Apenas dos horas separan a la Ciudad de México de Rodavento, pero al llegar la distancia parece mayor. El hotel se encuentra entre 15 hectáreas de bosque privado en Valle de Bravo, rodeado de árboles y con un lago propio que forma parte de la vida cotidiana del lugar. Al llegar, el cambio de escenario hace lo propio: menos ruido, otro ritmo y una sensación de que, por unos días, no hay demasiada prisa.
Rodavento: un hotel en el bosque de Valle de Bravo para desconectar
Un oasis en medio del bosque
Rodavento se siente un poco como un oasis en medio del bosque. Sus 46 suites están distribuidas entre los árboles y suficientemente alejadas unas de otras para tener privacidad. Llegar a la habitación implica caminar entre senderos, escuchar el movimiento de las hojas y acostumbrarse a que prácticamente todo lo que ves alrededor es verde.
La arquitectura acompaña esa experiencia. Federico Gómez Crespo y Waldemar Franco diseñaron el hotel siguiendo el terreno y la vegetación existente, por ello es que, a diferencia de otros hoteles, aquí no hay una sola estructura en donde se concentren todas las habitaciones. Las construcciones aparecen poco a poco entre los árboles y la madera está presente tanto en interiores como exteriores. En las habitaciones, los grandes ventanales hacen el resto: incluso estando dentro, nunca se pierde del todo la sensación de estar en el bosque.
Actividades para todos los ritmos
Las habitaciones son el principio de la experiencia, quedarse aquí es hacer cosas que difícilmente entrarían en un fin de semana normal en la ciudad. El lago invita a subirse a un kayak o intentar con paddle board; para los menos acuáticos está la tirolesa, un muro de escalada y tiro con arco. Para quien quiere salir de la propiedad, se pueden sumar recorridos en bicicleta de montaña, cabalgatas o vuelos en parapente. No hace falta hacerlas todas, ni intentarlo, pero tenerlas cerca cambia la manera de pasar el día.
También hay tiempo para bajar todavía más el ritmo. El Outdoor Spa aparece entre los árboles como una extensión de esa pausa y la propuesta gastronómica de temporada acompaña los distintos momentos del día. Son dos partes importantes de Rodavento, que hacen de la estadía una experiencia que abarca todos los sentidos.
Quizá la forma más sencilla de explicar Rodavento sea pensar en él como un respiro de la ciudad sin tener que ir demasiado lejos. Puedes pasar el día haciendo actividades, caminar por el bosque o simplemente quedarte un rato en la terraza de tu habitación, bajar el ritmo y contemplar lo que te rodea. Despertar aquí, rodeado de árboles es suficiente para recordar lo bien que se siente salir, aunque sea por unos días, del ritmo de la ciudad.