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Cynthia Gutiérrez explora la memoria y el territorio en Donde terminan las montañas

En 'Donde terminan las montañas', Cynthia Gutiérrez convierte la piedra en un espacio de memoria, cuestionando cómo dejamos huella y qué permanece en una época dominada por lo efímero.
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Las piedras también guardan memoria. En Donde terminan las montañas, Cynthia Gutiérrez explora las huellas que permanecen a través del tiempo.
(Fotografías: Cortesía )

En tiempos donde casi todo se crea para desaparecer en cuestión de segundos, Cynthia Gutiérrez propone detenerse. Su nueva exposición, Donde terminan las montañas, parte de una pregunta tan simple como profunda: ¿por qué sentimos la necesidad de dejar huella?

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La artista tapatía encuentra una posible respuesta en los petrograbados, esas antiguas marcas talladas sobre piedra que, lejos de entender como vestigios del pasado, interpreta como gestos que siguen vivos. Para ella, grabar una superficie es mucho más que hacer una imagen: es establecer una relación entre el cuerpo, el territorio y el tiempo.

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Inspirada en los petrograbados, la artista transforma la piedra en un espacio donde dialogan cuerpo, territorio y memoria.
(Fotografía: Cortesía )

Las piezas de la exposición evocan fragmentos minerales, relieves y formas que parecen surgir de un paisaje ancestral. Sin embargo, no buscan reconstruir la historia ni ilustrar el pasado. Más bien, invitan a pensar qué significa hoy dejar una marca en un mundo donde las imágenes circulan a toda velocidad y pocas están hechas para permanecer.

A través de materiales como roca volcánica, hierro, vidrio y madera, Gutiérrez crea obras que hablan de permanencia, memoria y transformación. Cada superficie revela el esfuerzo físico que implica tocar, insistir y desgastar la materia hasta que responde, recordándonos que toda huella requiere tiempo.

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Más que hablar del pasado, las obras cuestionan cómo dejamos huella en un mundo donde casi todo parece efímero. (Fotografía: Cortesía )

Pero la exposición también abre una conversación sobre el territorio. Las montañas, las piedras y los minerales aparecen como cuerpos cargados de historia, deseo, violencia y explotación. El título sugiere justamente ese límite: el momento en que la naturaleza deja de ser paisaje para convertirse en recurso. Sin recurrir a discursos explícitos, la reflexión ambiental emerge desde los propios materiales y procesos de la obra.

Más que ofrecer respuestas, Donde terminan las montañas invita a mirar con otros ojos aquello que suele pasar desapercibido. A preguntarnos qué tipo de memoria estamos construyendo, qué marcas dejamos y, sobre todo, cuáles de ellas tendrán la fuerza para permanecer cuando todo lo demás desaparezca.

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