Tenemos una rutina de skincare para cada día de la semana, sabemos qué activos combinar, qué ingredientes evitar y cuánto cuesta esa crema que promete devolvernos un rostro radiante y saludable. Pero ¿cuándo fue la última vez que prestamos la misma atención a nuestra sonrisa? Porque de poco sirve tener una piel espectacular si dejamos de lado nuestra salud bucal.
La sonrisa, igual de importante que el skincare
¿Por qué muchas veces pasamos por alto el cuidado de nuestra boca? ¿En qué momento decidimos que el skincare es más importante? Cuidar nuestros dientes debería estar tan presente en nuestra rutina como aplicar un buen suero. Para conocer más sobre el tema, hablamos con la Dra. Mónica Saibeth, especialista en salud bucal y diseño de sonrisa, quien nos explica por qué apostar por un look natural siempre será una buena inversión.
Para la doctora Mónica Saibeth, la higiene dental merece un lugar prioritario en nuestra rutina. Su recomendación es comenzar por la boca antes de pasar a los pasos del skincare. “Usar hilo dental, complementar con un irrigador bucal y terminar con el cepillado”. Una secuencia sencilla que muchas personas realizan en otro orden y que, según explica, ayuda a mejorar la limpieza bucal.
(Fotografía: Canva)
Pero cuidar la sonrisa va mucho más allá de tener los dientes blancos. Las encías, el aliento y la salud de cada pieza dental importan tanto como la estética. Y no, una sonrisa saludable no tiene por qué parecer una dentadura de chicles blancos.
“No tienes que verte con una sonrisa postiza y ultra blanca para reflejar salud, porque en muchas ocasiones es todo lo contrario”, explica la Dra. Saibeth.
La estética empieza por la salud
Un diseño de sonrisa no debería comenzar con una fotografía de referencia ni con la petición de unas carillas. Antes de pensar en formas, tonos o materiales, es necesario conocer el estado de los dientes, las raíces, el hueso y las encías. Para la doctora Saibeth, el diagnóstico es el punto de partida de cualquier tratamiento que aspire a ser funcional y duradero.
Las radiografías, los modelos de estudio y las fotografías permiten planear un resultado personalizado. Porque una cosa es querer mejorar la sonrisa y otra muy distinta es someterse a un tratamiento sin saber si realmente se necesita.
(Fotografía: iStock)
De hecho, no todo el mundo necesita carillas dentales. En algunos casos, la ortodoncia puede ser suficiente para alinear los dientes; en otros, será necesario evaluar distintas alternativas según la salud bucal y los objetivos estéticos de cada paciente.
La clave está en entender que el diseño de sonrisa no es una fórmula universal. Tampoco se trata de copiar la dentadura de alguien más, por muy bien que se vea.
Menos efecto artificial, más personalidad
Si algo ha quedado claro es que la estética dental también tiene sus excesos. Dientes idénticos, demasiado blancos y con formas que parecen fabricadas en serie pueden terminar restándole naturalidad a una sonrisa. Y aunque las tendencias de belleza cambian cada temporada, los dientes no son un accesorio que podamos sustituir cuando nos aburrimos de ellos.
La doctora explica que cada diente tiene una forma propia y que respetar esas diferencias es fundamental para conseguir un resultado armónico. La elección del color, los materiales, las facciones e incluso la edad del paciente forman parte de la planeación.
“Lo importante es tratar de imitar a la naturaleza”, explica Mónica.
Esa filosofía también implica saber cuándo decir que no. Si una persona llega pidiendo carillas, pero puede conseguir el resultado que busca mediante ortodoncia u otro procedimiento menos invasivo, vale la pena considerar esas opciones. La idea no es hacer más, sino hacer lo adecuado.
Y antes de elegir un especialista, hay algunas reglas básicas: revisar fotografías de antes y después, investigar sus resultados, escuchar recomendaciones y, sobre todo, verificar que el profesional cuente con cédula profesional. La confianza importa, pero la preparación y las credenciales no son negociables.
Lo que debes saber antes de invertir en tu sonrisa
Como cualquier tratamiento estético, un diseño de sonrisa requiere información, expectativas realistas y mantenimiento. La doctora Saibeth insiste en que las pruebas provisionales son importantes, pues permiten observar el resultado, tomar fotografías y detectar posibles ajustes antes de finalizar el tratamiento.
También hay que hablar de materiales. Según explica, los diseños en resina pueden durar alrededor de dos a tres años, mientras que las carillas de porcelana pueden alcanzar entre diez y quince años, dependiendo de los cuidados y las condiciones de cada paciente. Se trata de estimaciones, no de garantías: la duración real depende de factores como la higiene, la dieta, los hábitos y el seguimiento profesional.
Las revisiones y limpiezas dentales periódicas siguen siendo esenciales, incluso cuando la sonrisa ya parece perfecta. Fumar, consumir bebidas ácidas o gaseosas y utilizar los dientes para abrir objetos son hábitos que pueden afectar su conservación. Si existe bruxismo, el especialista también puede valorar el uso de una guarda nocturna.
Hay algo más que conviene tener presente antes de aceptar cualquier procedimiento: los tratamientos que implican desgaste dental deben explicarse con claridad, incluyendo sus alternativas y posibles consecuencias. La decisión debe tomarse con información suficiente y el consentimiento del paciente. “No todo lo express es bueno”, concluye Mónica.
Al final, cuidar la sonrisa no significa perseguir una dentadura perfecta, sino atender nuestra salud, elegir tratamientos con criterio y buscar un resultado que se sienta propio.