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Opinión | La Patria, esa mentira

Sebastián Kohan Esquenazi reflexiona sobre cómo la migración, la multiculturalidad y las identidades compartidas desafían la idea tradicional de patria y cuestionan las fronteras de la pertenencia.
dom 07 junio 2026 09:00 AM
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Ilustración: Rodolfo Tamés

Hace un par de semanas estaba vegetando en mi cama, como suelo hacer los domingos, intentando no existir, no pensar y que nada se interpusiera entre mi café con leche y el partido que estaba puesto en la tele. Jugaba el Atlético de Madrid contra algún otro equipo cuando el comentarista dijo: “Cambio en el Aleti (sic). Entra Taufik Seidu, el jugador ghanés de la selección juvenil española”. El comentario me hizo pensar, cosa que detesto hacer los domingos, y como no lograba atar ni un cabo suelto, tuve que googlear.

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Taufik nació en Ghana y llegó a España con 5 años. Su primer equipo fue el Mortadelo y a los nueve años, en vez de irse al Filemón, se fue al Atlético. El comentarista explicaba las cosas con las patas porque no entendía nada o no quería entender. Nadie quiere entender porque la posibilidad de la doble nacionalidad hace volar por los aires la ilusión de la nacionalidad como algo único y especial.

La nación como ese organismo fundacional de nuestras identidades se derrite como un helado en Mercurio cuando los jugadores son de un país pero también de otro y tienen la posibilidad de ser de donde les dé la gana. El comentarista del partido en cuestión podría haber dicho "el español", pero no, le salió naturalmente decir "el ghanés". Pero es español. Y si no, pregúntenle a él. Porque la gente es más de donde se cría que de donde nace. La nacionalidad es social y cultural, no genética, ni histórica, ni ninguna de esas tonterías que cuentan los libros de historia de las escuelas.

Lo cierto es que las selecciones nacionales cada vez son más internacionales y que las consecuencias del colonialismo, la desigualdad y las guerras económicas han intensificado de tal manera los procesos migratorios que ahora estamos volviendo al origen.

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El mundo estaba casi vacío cuando comenzó a poblarse de migrantes que venían de África. Esa falsa distribución tan ordenadita en donde los blancos estaban en Europa, los negros en África y los mestizos en el resto del mundo comenzó a tambalearse cuando los habitantes de las excolonias comenzaron a irse a las exmetrópolis y Europa dejó de ser ese lugar primermundista tan tranquilito y tan lleno de blanquitos. Pensaban que podían hacer destrozos en todo el barrio y que nadie se metería en su jardín. Por favor. La historia es como un boomerang y ahora tienen que hacerse cargo de todo lo que rompieron, dejándonos entrar a su casa de la misma manera que entraron a las nuestras.

El mejor ejemplo de esto son los franceses. Los vanguardistas del estado-nación ahora tienen una selección conformada por jóvenes de todo el mundo, franceses todos, claro, de todos los colores y sabores. En la ultraderecha no están muy contentos, pero da igual, nunca entienden lo que no quieren entender. Lo que no pueden negar es que la multiculturalidad aumenta la calidad futbolística de su selección y confirma que la calidad de los brasileros, el país más mestizo del mundo, tiene que ver con lo mismo.

En Inglaterra, Alemania, Bélgica, España y Portugal pasa lo mismo que en la tierra de la fraternidad. Deberían aprovechar, porque el día en que se dé vuelta la tortilla y Europa sea un continente en guerra, todos estos jugadores van a elegir jugar por la tierra de sus padres y no van a ganar nunca más nada.

Acerca del autor: Sebastián Kohan Esquenazi es realizador audiovisual, director, productor y guionista de diversas series y documentales, entre los que destacan Ojos Rojos, Buscando a Panzeri, Villa Olímpica y Toros Neza. Es además autor de Juan Carlos Vera. El 10 que fue número 1, sobre la estrella chilena de Pumas, y coautor de Peloti y el Mundial, una guía cultural para entender el juego, publicado recientemente por Alfaguara.

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