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La presión por estar delgado no distingue género, los hombres también la enfrentan

Aunque suele hablarse más de ellas, los hombres también enfrentan estándares físicos, presión social y una relación compleja con el peso y la imagen corporal.
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Los hombres también enfrentan estándares de belleza que privilegian cuerpos delgados, atléticos y musculosos. (Fotografía: Ozgurcankaya)

Es cierto que las mujeres hemos visto cómo años de body positive se están borrando ante el auge de los cuerpos delgados. Y si bien somos nosotras quienes mayormente nos vemos afectadas por los estándares de belleza, ahondar en ellos lleva a pensar que no solo el sexo femenino puede verse afectado por el deseo de alcanzar el “cuerpo perfecto”. La presión por ser delgado es algo a lo que los hombres también se enfrentan.

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Vamos, no en la misma medida, con las mismas proporciones ni persiguiendo los mismos objetivos, pero hay algo cierto: los hombres también viven bajo la presión constante de tener un cuerpo delgado y atlético.

Me siento a pensar un poco en los hombres a los que presto atención en la televisión o el cine: celebridades, cantantes, deportistas, ¿cuántos de ellos tienen un cuerpo similar: piernas largas, torso delgado, hombros anchos y brazos fuertes? Si soy honesta, la gran mayoría.

Aquí surge una pregunta válida: ¿estoy clasificando quién sí y quién no según su cuerpo? Y no quiero caer en una lucha de “a las mujeres nos afecta más” o “a los hombres no les importa”, porque sería reducir al mínimo un problema que no es exclusivo de un sexo o del otro.

¿Cómo debería verse un hombre?

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La presión por ganar músculo y mantener un bajo porcentaje de grasa también puede afectar la relación con el cuerpo. (Fotografía: Oleg Usmanov)

Y quizá para entenderlo hay que preguntarnos primero de dónde salió la idea de cómo “debería” verse un hombre. Porque así como durante décadas se nos ha dicho a las mujeres qué cuerpos son considerados atractivos, ellos también han crecido rodeados de referentes que repiten una fórmula bastante similar.

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Poco a poco, los referentes que ocupan espacios privilegiados se han convertido en una especie de medida con la cual comparar el propio cuerpo. Y aquí aparece otra diferencia interesante: la presión masculina no siempre gira únicamente alrededor de ser delgado, sino de ser delgado y musculoso al mismo tiempo. No basta necesariamente con perder peso; también hay que marcar el abdomen, ensanchar los hombros, tener brazos fuertes y mantener un porcentaje bajo de grasa. Dicho así, ese “cuerpo ideal” tampoco parece precisamente sencillo de alcanzar.

Y las redes sociales probablemente hicieron todavía más pequeña la distancia entre mirar esos cuerpos y compararnos con ellos. Antes estaban en una película, una revista o una campaña publicitaria; ahora aparecen mientras haces scroll, entre las fotos de tus amigos y de la gente que conoces. El estándar dejó de sentirse tan lejano y, de alguna manera, comenzó a parecer alcanzable. Si él puede verse así, ¿por qué yo no?

Cuando cambiar el cuerpo deja de ser suficiente

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Hablar de inseguridad corporal masculina puede ayudar a romper estigmas y abrir la conversación sobre los trastornos alimenticios. (Fotografía: Mininyx Doodle)

Aunque muchas veces esta presión puede parecer inofensiva, querer bajar unos kilos, marcar más el abdomen o ganar músculo, la línea entre querer cambiar algo de tu cuerpo y comenzar a sentir que nunca es suficiente puede hacerse bastante delgada. De pronto, comer deja de ser simplemente comer, saltarse una rutina de ejercicio genera culpa o mirarse al espejo se convierte en buscar constantemente aquello que todavía falta por cambiar.

También está el hecho de que para muchos hombres hablar de estas inseguridades sigue sin ser tan sencillo. Hemos normalizado escuchar a una mujer decir que no le gusta alguna parte de su cuerpo, aunque eso tampoco debería parecernos normal, pero ¿cuántas veces escuchamos a un hombre admitir que se siente gordo, demasiado delgado o que no le gusta lo que ve frente al espejo?

La inseguridad corporal también existe en ellos, solo que quizá hemos aprendido a identificarla menos. Y cuando el objetivo deja de ser sentirse bien para convertirse en alcanzar un cuerpo ideal que parece alejarse cada vez que estás cerca de conseguirlo, la relación con la comida, el ejercicio y la propia imagen también puede comenzar a complicarse.

La importancia de hablar del tema

Hace poco escuché a KJ Apa hablar abiertamente sobre los trastornos alimenticios que enfrentó durante sus años en Riverdale y me pareció especialmente valioso. Durante mucho tiempo hemos asociado estos problemas principalmente con las mujeres, por eso escuchar a un hombre que, además, encajaba en ese ideal de cuerpo delgado y atlético admitir que detrás existía una relación complicada con la comida ayuda a romper estigmas.

Quizá necesitamos más hombres hablando del tema, porque hacerlo puede ayudar a que otros reconozcan lo que están viviendo y se sientan con la confianza de pedir ayuda. También sirve para recordarnos algo que a veces olvidamos: ver a alguien encajar en nuestro concepto de “cuerpo ideal” no significa que esa persona tenga una relación sana con él.

Al final, quizá el problema no está en querer ser más delgado, ganar músculo, bajar de peso o simplemente sentirte mejor con tu cuerpo. El problema comienza cuando sentimos que tenemos que vernos de cierta manera para ser considerados atractivos, exitosos o suficientes. Durante mucho tiempo hemos hablado, y con razón, de cómo estos estándares afectan a las mujeres, pero reconocer que los hombres también viven bajo ellos no le resta importancia a nuestra experiencia.

Al contrario, amplía una conversación que durante demasiado tiempo hemos visto desde un solo lado. Porque quizá deberíamos dejar de preguntarnos quién enfrenta más presión y comenzar a cuestionar por qué seguimos creyendo que existe un solo tipo de cuerpo al que todos deberíamos aspirar. Si algo tendríamos que aprender después de tantos años persiguiendo cuerpos “perfectos” es que el problema nunca fue nuestro cuerpo, sino la idea de que tenía que parecerse al de alguien más para ser suficiente.

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