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Le Jukebox, escuchar música fuera del streaming aún es posible

Una pieza creada por Radiooooo que convierte escuchar música en arte y el azar en la manera más cool de encontrar nueva música de todas las épocas.
dom 22 marzo 2026 01:00 PM
Le Jukebox, escuchar música fuera del streaming aún es posible
. (Cortesía)

Hay una incomodidad silenciosa en la forma en la que hoy escuchamos música, una especie de saturación que no siempre se nombra pero que se percibe, en el gesto automático de abrir una app, en la repetición de lo conocido, en esa barra de búsqueda que muchas veces se queda en blanco. Desde ahí se entiende mejor Le Jukebox, no como un gesto nostálgico sino como una respuesta más bien física.

El proyecto nace desde Radiooooo, una plataforma online creada en 2013 que partía de una idea clara, escuchar música como si fuera un mapa, elegir un país, una década, un ritmo, y dejar que algo inesperado ocurra. Esa lógica, sostenida por una comunidad global que comparte hallazgos, terminó por desbordar la pantalla.

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Ahí aparece Le Jukebox, como una decisión consciente de ir en otra dirección, según sus creadores.

“Sentimos que en un momento donde todo vive en pantallas, era importante reconectar con objetos físicos”, explica Noemi Ferst, artista visual y cofundadora de Radioooo, “tener algo dedicado a una sola actividad”. La idea no es menor, sobre todo en un entorno donde el mismo dispositivo concentra música, trabajo, mensajes, distracción, todo al mismo tiempo. Frente a eso, el jukebox propone lo contrario, un objeto que se limita, que se concentra, que exige presencia.

Esa limitación se traduce en una experiencia distinta, menos fragmentada, más lenta, incluso más compartida.

Para Benjamin Moreau, cofundador de Radioooo, la referencia a las rockolas tradicionales existe, pero no define el proyecto. “Crecimos con jukeboxes en bares y restaurantes, había algo mágico en elegir una canción y escucharla en ese momento”, dice, pero enseguida matiza, no se trata solo de nostalgia, también hay una intención de replantear cómo queremos consumir música hoy.

Sentimos que en un momento donde todo vive en pantallas, era importante reconectar con objetos físicos
Benjamin Moreau

Y ahí aparece una de las tensiones más claras. La música, tal como se vive actualmente, se ha vuelto una experiencia profundamente individual, audífonos, playlists personalizadas, algoritmos que replican hábitos. “Hoy escuchar música es casi una actividad de aislamiento”, reconocen, y justo por eso el jukebox busca reunir, generar un punto de encuentro, permitir que varias personas compartan un mismo momento sonoro, incluso sin conocerse.

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Hay algo interesante en esa renuncia parcial al control. No elegir cada canción, dejar espacio a lo inesperado, aceptar que la experiencia también pasa por la sorpresa. En un ecosistema dominado por la precisión algorítmica, ese gesto se siente casi radical.

La lógica detrás sigue siendo la misma que impulsó a Radiooooo desde el inicio. Una curaduría humana, construida a partir de contribuciones de personas en distintas partes del mundo, gente que comparte música que ha descubierto, que la conecta con un lugar y un tiempo específicos. “Lo importante no es solo la canción, también es quién la encontró”, comenta Ferst. Cada pieza está ligada a una historia, a una intención, a un contexto.

Esa dimensión se vuelve más evidente cuando se entiende el proyecto como una especie de máquina del tiempo musical. No en un sentido literal, sino como una herramienta que permite escuchar un momento específico desde dentro. “Puedes preguntarte qué estaba pasando en cierto país, en cierta época, y acercarte a eso a través de la música”, explican. Hay ahí una lectura cultural, incluso sociológica, que se aleja de la lógica del consumo inmediato.

Lo importante no es solo la canción, también es quién la encontró
Naomi Ferst

También hay una crítica implícita, no tanto a las plataformas en sí, sino a lo que han generado. “Los algoritmos tienden a encerrarse en un loop”, dice Moreau, “te mantienen en lo que ya conoces”. Frente a eso, la curaduría humana introduce fricción, desvío, descubrimiento.

Esa idea se conecta con algo más amplio, una fatiga digital que no siempre se verbaliza pero que atraviesa distintas formas de consumo, pues la necesidad de bajar el ritmo, de concentrarse en una sola cosa, de recuperar cierta atención. El auge del vinilo aparece en la conversación como un síntoma de eso, no solo por el sonido, sino por el objeto, por el ritual, por el tiempo que implica.

Le Jukebox se inserta en esa misma línea, pero desde otro lugar, no como regreso al pasado sino como reinterpretación, ya que es un objeto contemporáneo que entiende el valor de lo tangible, de lo compartido, de lo intencional.

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México, en este contexto, no aparece como un punto estratégico sino como un espacio cercano. Los creadores han estado aquí en varias ocasiones, hablan de amistades, de vínculos construidos con el tiempo, de una afinidad con la artesanía y la manera de hacer. Esa relación también se refleja en el propio archivo musical, porque al construir la biblioteca de Radiooooo, detectaron vacíos en distintos países y comenzaron a llenarlos a través de redes personales.

Empezamos con amigos, luego con sus familias, luego con sus abuelos”, recuerda Moreau. El resultado fue una colección que no solo cruza geografías, sino generaciones. Una conversación intergeneracional que se construye a partir de la música, donde distintas voces aportan su memoria.

Ese proceso resume bien el espíritu del proyecto, no se trata solo de acumular canciones, sino de construir contexto, de conectar historias, de abrir posibilidades.

Al final, Le Jukebox no intenta reemplazar nada, no busca competir con las plataformas ni posicionarse como alternativa masiva. Funciona más cercano a la experiencia que al consumo, más ligado a la curiosidad que a la inmediatez.

Solo pruébalo y déjate llevar”, dice Ferst casi al cierre, como si no hiciera falta mucho más.

En un momento donde todo parece diseñado para anticiparse a nosotros, la posibilidad de no saber qué sigue, de escuchar sin expectativa, de compartir un mismo espacio sonoro, adquiere otro peso. Como una magnífica forma de volver a habitar la música.

¿Se puede adquirir? Le Jukebox no está pensado para habitar tiendas ni plataformas de venta, su circulación ocurre en espacios donde el objeto se activa, se escucha y se comparte, más cercano a una pieza de colección que a un dispositivo disponible bajo demanda.

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