Seamos honestos, era historia romántica en la que tu historia de amor comenzaba con un cruce de miradas se quedó para los cuentos de hadas. Hoy es más fácil abrir una app de citas, deslizar el dedo como quien decide qué serie ver y ¿elegir? No es que la dating era actual mató el romance, es que las cosas cambiaron demasiado rápido y en demasiadas formas.
Dating en la era de las redes: más formas de conectar, ¿menos ganas de hacerlo?
Nunca fue tan fácil conocer gente. Hay apps para todos los gustos, Instagram para investigar al otro antes del primer café y WhatsApp para dejar en visto a quien no va con nosotros. Opciones sobran, lo que parece escasear son las ganas de conectar de verdad.
Una cancha más grande, el mismo partido
Moira Weigel, profesora de Literatura Comparada en Harvard y autora de Labor of Love: The Invention of Dating, pide no culpar solo a la tecnología. En los ochenta ya existían las bibliotecas de video-citas, donde la gente se grababa en VHS y otros buscaban candidatos por características. Los anuncios personales llevan siglos, y los primeros Tinder o Bumble eran cuestionarios interminables, casi como CV para el amor.
Lo nuevo es que el celular borró la frontera entre lo online y lo offline. Hoy buscas pareja entre un correo y otro o mientras estás en la caminadora del gimnasio. Ya ni quisiera hay la vergüenza que antes daba admitir que buscabas pareja en internet. Datos arrojan que casi 8.6 millones de mexicanos usan apps de citas y el 37.1% de los internautas (aproximadamente 38.7 millones de personas) ha descargado al menos una aplicación de citas en algún momento de su vida. Conectados estamos, pero solteros seguimos (hablo por mí).
Muchas opciones, poca paciencia
Aquí viene el problema. Con tantas posibilidades a un dedo de distancia, es fácil pasar al siguiente sin conocer a nadie. Se habla de una cultura de relaciones desechables, donde conviven el ghosting, el breadcrumbing y el benching, (desaparecer, migaja emocional y tener de reserva) y donde "salir" ya no significa ser algo. Súmale la presión de mostrarte siempre pulido, y el resultado es cansancio y ansiedad. No es que haya menos ganas de querer a alguien, lo que hay es agotamiento, que no es lo mismo.
Las redes no se quedan en la puerta
Cuando ya conectaste, el celular sigue ahí. En una encuesta de Pew Research de 2019, 51% de quienes tienen pareja dijo que su pareja se distrae con el teléfono en plena conversación, y 34% admitió haber revisado el celular del otro a escondidas, aunque siete de cada diez digan que eso es inaceptable. Además, 53% de los usuarios de redes ha stalkeado a un ex (70% entre los menores de 30), y 23% ha sentido celos por cómo su pareja interactúa con otros en línea.
Y aun así, 75% de las parejas comparte la contraseña de su celular. Nos vigilamos y confiamos, todo en la misma relación.
¿Y si el problema no es la app?
La ansiedad por las citas está en el ADN del amor. En ninguna época alguien dijo "todo bien, no me preocupa". Esa angustia ha dado libros de autoayuda, comedias románticas y hasta novios chatbot, que se pueden ubicar en fantasías como la de de Pigmalión, Blade Runner o Her: fabricar a la pareja ideal.
Las herramientas cambian, pero las ganas de querer y de que nos quieran siguen ahí. Algunas recomendaciones básicas: hacer pausas, poner límites y hablar claro, también detrás de la pantalla. Quizá no se trate de tener menos ganas, sino de volver a darnos tiempo para ejercerlas.