Después de diseccionar quirúrgicamente a la alta sociedad de Beverly Hills y Bel Air en Menos que cero, su primera novela, Bret Easton Ellis puso la mirada en el Nueva York de los excesos para escribir American Psycho, la historia que lo convertiría en la gran estrella del rock de la literatura estadounidense. Nacido en California, pero educado en internados de élite de Nueva Inglaterra, Easton Ellis describe en esas páginas una ciudad decadente y caligulesca, pagada de sí misma, envidiosa y avara, obsesionada con los bonos, las tarjetas de visita nacaradas, los trajes de seda de tres piezas, las corbatas extravagantes, los Ferrari Testarossa y las mansiones en los Hamptons.
The Armory Show 2026: la feria de arte de Nueva York y su apuesta por el Caribe
Eran los locos noventa, claro, y el dinero fluía por Manhattan con la misma naturalidad con la que siglos antes lo había hecho por Roma, Florencia, Sevilla, Viena o Venecia.
El contexto, pues, no podía ser más propicio para que Nueva York se convirtiera en la capital mundial de la industria del arte. En pocos años, las obras de los artistas hasta entonces considerados underground, que exhibían en galerías alternativas del East Village, Soho, Dumbo o Tribeca, empezaron a colgarse en los opulentos despachos de los grandes bancos de inversión de Manhattan. Todos ellos estaban envueltos en una vorágine inversora que solo se detuvo cuando aquellos dos aviones impactaron contra el World Trade Center. De alguna manera, The Armory Show, la feria de arte más grande de la ciudad, surgió en esa atmósfera.
Una feria con historia
La feria se inspira en la International Exhibition of Modern Art de 1913, considerada el primer evento de la ciudad dedicado al arte contemporáneo. Fue la primera vez que los neoyorquinos pudieron ver en vivo obras de pintores como Paul Cézanne, Henri Matisse, Pablo Picasso, Vasili Kandinski o Paul Gauguin. The Armory Show se fundó en 1994 como Gramercy International Art Fair, aunque no fue hasta su traslado a su actual ubicación, junto al río Hudson, cuando adoptó el nombre que conserva hoy. Era 1999.
Desde entonces, galeristas de los cinco continentes se reúnen en el Javits Center de Manhattan para mostrar sus propuestas. En la edición de 2026 fueron más de 230 galerías, procedentes de 30 países, las que expusieron en el recinto ferial neoyorquino, con especial atención este otoño al arte caribeño y su diáspora, a través de artistas como la haitiana Kathia St. Hilaire, la colombiana Shara Mays o el brasileño Antonio Luiz Morais de Andrade.
Aunque también hubo espacio para las estrellas: Jackson Pollock, Jean-Michel Basquiat, Roy Lichtenstein y Andy Warhol, todos ellos figuras absolutas de la industria artística neoyorquina y principales responsables de su nacimiento y posterior crecimiento, tuvieron presencia en la feria.
El Caribe como punto de partida
“Cuando uno menciona el Caribe, menciona también Yucatán, Centroamérica, las Antillas, la costa norte de Sudamérica, República Dominicana, Cuba… Nos pareció un punto de partida ideal para explorar muchas de las historias de migración e identidad que atraviesan Estados Unidos”, dijo a Life and Style Kyla McMillan, directora de The Armory Show, durante un receso en la jornada inaugural.
En 2024, tras la adquisición de la feria por parte de Frieze, institución líder mundial en la organización de ferias de arte contemporáneo (propietaria de las versiones homónimas de Londres, Nueva York, Seúl, Los Ángeles y Abu Dhabi, así como de EXPO Chicago), McMillan fue nombrada responsable de la histórica cita neoyorquina. Llegó con una amplia experiencia en galerías como David Zwirner y Gavin Brown’s Enterprise, además de ser fundadora de la galería itinerante y consultoría Saint George Projects, que ha comisariado programas en Berlín, Jamaica, Johannesburgo, Los Ángeles, Nueva York y Zúrich, entre otras ciudades.
“Cada año queremos mejorar nuestro posicionamiento como una feria norteamericana, especialmente a través de las galerías que recibimos, pero también a través de una idea curatorial. Queremos estar muy seguros de representar a las Américas y lo que ello significa”, explicó.
Coleccionistas y ventas
La directora tampoco olvida a los coleccionistas, figuras imprescindibles en el mercado del arte y que en una ciudad como Nueva York, vanguardia del capitalismo, son casi tan importantes como los galeristas y los propios artistas. Así lo demuestran las ventas de la feria, lideradas por una pintura de Joan Mitchell que, de acuerdo con Galerie Magazine, la galería Michael Rosenfeld vendió por más de dos millones de dólares.
“Nueva York es una ciudad de coleccionistas, pero también un lugar de reunión para coleccionistas procedentes de Filadelfia, Houston, Dallas o Los Ángeles. Estados Unidos es enorme, con diferentes mercados, pero muchos galeristas siguen diciéndome que el 75 por ciento de las ventas llega de coleccionistas estadounidenses”, explicó McMillan.
La de Mitchell no fue la única venta estrella. La haitiana St. Hilaire, cuyo trabajo, según sus propias palabras, se inspira en “el Espiralismo, el movimiento literario haitiano de la década de 1960 iniciado por Frankétienne como respuesta directa a la violenta dictadura de François Duvalier (Papa Doc)”, vendió seis grabados similares a las banderas del vudú, a precios estimados por la misma publicación de entre 5,000 y 45,000 dólares.
Una feria muy neoyorquina
Profundamente estadounidense, The Armory Show no ha perdido su vocación de faro cultural de Norteamérica, con nueve galerías procedentes de Canadá en la edición de 2026. “Nos encantaría duplicar, triplicar e incluso cuadruplicar las galerías mexicanas presentes en la feria. Estamos trabajando en las relaciones que permitan hacerlo posible. Es muy importante para nosotros poder mostrar todo lo que está ocurriendo en el continente en términos artísticos”, añadió la directora.
Para McMillan, la Gran Manzana sigue siendo el gran epicentro mundial del arte contemporáneo, a pesar de la enorme competencia de mercados como el asiático y de ferias como Art Basel. “Nueva York es un lugar que recibe a gente de todo el mundo. Cuando piensas en la identidad de esta ciudad, te das cuenta de que no existe un solo país que no esté reflejado en su cultura. La idea de esta feria, que este año cumple 32 años, es mostrar toda esa variedad, todas esas nuevas generaciones que llegan con nuevas ideas. Creo que por eso el mercado es tan fuerte aquí y por eso muchos artistas siguen llegando para mostrar sus obras”, explicó.
Ferias y museos de marca: los retos del sector
En un mundo de aranceles, guerras híbridas, enfrentamientos entre viejos aliados, populismos, conservadurismos y regresiones al pasado más tenebroso del siglo XX, el arte enfrenta además dos cuestiones que nacen de las propias entrañas de la industria: la proliferación de ferias y los museos de marca. El Guggenheim Bilbao abrió la puerta a los segundos y hoy prácticamente cualquier ciudad mediana europea o asiática, así como cualquier capital latinoamericana, cuenta con su propia feria de arte contemporáneo. Esto alimenta una competencia entre ciudades que, de alguna manera, también tiene efectos en el mercado.
McMillan, por el contrario, se muestra optimista ante esta realidad. “Mi optimismo probablemente venga de mis conversaciones con los galeristas, que son los que de verdad toman el riesgo. Al final, el buen trabajo, el esfuerzo, siempre es exitoso. Cada feria, además, debe ser responsable de tener y mostrar su propia identidad. Hay cosas que se pueden hacer, por ejemplo, en Sevilla, que no se pueden hacer en Nueva York, y al revés. The Armory Show es una feria muy neoyorquina: somos muy grandes, muy ruidosos, caóticos, la gente se pierde… Es una experiencia completa, y esta feria y las presentaciones que puedes encontrar aquí es muy difícil que ocurran en otros lugares. Creo mucho en eso”, concluye.