El fin de semana pasó algo que no es hecho aislado, pero sigue siendo un tema del que no se habla lo suficiente. Durante uno de los concierto de El Malilla en San Antonio, Texas, el cantante se acercó a la multitud y una mujer que se encontraba ahí tocó su zona íntima.
El Malilla y el acoso sexual a hombres: la conversación que no deberíamos evitar
El machismo también dificulta hablar de violencia sexual
Las ideas tradicionales sobre la masculinidad pueden hacer que un hombre sienta que reconocer una agresión significa mostrarse vulnerable o dejar de cumplir con el papel de “fuerte” o “protector”.
A esto se suma otro problema: cuando la agresión proviene de una mujer, algunos hombres pueden tener todavía más dificultades para identificarla como tal. Existe la idea de que los hombres siempre desean el contacto sexual y que, por lo tanto, deberían sentirse halagados ante cualquier acercamiento.
Pero hay algo mucho más sencillo: si no hubo consentimiento, no estuvo bien.
Cosas pasan aquí y allá, pero siempre positivo, y con el corazón en la tarima disfrutándome los últimos shows acá :’)
GRACIAS SAN ANTONIO
Mañana, El Paso pic.twitter.com/ngsfzybTos— El Malilla (@elmalibaby) September 6, 2026
No importa si El Malilla canta sobre sexo, si sus canciones tienen letras explícitas, si sube fotografías sin playera o si construye su imagen alrededor de la sensualidad. Nada de eso significa que su cuerpo esté disponible para quien quiera tocarlo. La forma en la que una persona se viste, se muestra o habla sobre sexo no es una invitación ni sustituye el consentimiento
Y lo mismo aplica para cualquier hombre, independientemente de cómo se vista, de su orientación sexual, de su personalidad o de la imagen que proyecte. Ser sexualmente expresivo no significa estar disponible sexualmente. El consentimiento debe existir en cada encuentro y puede retirarse en cualquier momento. El cuerpo de un hombre no deja de pertenecerle porque decida mostrarlo.
La reacción tampoco determina si una persona fue víctima. Alguien puede quedarse paralizado, no saber qué decir, alejarse, reír por nervios o entender lo ocurrido hasta después. Ninguna de estas respuestas convierte una agresión en algo aceptable.
Los hombres también aparecen en las estadísticas
Hablar de violencia sexual contra hombres no significa ignorar que las mujeres son víctimas en una proporción mucho mayor. Los datos muestran esa diferencia.
De acuerdo con la ENVIPE 2025 del INEGI, durante 2024 se estimaron 4,160 delitos sexuales por cada 100 mil mujeres, frente a 546 por cada 100 mil hombres. La categoría incluye hostigamiento o intimidación sexual, manoseo, exhibicionismo, intento de violación y violación sexual.
La diferencia es importante: las mujeres enfrentan violencia sexual con mucha mayor frecuencia. Pero una incidencia menor entre hombres no significa que sus experiencias sean menos importantes ni que deban permanecer en silencio.
Además, la ENVIPE estimó que en 2024 el 93.2% de los delitos no se denunció o no derivó en una carpeta de investigación. Aunque esta cifra corresponde al conjunto de delitos y no exclusivamente a violencia sexual contra hombres, ayuda a entender por qué las estadísticas oficiales no necesariamente reflejan todo lo que ocurre.
¿Qué hacer si te pasó a ti?
Lo primero puede ser simplemente hablar con alguien de confianza. No es necesario tener perfectamente claro cómo nombrar lo ocurrido para pedir ayuda.
Si decides denunciar en México, puedes acudir a la Fiscalía o Ministerio Público de tu entidad. Si existe un riesgo inmediato, puedes llamar al 911. También es recomendable conservar mensajes, fotografías, videos, publicaciones o cualquier otro elemento que pueda ayudar a documentar lo ocurrido.
Y algo importante: pedir orientación no significa que estés obligado a denunciar inmediatamente. Puedes buscar apoyo psicológico o legal para entender tus opciones y decidir qué quieres hacer.
Denunciar no te hace menos hombre
No existe una forma “correcta” de reaccionar frente a una agresión sexual, tampoco existe una reacción suficientemente masculina. Reconocer que alguien cruzó un límite no te hace menos hombre; significa reconocer que tu cuerpo también merece respeto y que el consentimiento también aplica a los hombres.
Lo ocurrido con El Malilla no debería quedarse únicamente como un momento viral o una anécdota de concierto, puede servir para recordar algo que debería ser obvio, pero que todavía necesitamos repetir: el cuerpo de nadie es público.