indica p.m. y acompañarlo –a pesar de ser “comida de desayuno”- con un whisky.

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El deleite de disfrutar un vaso de single malt –como Glenmorangie The Original– con una rebanada de pan francés comien- za por la fruta. Las notas cítricas con las que abre el whisky son el preludio perfecto para probar los higos del platillo, cuyo sa- bor a la vez se mezcla con las notas de ca- ramelo características del destilado y crea un contraste elegante y delicado, sin ha- cerlo perder su contundencia. La combi- nación adopta una forma inesperada, pero inmejorable para terminar la semana. Este whisky no incita a una noche de tragos des- pués de la oficina; este pan francés prepara- do en Balta no provoca un coma de azúcar. Quizás lo harían si estuvieran solos, pero juntos son un instante de goce, una prueba del encanto de combinar lo incombinable.

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El deleite de disfrutar un vaso de single malt –como Glenmorangie The Original– con una rebanada de pan francés comienza por la fruta. Las notas cítricas con las que abre el whisky son el preludio perfecto para probar los higos del platillo, cuyo sabor a la vez se mezcla con las notas de caramelo características del destilado y crea un contraste elegante y delicado, sin hacerlo perder su contundencia. La combinación adopta una forma inesperada, pero inmejorable para terminar la semana. Este whisky no incita a una noche de tragos después de la oficina; este pan francés preparado en Balta no provoca un coma de azúcar. Quizás lo harían si estuvieran solos, pero juntos son un instante de goce, una prueba del encanto de combinar lo incombinable.

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