Durante años, encontrar un planeta parecido a la Tierra ha sido una de las grandes obsesiones de la astronomía. Pero los últimos descubrimientos están cambiando la pregunta: quizá ya no se trata de saber si existen otros mundos rocosos, sino cuántos hay y qué tan diferentes pueden ser.
¿La Tierra no es tan única? Nuevos planetas cambian lo que sabemos del universo
Gliese 12 b y GJ 523b representan dos extremos fascinantes. El primero tiene dimensiones similares a nuestro planeta y se encuentra a unos 40 años luz; el segundo es una enorme “mega-Tierra” que desafía lo que sabemos sobre la formación planetaria. A esto se suman nuevos modelos que apuntan a algo todavía más interesante: tal vez la Tierra no sea una rareza cósmica.
Gliese 12 b y la búsqueda de una segunda Tierra
Descubierto en 2024, Gliese 12 b se ha convertido en uno de los candidatos más interesantes para estudiar mundos similares al nuestro. Tiene aproximadamente 0.93 veces el radio terrestre y completa una órbita alrededor de su estrella en apenas 12.8 días.
Su atractivo va más allá del tamaño. Orbita una enana roja relativamente tranquila, algo importante porque muchas estrellas de este tipo producen fuertes llamaradas capaces de afectar las atmósferas de sus planetas. Esto lo convierte en un buen candidato para investigar si conserva una atmósfera y qué condiciones podrían favorecer la habitabilidad.
Eso no significa que se haya encontrado vida ni una copia exacta de nuestro planeta. Su importancia está en lo que puede enseñarnos sobre los ingredientes necesarios para que un mundo rocoso llegue a ser habitable.
GJ 523b, una mega-Tierra que rompe las reglas
Si Gliese 12 b llama la atención por sus similitudes con nuestro hogar, GJ 523b lo hace por todo lo contrario. El planeta tiene alrededor de 23.5 veces la masa de la Tierra, pero su radio es solo 2.55 veces mayor. Esta combinación apunta a un mundo extremadamente denso y predominantemente rocoso, algo difícil de explicar con los modelos tradicionales de formación planetaria.
En teoría, un planeta con tanta masa debería haber acumulado grandes cantidades de gas. Sin embargo, GJ 523b parece haber seguido otro camino. Entre las posibles explicaciones están la pérdida de su atmósfera o un gigantesco impacto durante sus primeras etapas.
¿Y si la Tierra no fuera una casualidad?
Mientras los telescopios descubren planetas cada vez más diversos, nuevas simulaciones también están modificando nuestra idea sobre el nacimiento de la Tierra.
Modelos presentados en Origins 2026 recrearon la formación de sistemas planetarios a partir de distintos escenarios y encontraron que la aparición de mundos terrestres puede darse de manera natural bajo diferentes condiciones.
Esto no significa que encontrar otra Tierra con océanos, atmósfera y vida sea inevitable. Pero sí abre una posibilidad fascinante: los planetas rocosos como el nuestro podrían no ser accidentes extraordinarios.
Gliese 12 b muestra que existen mundos con dimensiones sorprendentemente familiares, mientras GJ 523b demuestra que un planeta rocoso puede alcanzar proporciones que parecían difíciles de explicar. Quizá la gran sorpresa no sea encontrar una segunda Tierra, sino descubrir que el universo lleva miles de millones de años creando distintas versiones de ella.