El vello púbico femenino es completamente natural, pero hemos conseguido convertirlo en una decisión estética, una preferencia sexual y, para algunos, hasta un motivo de discusión. ¿Mucho, poquito o absolutamente nada? ¿Es una cuestión de gustos o llevamos años consumiendo una idea muy específica de cómo debería verse el cuerpo femenino? La duda fue el primer paso, conseguir que algunos hombres heterosexuales respondieran fue lo que necesitaba para abrir una conversación más amplia: ¿realmente tienen algún problema con el vello púbico femenino?
Los hombres las prefieren… ¿depiladas?
Las respuestas fueron más variadas de lo que imaginaba. Y, aunque no pretendo, ni pretendía, sacar conclusiones universales de una pequeña consulta por redes sociales, sí encontré algo interesante: una cosa es lo que ellos prefieren y otra muy distinta lo que realmente les molesta. Una distinción que parece obvia, pero que abre una conversación bastante más interesante sobre nuestros gustos, los estándares de belleza y la manera en que construimos el deseo.
¿Con pelo o sin pelo? Esa es la cuestión
Entre los hombres que se animaron a hablar, la respuesta más frecuente fue que el vello púbico no representaba ningún problema. Algunos se limitaron a un contundente ‘no, ninguno’, mientras otros encontraron maneras bastante más creativas de expresar su entusiasmo. Hubo quien aseguró que las mujeres con vello eran ‘la confirmación de que la vida aún tiene sentido’, mientras otro confesó que le encantaba en todas partes: piernas, axilas, pubis, etcétera. Sin embargo, cuando la conversación pasó de la aceptación a la preferencia, comenzaron a aparecer los matices.
Algunos admitieron sentirse más atraídos por el vello corto o recortado, principalmente por cuestiones estéticas o de comodidad durante el sexo oral. Otros preferían la depilación completa, pero sin considerar el vello natural como algo desagradable. También hubo quienes lo encontraron particularmente excitante. Incluso alguien llegó a describir su atracción por el vello como algo cercano a un fetiche, asegurando que su presencia podía aumentar su deseo sexual. Lo interesante es que no tener un problema con algo no significa necesariamente preferirlo. Puedes encontrar atractivo un cuerpo depilado sin sentir rechazo por uno con vello, y viceversa.
¿Desde cuándo el pelo dejó de ser sexy?
La depilación íntima está lejos de ser una tendencia reciente. En el antiguo Egipto, la eliminación del vello corporal formaba parte de ciertas prácticas estéticas y de higiene. También existieron costumbres similares en Grecia y Roma. Tras la caída del Imperio Romano, la Iglesia Católica desaprobó la depilación corporal por considerarla una alteración pecaminosa del cuerpo. Lo que cambia de una época a otra no es la existencia del vello, sino lo que decidimos considerar atractivo. De este lado del mundo las tendencias de depilación íntima se transformaron especialmente durante las últimas décadas del siglo XX, cuando los bikinis se hicieron más pequeños y la estética de los cuerpos sin pelo ganó visibilidad.
Y aquí entra un personaje imposible de ignorar: la pornografía. Aunque no inventó la depilación, la industria pornográfica contribuyó a popularizar una imagen particular de los genitales femeninos: completamente depilados, visibles y ajustados a ciertos estándares estéticos. Con el tiempo, esa representación pudo influir en las expectativas de algunos espectadores sobre cómo debería de verse todo ahí abajo. Pero sería demasiado sencillo culpar exclusivamente al porno, porque el deseo también se construye a partir de la cultura, las experiencias personales y las imágenes que consumimos.
Entonces, ¿lo depilado es realmente más atractivo o simplemente nos acostumbramos a verlo así? Tal vez no exista una respuesta definitiva, pero resulta interesante preguntarnos cuánto de lo que consideramos sexy responde a nuestros propios gustos y cuánto a lo que hemos aprendido a desear.
El fetiche de lo natural
Hay cierta ironía en que algo tan común como el vello púbico pueda convertirse en un fetiche. La hirsutofilia es el término utilizado para describir una atracción erótica particular hacia el vello corporal, que puede incluir el pelo de las axilas, las piernas y, por supuesto, el pubis. Para algunas personas, el vello representa naturalidad, madurez o una estética especialmente sensual; para otras, simplemente no tiene mayor relevancia.
Y aunque encontrarlo atractivo no necesariamente implica tener un fetiche, es interesante ver que aquello que algunas mujeres nos esforzamos por eliminar sea precisamente lo que otros encuentran excitante. Quizá el atractivo sexual nunca ha sido tan uniforme como nos gustaría creer.
Por cierto, el vello sí sirve para algo
Entre tantas opiniones sobre su apariencia, es fácil olvidar que el vello púbico tiene funciones biológicas. Ayuda a reducir la fricción directa sobre la piel de una zona especialmente sensible y puede ofrecer cierta protección durante las actividades cotidianas y las relaciones sexuales.
Además, eliminarlo mediante rastrillo, cera u otros métodos puede provocar irritación, pequeños cortes, foliculitis o vellos encarnados. Esto no significa que depilarse sea malo, pero sí que no existe una necesidad médica de eliminar el vello púbico por razones de higiene. Tener pelo no equivale a ser una persona sucia, del mismo modo que estar completamente depilada no garantiza una mejor higiene íntima. Como bien dijo uno de mis ‘encuestados’, lo importante es mantener una buena higiene, independientemente de la cantidad de vello.
Entonces, ¿los hombres las prefieren depiladas?
Después de leer las respuestas, investigar un poco y descubrir que hay hombres genuinamente emocionados por la existencia del vello púbico, mi conclusión es menos definitiva de lo que esperaba. No todos las prefieren depiladas, ni todos las prefieren al natural y algunos parecen estar bastante felices con cualquiera de las dos opciones. En este pequeño sondeo, el rechazo absoluto al vello no fue la postura predominante; lo que apareció con más frecuencia fue una combinación de aceptación, preferencias personales y una que otra confesión inesperada.
Claro, hablar con 20 hombres no alcanza para determinar lo que piensa toda una población, pero sí sirve para cuestionar una idea que muchas veces damos por sentada y es que la ausencia de vello no es sinónimo de ser sexualmente atractiva.
Al final, por lo menos para mí, la pregunta más interesante no sea qué prefieren los hombres, sino por qué las mujeres hemos aprendido a preocuparnos tanto por esa respuesta. Porque entre el láser, la cera, el rastrillo y la posibilidad de no hacer absolutamente nada, hay algo que debería permanecer fuera de discusión y es la libertad de decidir qué hacer con nuestro propio cuerpo, seas hombre o mujer.
Y si algo me dejó esta pequeña investigación es que, al menos para estos hombres, el deseo tiene muchas más versiones de las que caben en una cita de depilación de cera.