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Nuestras Historias

Matrix: Resurrecciones, ¿cambiará al mundo como la película original?

El Elegido está de vuelta y queda ver si sus renovados códigos apuntan al culto o al olvido.
mié 22 diciembre 2021 09:05 AM

¿Qué es la Matrix? La interrogante, que sirvió como enigmático tagline de la película original, fue clave para potenciar el último gran fenómeno cinematográfico del siglo XX.

Una simulación del mundo real con la que las máquinas garantizan su dominio sobre una especie humana reducida a una simple batería. Han pasado veinte años y el concepto sigue siendo difícil de explicar. Qué razón tenía Morfeo: “nadie puede decirte qué es la Matrix. Es necesario verla por ti mismo”.

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Por innovadora que fuera, sus bases eran más añejas de lo que muchos pudieran pensar. Ahí está la Alegoría de la Caverna con la que Platón señaló las diferencias entre el mundo sensorial y el inteligible; la Primera Meditación en la que René Descartes aseguró que la confianza extrema en los sentidos puede generar ilusiones; la Crítica de la Razón Pura con la que Immanuel Kant distinguió entre las emociones sensibles y las representaciones surgidas de éstas; el ensayo Simulacres et Simulation con el que Jean Baudrillard concluyó que la humanidad contemporánea vive en un mundo mentalmente ajeno a la realidad; la concepción del término ciberespacio en 1968 pero popularizado por Neuromante (1984) de William Gibson que lo definió como “una alucinación consensual experimentada diariamente por miles de millones de legítimos operadores, en todos los países.

Una representación gráfica de los datos abstraídos de todos los ordenadores del sistema humano. Una complejidad impensable. Líneas de luz dispuestas en el no-espacio de la mente, conglomerados y constelaciones de información. Como luces de una ciudad alejándose en la distancia”.

Estos miedos recurrentes, aumentados por el auge tecnológico de la época así como por la inminente llegada del Y2K que auguraba un fallo computacional masivo, hicieron que la cinta alcanzara una dualidad inusual. El éxito masivo, pero también el estatus de culto entre quienes quedaron convencidos que nuestro mundo no era más que un engaño de la era digital. A dos décadas de distancia sólo queda preguntarse si el regreso de la franquicia con Matrix: Resurrecciones será capaz de replicar estas sensaciones.

 

La Matrix te tiene…

Y no hay escape. Basta con echar un vistazo para comprobarlo. Matrix: Resurrecciones estrena en un mundo en que las estadísticas concluyen que el usuario promedio pasa siete horas diarias en internet y en el que cada persona dedicará aproximadamente 76,500 horas de su vida, lo que equivale a casi nueve años, a mirar la pantalla de su celular . Estos números podrían aumentar dramáticamente si consideramos que encuestas realizadas en países como Reino Unido concluyen que la gente revisa sus dispositivos móviles cada doce minutos . Estas cifras demuestran que más allá de cualquier simulación, ya sea procedente de la filosofía o de la ciencia ficción, la humanidad está cada vez más sumida en una realidad alterna e intangible.

Una existencia incomprensible que nos priva de la propia vida, pero de la que por alguna razón somos incapaces de desconectarnos. Tal vez el agente Smith tenía razón: “como especie, el ser humano define su realidad a través del sufrimiento y la miseria. El mundo perfecto era un sueño del que su cerebro primitivo seguía intentando despertar. Es por eso que la Matrix fue rediseñada para esto […]. Mira por esa ventana. Has tenido tu tiempo. El futuro es nuestro mundo. El futuro es nuestro tiempo”.

En el papel, esto sería más que suficiente para que Matrix: Resurrecciones nos invite a abrir los ojos. Pero la realidad es muy distinta, producto de una alienación que en buena parte recae en nuestra obsesión tecnológica. Una tan profunda que ha renovado el temor de que nuestra existencia sea, efectivamente, una simulación. Una noción que va más allá de las simples teorías de conspiración, al grado que personalidades del mundo científico y tecnológico como el profesor Nick Bostrom, el astrofísico Neil DeGrasse Tyson y el emprendedor tecnológico Elon Musk (recientemente nombrado Persona del año por la revista TIME) creen que hay altas posibilidades de que habitemos en un mundo virtual. Por si esto no fuera suficiente, análisis del Banco de América concluyen que hay de 20% a 50% de posibilidades de que vivamos en una realidad simulada, argumentando que “es concebible que, con avances en inteligencia artificial, realidad virtual y poder computacional, los miembros de civilizaciones futuras decidieran correr una simulación sobre sus ancestros”.

Más perturbadora es la creencia de que esta nuestra simulación está cerca de terminar. Ya sea porque la investigación ha concluido, porque sólo estamos recreando tragedias del pasado o porque no somos más que un juego que ha perdido atractivo. Hay quienes piensan que esta última podría ser la razón por la que el siglo XXI ha resultado tan desastroso para la humanidad, porque los usuarios se han cansado de nosotros y han optado por añadir un poco de dramatismo para hacer más atractiva la experiencia. Algo que va de un ataque directo a la superpotencia global a una pandemia que parece no tener fin. Así luce la inevitabilidad. Smith estaría orgulloso.

Puede parecer cruel, ¿pero acaso no hemos hecho lo mismo? Después de todo, terminar con vidas digitales, que han ido de Tamagotchi a The Sims, se ha vuelto una práctica tan común como calcinar a una hormiga con una lupa o privar a una mosca de sus alas para que padezca una muerte lenta. Es incluso más cruenta, pues basta una búsqueda en internet para encontrar centenares de sugerencias para hacerlo. Cada una más violenta que la anterior.

Nuestra naturaleza hostil no termina aquí. Hubo voces que acusaron a Matrix por ser fuente de inspiración para que Eric Harris y Dylan Klebold cometieran la infame masacre de Columbine que terminó con la vida de doce estudiantes. Que nadie se sorprenda cuando Resurrecciones sea señalada por esto mismo, cuando lo cierto es que con un 2021 que acumula 638 tiroteos en toda la unión americana, con un saldo de 482 muertos y 1,927 heridos, tal vez debiéramos dejar de buscar culpables en la pantalla y empezar a indagar en los errores que hemos cometido como sociedad. Y si nuestra propia especie es incapaz de coexistir en paz, a nadie debería sorprender que el planeta entero se encuentre al borde del colapso ante la aniquilación de sus distintos ecosistemas.

“Cuando traté de clasificar su especie me di cuenta de que en realidad no son mamíferos”, asegura un hipnótico agente Smith. “Todos los mamíferos de este planeta desarrollan instintivamente un equilibrio natural con el medio ambiente circundante, pero los humanos no. Se mudan a un área y se multiplican hasta que consumen todos los recursos naturales y la única forma de sobrevivir es extenderse a otra área. Hay otro organismo en este planeta que sigue el mismo patrón. ¿Saben lo que es? Un virus. Los seres humanos son una enfermedad, un cáncer de este planeta”.

¿Qué es la Matrix: una serie de brillantes reflexiones o poco más que creencias absurdas? “La negación es la más predecible de todas las respuestas humanas”, diría el siempre refinado arquitecto. En una industria cinematográfica plagada de secuelas, reboots y remakes, es fácil pensar que Resurrecciones no es más que una película más. Pero lo cierto es que en una actualidad cada vez más decadente, las lecturas de esta cuarta entrega podrían tornarse decisivas para que finalmente abramos los ojos a la realidad. Ah, la esperanza, “el engaño humano por excelencia, al mismo tiempo la fuente de su mayor fortaleza y su mayor debilidad”. Puede que sea así, pero hoy más que nunca ha llegado el momento de buscar esa existencia que tanto nos prometió Neo. Esa vida en la que todo es posible. Bien lo dijo el Elegido, “a dónde iremos desde ahí es una elección que dejo a ustedes”.

 
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