He pensado que mi vista funciona de esa manera, mis ojos deciden qué ver y que no. Me pregunto si también es un mecanismo de mi mente para sobrevivir en este mundo, protegiendo lo que entra por mis ojos y, en este caso, prestando atención a lo que es más lindo. Me desperté está mañana confundido, trabajando en exceso y con los sentidos atrofiados. Rasco de vez en cuando mis ojos y pienso si lo que está frente a mí sucede o es el pequeño espacio que he decidido ver de forma inconsciente. Luego cierro los ojos. Nada. Lo que veo es un cúmulo de todas las imágenes que he observado durante el día, una vorágine de masas, píxeles, texturas y colores. En su mayoría todo es negro, y luego todo es blanco.
GALERÍA: El sonido del caos y la belleza indiscutible de CDMX
Creativos de distintos campos exploran las particularidades e imperfecciones de la fotografía analógica en una muestra que reivindica la nostalgia y belleza de imágenes impresas sin edición digital.
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Siempre me ha cautivado esta ciudad, existe paz entre tanto desorden. También es linda siendo tan caótica. Huele mal, pero algunos rincones ofrecen todo lo contrario. Es profundamente ruidosa; sin embargo, los callejones siguen siendo silenciosos. Levanto la cámara e intento apuntar a algún sitio que me gusta; no sé si lo hago por la luz, el color o la textura. Quizás simplemente me gusta lo que me hace sentir, y entonces disparo. No sé si a alguien más le haga sentir lo mismo. La verdad, no me interesa mucho siempre que me haga sentir algo a mí.
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