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Opinión | La tortuga que prendió la mecha

El calentamiento global es un problema y una responsabilidad de todos. Una voz experta nos comparte su perspectiva acerca de su impacto y maneras en que podemos ayudar a mitigarlo.
mié 05 junio 2024 10:00 AM

El 10 de agosto de 2015, la bióloga marina Christine Figgener fue grabada en un video que hoy cuenta con más de 110 millones de reproducciones en YouTube, en el que registró la extracción de un objeto de plástico de la nariz de una tortuga, una hazaña que inevitablemente provocó sangrado en la nariz del animal.

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Finalmente, tras ocho minutos de maniobra, logró sacarle el objeto plástico de 10 centímetros de largo. La tortuga con el popote en la nariz no ha sido el único evento entre la vida marina y el plástico. Desde hace 60 años se tiene registro del hallazgo de plásticos en estómagos de mamíferos marinos, pero fue gracias a la viralización del video de Figgener que nacieron los primeros movimientos sociales contra el plástico desechable, así como iniciativas industriales y regulatorias.

Los polímeros plásticos datan de hace 70 años y los cálculos más conservadores indican que se han producido a la fecha más de 10 mil millones de toneladas. Junto a la acelerada producción de plástico nació la “cultura de lo desechable”, una moda que surgió en los años 60 y que quedó incrustada hasta la fecha en la mayoría de los procesos de producción y consumo. Sin duda, los plásticos cambiaron nuestras vidas. El problema, sin embargo, no es que existan, ya que son parte importante de nuestro bienestar, sino con cuánto plástico convivimos, el crecimiento y uso exponencial de plásticos de un solo uso, su manejo y lo que ocurre cuando termina su vida útil.

Las regulaciones para atender esta problemática en México son relativamente nuevas. En CDMX y otros 28 estados del país existen normativas para todos o algunos de los plásticos de un solo uso. Sin embargo, todavía existen muchos retos en relación a la aplicación de las normas y la sensibilización de los consumidores, además de lograr la inversión que se requiere para la gestión de residuos. En la capital del país, cada habitante genera diariamente alrededor de 1 kilogramo de residuos, con los plásticos representando el 20 por ciento del total de residuos sólidos urbanos. Es decir, hay que buscar soluciones colaborativas que nos permitan cerrar las brechas mediante intervenciones circulares, escalables y de impacto.

La circularidad significa repensar y reducir la cantidad de plástico que entra en el sistema, sustituirlo por otras alternativas o reciclarlo, aprovechando mejor el material y sus aplicaciones. Disminuir los desechos plásticos y reciclar no solo ayudará a que contaminemos menos, sino que además aporta a la mitigación del calentamiento global ya que, al minimizar las toneladas de residuos, se logra una disminución directa de las emisiones de gases de efecto invernadero.

El Foro Económico Mundial y la Secretaría de Medio Ambiente de la CDMX, en coordinación con WWF México, están impulsando la Plataforma de Acción por los Plásticos en la Ciudad de México (PAP-CDMX) con el objetivo de contribuir a la eliminación de contaminación por plásticos, especialmente aquellos de un solo uso.

Un plan ambicioso, aunque si no hacemos algo al respecto, el reto de disminuir la contaminación plástica aumentará, generando más efectos adversos. Nadie quiere ver un nuevo video de una tortuga con un objeto plástico en su nariz, pero sí muchas mechas que detonen la conciencia colectiva.

Acerca de la autora: Oficial de economía circular en WWF, Mariel apoya la coordinación de la Plataforma de Acción por los Plásticos de la Ciudad de México. Es Maestra en Ingeniería en Energías Renovables por la Universidad Queen Mary en Londres y una ambientalista imperfecta, apasionada por la sustentabilidad, la economía circular y la innovación.

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