Seamos honestos: si alguien dice “pilates”, probablemente lo primero que venga a la mente de todos sea un estudio lleno de mujeres con leggings de Alo Yoga, música relajante y movimientos suaves. Error. Lo que muchos no saben es que esta disciplina fue creada nada menos que por Joseph Pilates, un boxeador y artista de circo alemán que en plena Primera Guerra Mundial decidió poner a sus compañeros prisioneros a entrenar… con camas, resortes y la inspiración de cómo se estiran los gatos. Sí, gatos.
¿Pilates para hombres? El secreto mejor guardado para potenciar otros deportes

Lo curioso es que un método que nació de la observación felina y la creatividad de un tipo rudo en un campo de guerra, terminó convertido en el secreto de fuerza de bailarines de Broadway en los 90, y hoy, de atletas como Cristiano Ronaldo, David Beckham, LeBron James y hasta Sylvester Stallone.
Entonces, ¿por qué sigue existiendo la idea de que este ejercicio no es para el público masculino?
Pilates para hombres: fuera cualquier tabú
La coach Nadia Roldán, con más de 10 años de experiencia en pilates, lo explica claro: “Se le considera más un entrenamiento de mujeres por el estereotipo de que son ejercicios de estiramiento. Pero la realidad es que los pilates son fuerza pura, contenida y controlada. La propia persona carga su peso corporal, y ahí está el verdadero reto”.
Así que… spoiler alert: quienes pensaban que hacer press de banca con 100 kilos era suficiente para reírse de los que hacen pilates, terminan por sudar como nunca con un simple resorte ligero.
El pilates clásico es como la liga mayor: secuencias precisas, niveles de complejidad y un nivel de conciencia corporal que hace evidente que, tal vez, la fuerza no estaba tan desarrollada como se creía.
Trabajas de forma más profunda que al hacer ejercicio con pesas, porque no es solo levantar y bajar, es controlar cada músculo desde el core.
Y aquí un dato que va a doler: muchos hombres confiesan después de su primera clase que sintieron músculos que no sabían que existían.
Box, ciclismo, futbol: Cómo los pilates ayudan en otros deportes
Quizá lo más atractivo de este ejercicio —sobre todo para quienes ya cuentan con un entrenamiento sólido en otro deporte— es la forma en que trabaja músculos que rara vez se entrenan de manera consciente.
En el box, por ejemplo, la atención suele estar puesta en la velocidad, los golpes y la resistencia; pero pocas veces se considera cómo la postura, el control del cuerpo y la movilidad de la cadera pueden marcar la diferencia entre un golpe certero y uno fallido. Justamente ahí el pilates entra en juego: refuerza la zona central del cuerpo, logrando que cada movimiento sea más poderoso y menos desgastante.
Lo mismo sucede con el ciclismo: pasar horas sobre la bicicleta no solo exige piernas fuertes, también demanda estabilidad en la espalda, los hombros y hasta en el cuello, que muchas veces cargan con las consecuencias de una mala postura. Al trabajar la elongación de la columna y la alineación corporal, el pilates permite rodar con mayor comodidad, reducir la rigidez muscular y, en consecuencia, generar más potencia en cada pedaleo.

En el futbol el efecto es similar: el entrenamiento otorga equilibrio, coordinación y un rango de movimiento más amplio, lo que se traduce en giros más ágiles, disparos precisos y una menor presión sobre rodillas y tobillos. Los pilates incrementan la movilidad articular y mejoran la conciencia corporal, esa capacidad de reconocer con exactitud la posición de cada parte del cuerpo en el espacio.
Incluso en el crossfit, donde los levantamientos y cargas pesadas son protagonistas, el pilates representa un reto inesperado. Muchos atletas se sorprenden al descubrir que una simple liga de resistencia puede exigir más control y activación muscular que una barra cargada de discos. La diferencia radica en que no se trata de fuerza bruta, sino de precisión: de saber reclutar los músculos adecuados en el momento exacto, evitando compensaciones que a largo plazo dañan las articulaciones.
En pocas palabras, se trata de un entrenamiento silencioso que no viene a sustituir a otros deportes, sino a potenciarlos. Es la base que hace que el boxeador sea más certero, el ciclista más eficiente, el futbolista más ágil y el crossfitero más consciente de su cuerpo. Una especie de hack físico que fortalece desde dentro, afina la postura y pone orden donde antes solo había fuerza desmedida.