“Hace unos 12 años, tomé un taller en la Sociedad de Calígrafos. Sin embargo, todavía tenía la curiosidad de hacer letras en un formato más grande y una amiga que trabajaba en el Museo del Juguete me dijo que ahí tenían un muro que podía utilizar. Esa fue la primera vez que pinté algo un poco más grande y me tardé mucho, pues aún no tenía las habilidades ni sabía muchas cosas, como qué pinceles utilizar. No obstante, ahí conocí a más amigos y amigas que comenzaron a invitarme a festivales de arte urbano, siempre con la idea de trabajar con letras”.
Alina Kiliwa: letras que dan identidad
El ambiente del arte urbano es muy bonito
“El ambiente del arte urbano es muy bonito. Vas conociendo gente, te van invitando a pintar a festivales o en sus casas o alguien dice: ‘El fin de semana se pinta aquí’, y todos van”.
“Cuando me encontraba con rotulistas por la calle, les preguntaba si ellos podían enseñarme, pero son muy celosos de su trabajo. Creo que tiene que ver con la idea de que, si me enseñaban, ellos iban a tener menos trabajo, además de que es un oficio que se hereda como tradición familiar. Me quedaba viéndolos y me fijaba en los materiales que usaban y la técnica para intentar replicarla. Después vinieron a México unos chicos de Perú que se llaman Carga Máxima a dar un taller de rótulos. Ese fue mi primer acercamiento más formal al mundo de los pinceles, la pintura y la técnica”.
"No hay una escuela en la que puedas aprender a hacer rótulos. Estudié diseño y comunicación y, dado que en la carrera hay poco acercamiento a las tipografías y a las letras y todo se hace en la computadora, olvidé un poco mis interés. Después, encontré un trabajo de diseño y ahí recordé la inquietud que tenía, así que busqué talleres en los que me pudieran enseñar".
“Desde niña, cuando salía a la calle, me gustaba ver los rótulos. Después, justo cuando aprendí a leer, me gustaba todavía más porque ya sabía qué decían. Te diría que desde siempre me llamaron mucho la atención”.
“Después de aquel momento en el que mandaron borrar los rótulos de algunas zonas de la ciudad, la gente comenzó a voltear a verlos. Creo que eso nos benefició a los rotulistas, porque la gente se interesó de nuevo en ellos y puso rótulos en sus espacios como una manera de recuperar esa identidad que se había borrado”.
Los rótulos mexicanos se distinguen por el uso del color, pero también por la picardía contenida en ciertos mensajes
“Los rótulos mexicanos se distinguen por el uso del color, pero también por la picardía contenida en ciertos mensajes. También están las ilustraciones que te sacan una sonrisa al verlas”.
“Me inspiran muchas cosas, desde la música que escucho hasta cosas que veo en internet. Hace poco, fui a la marcha del Pride, donde vi un montón de carteles y me dije: ‘¡Ah, estaría chido hacer ese mismo rótulo, pero a mi estilo!’. En realidad encuentro cosas en todos lados, desde conversaciones que tengo con la gente hasta cosas que leo”.
“Este es el patio de la casa de mis papás y, de repente, se convirtió en mi taller. Desde que empecé el proyecto he trabajado aquí. A lo largo de los años lo he ido acoplando, le puse el techo y, como trabajo con pinturas de esmalte, necesita estar ventilado. Creo que en algún momento voy a requerir un espacio más grande, pero por ahora este está chido”.
“Tengo un equipo que me ayuda cuando tengo que pintar murales. A veces, es chido ir a pintar y hacerlo sola, pero también creo que ya no me daría la vida. A mí me tocó que los rotulistas fueron muy celosos conmigo para enseñarme y quiero cambiar esa idea, involucrar a la gente. Me he dado cuenta de que se trabaja mejor en equipo y es chido que lo mismo que tú haces genere más para todos.”
“Me siento más cómoda trabajando con un equipo de mujeres y también me parece una manera de expresar una postura política respecto a los oficios que siempre han estado dominados por los hombres. Que existan más chicas involucradas en este trabajo es algo que me gusta compartir”.