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Nuestras Historias

Voces del Orgullo (Parte 4)

Nueve personajes de la comunidad LGBTQ+ comparten con Life and Style las películas, libros y textos que han influido en su camino para encontrar su propia voz.
sáb 27 junio 2020 10:33 AM
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José López Velarde, Saúl Lomelí y Chapu Garza.

En esta última entrega de Voces del Orgullo contamos con las recomendaciones del escritor y director teatral José López Velarde, creador del éxito Mentiras, el musical; Saúl Lomelí, socio de la agencia de relaciones públicas Neta Comunicación; y Chapu Garza, conductor, podcaster y conferencista. A través de tres películas, nos comparten algunas experiencias relacionadas con la manera en que sus percepciones del mundo y la sexualidad dieron forma a su visión del mundo y las relaciones familiares y personales.

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José López Velarde , escritor y director teatral

My Own Private Idaho, dirigida por Gus van Sant y protagonizada por River Phoenix y Keanu Reeves, es una película de 1991. La vi en ese momento cuando tenía unos 16 años. Aquel fue un punto interesante en mi vida, estaba en la prepa y fue entonces que comencé a ir a las muestras de cine que se organizaban cada año en la UNAM y en distintas salas. Acostumbraba ir solo y la verdad es que esas películas me abrieron mucho la perspectiva del mundo y del arte. Eran lenguajes que yo nunca había visto, del tipo que no se ve en el cine comercial. Todos esos directores y actores eran totalmente nuevos para mí.

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Keanu Reeves y River Phoenix en una escena de My Own Private Idaho.

Al mismo tiempo yo estaba en un punto en el que no me encontraba muy seguro de mi sexualidad, de mi orientación; sentía que yo era la única persona que estaba en mi situación. Al ver esta película me sucedieron dos cosas. La primera es que me sentí profundamente atraído por River Phoenix y Keanu Reeves; eran muy atractivos e interesantes, pero al mismo tiempo contrastantes. Por otro lado, estaba el contraste entre un niño rico que vivía sus días alocados y un prostituto callejero que buscaba a su madre y que además padecía narcolepsia. Ellos tenían una relación amorosa un tanto desequilibrada. Mis reacciones a la película tuvieron que ver con mi despertar sexual y mi atracción hacia esos personajes y esos actores, y al mismo tiempo fue la primera vez que veía una relación entre dos hombres que iba más allá de lo sexual y que entraba en los terrenos del amor, la amistad y el compañerismo. Fue algo muy interesante, nuevo y revelador, en una época en la que la representación de la comunidad homosexual era muy diferente a la de hoy. Ver eso en la pantalla me hizo sentir menos solo y me aclaró cosas.

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El lenguaje cinematográfico de la película fue revelador en ese momento. Hay imágenes inconexas –de pronto cae una casa del cielo– que expresan algo que le está pasando al personaje, pero no en forma de diálogo. Esa película me abrió al mundo y me aclaró muchas cosas.

La película tiene una gran carga sexual en las imágenes. Hay una escena en la que los protagonistas aparecen en la portada de unas revistas gay que están colocadas en unos estantes y se hablan entre ellos, lo cual me pareció muy cachondo e interesante. Entre los 16 y los 19 años, siendo un poco más independiente del entorno en el que crecí, esas imágenes, historias y fotografías marcaron e informaron toda mi creación posterior. Esas formas innovadoras de observar el mundo me alimentaron.

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Saúl Lomelí , socio de Neta Comunicación

A finales de los años 90 se estrenó Happy Together, una película china que le valió a Wong Kar-wai el premio a mejor director en el Festival de Cine de Cannes. Yo la vi unos años más tarde y me pareció una gran historia. La trama gira en torno a una pareja de hombres jóvenes de Hong Kong que están planeando un viaje para conocer las cataratas de Iguazú. Su relación es un poco violenta y tormentosa, pero también tiene momentos lindos.

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Happy Together se presentó a competencia en el Festival de Cine de Cannes en 1997.

Es una película que en cierto modo retrata las miserias humanas y una de las primeras de temática gay que no me pareció tan ñoña y que parecía mucho más real. Yo la vi estando en una relación con mi primer novio, con el que duré muchos años, y en cierto modo nuestra relación era similar, muy llena de energía, mucho drama, muy pasional, mucha ansiedad, mucha locura, muchos miedos, todavía estábamos incluso en el clóset con algunas personas. Imaginar una relación de pareja en ese momento implicaba un concepto muy heteronormado: yo quería tener un novio para casarme, tener perritos, coches y una casa preciosa con jardín. Veinte años después me he dado cuenta de que esa no era la realidad.

En general, me hizo ver que mi relación se parecía más a la de aquellos personajes que al ideal que yo imaginaba, y eso me generaba cierto grado de frustración. Además está el tema del viaje que plantea muchas situaciones para personas que no viven en un privilegio, sino en circunstancias más difíciles. La he vuelto a ver y me he dado cuenta de que he aprendido muchas cosas: a quitarme la heteronorma, a dejar de soñar con parejas perfectas y a tener cosas más apegadas a lo que queremos. Un dato curioso es que años después de filmar la película, uno de los actores –que era gay en la vida real– se suicidó.

Chapu Garza , conductor, podcaster y conferencista.

Boy Erased es una película que me resultó muy dura. La ví una vez y no me atreví a verla de nuevo, pues habla justamente de las terapias de conversión y me identifiqué con muchas cosas de mi pubertad. La vi en su estreno y salí llorando del cine. Yo viví en un seminario y era muy cercano a la religión; pensaba que con rezos me iba a curar e iba a poder eliminar los pensamientos que tenía en la cabeza.

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Boy Erased aborda el tema de las terapias de conversión.

Hay una escena en la que, durante la terapia, intentan hacer que el personaje principal culpe a su papá de su homosexualidad. Yo viví algo parecido y quería encontrar una razón a mi preferencia. Muchas ocasiones me preguntaban por qué era así y quién me había hecho daño. Como no encontraba la razón, más me desesperaba y más intentaba encontrar una respuesta. Pensé que a lo mejor había sido mi papá y que probablemente no me quería, esas ideas tontas me llevaron a enfrentarlo. Aquel momento en el cual le eché la culpa sin ser cierto fue muy fuerte; después le pedí perdón.

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