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Nuestras Historias

La huérfana: el origen y nuestra obsesión con los niños del terror

De cuando los más pequeños habitan en nuestras peores pesadillas.
sáb 24 septiembre 2022 03:00 PM
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La presencia de un niño en una película nunca es casualidad. Hablamos de un símbolo sumamente poderoso y que ha sido aprovechado por incontables producciones para la transmisión de todo tipo de mensajes, casi siempre relacionados con la preservación de la inocencia en un mundo sumamente hostil.

El cine de terror nunca ha sido ajeno a la tendencia. En muchos casos, con los pequeños convertidos en víctimas de males mayores. Pero en otros más extremos, con una distorsión de su esencia, lo que resulta en algo inquietante y pesadillesco. Una corrupción máxima en que los seres más puros del imaginario colectivo terminan arrastrados a la ruta de la oscuridad. Si ellos no pudieron escapar, ¿qué nos espera a los demás? Sólo la condenación.

El exorcista, La profecía y Poltergeist son sólo algunos de los ejemplos más icónicos de la tendencia. Pequeños cuya infancia es brutalmente arrebatada por entidades demoniacas que representan una cara opuesta a la luz. También están los impuros por naturaleza, como Los niños del maíz, El ángel malvado o La huérfana, todos ellos malvados desde la raíz. Centrémonos en esta última, quien está de vuelta con El origen.

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Esther está de regreso

Han pasado diez años desde que conocimos a Esther Coleman, una niña que termina convirtiéndose en la peor amenaza para sus padres adoptivos. No por las extrañas prendas que viste ni por su enigmática forma de ser, sino por el secreto que oculta: no es una niña, sino una mujer de 33 años que padece una extraña condición que la hace ver como una pequeña a perpetuidad. Más grave aún, es extremadamente violenta.

Tal y como el título lo indica, esta nueva entrega no muestra qué fue de la mujer-niña, sino que nos traslada al pasado para explorar su pasado. Desde su escape de una clínica en Estonia hasta su llegada a los Estados Unidos. Es así como conocemos a su primera familia adoptiva, los Albright, cuyo trágico destino fuera develado en el filme original.

Ni estos conocimientos impiden que el viaje sea perturbadoramente memorable. Más aún porque la historia viene acompañada de una serie de giros que son determinantes para conocer mejor al personaje central y sobre todo, para entender esa escalada de violencia en sus acciones.

Los rumores dicen que La huérfana: El origen no será la última vez que vemos a Esther, pues desde hace tiempo se habla de una tercera entrega. Se desconoce, sin embargo, si esta nos llevará todavía más atrás en la historia o si se desarrollará después de la entrega original.

 

Infancia pesadillesca

Mucho se ha hablado sobre las razones por las que el terror es uno de los géneros más populares entre las audiencias. Numerosos estudios coinciden en que ver este tipo de películas es una experiencia catártica, ya que las audiencias encaran una situación de peligro sin enfrentarse realmente a ella. La adrenalina llega al máximo, seguida de todo tipo de sensaciones liberadoras y finalmente, del disfrute. Una auténtica adicción.

Si los niños se han tornado tan efectivos para este tipo de producciones no es sólo por su carácter simbólico referido al inicio de este texto. También porque son muchos los que aseguran que los niños son atemorizantes por sí solos.

Como muchos otros, se trata de un miedo irracional que suele ser atribuido a numerosas razones. Por un lado está una variante del valle inquietante, explicado como “un sentimiento de rechazo que inspiran las formas antropomorfas excesivamente próximas a la realidad” [ vía ]. En este caso, personas de proporciones reducidas y que pueden lucir especialmente espeluznantes cuando toman una actitud medianamente adulta. ¿Alguna vez han padecido la mirada fija y silenciosa de un pequeño inmóvil y en silencio? Entonces saben a qué nos referimos.

A esto sumemos que su propia inmadurez los torna impredecibles e incontrolables. Un niño con fuera de control es una fuerza de la naturaleza que no se detiene ante nada para saciar sus deseos más puros. Cuando esta esencia es atinadamente incorporada al género es algo sumamente perturbador. Ahí está Regan masturbándose ferozmente en El exorcista, o Damien agrediendo a su madre para no entrar en la iglesia en Poltergeist, o la propia Esther gritando con desesperación en La huérfana.

Los niños de terror no son sino una vía para procesar algunos de nuestros peores miedos desde el confort de la butaca. Como a todo pequeño, nunca deben perderse de vista, pues es un hecho que los niños de terror continuarán habitando en nuestras pantallas y más importante aún, en nuestras pesadillas.

 
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