Es difícil imaginar una guía de la Ciudad de México que no invite a los viajeros a sentarse a la mesa en Rosetta, a tomar una copa de vino en la barra de Lardo o a pasar por un rollo de guayaba recién horneado a Panadería Rosetta. Pero lo que hoy conocemos como el universo de Elena Reygadas tiene un origen que, en retrospectiva, es muy claro. Rosetta, el restaurante icónico de la chef mexicana, abrió sus puertas en 2010, dándole a los habitantes de la ciudad nuevas razones para explorar la todavía desconocida Colonia Roma.
Elena Reygadas: el arte de la claridad
Con sus techos altos, su vegetación envolvente y su cocina reconfortante, un diálogo entre los sabores de México, la experiencia de la chef con la gastronomía italiana y su pasión absoluta por el producto, Rosetta se convertiría pronto en un favorito de locales y foráneos.
Desde Rosetta entendí que un proyecto funciona cuando está bien arraigado: en un lugar, en una comunidad y en una forma honesta de trabajar
“Desde Rosetta entendí que un proyecto funciona cuando está bien arraigado: en un lugar, en una comunidad y en una forma honesta de trabajar”, comparte. “Cada nuevo proyecto ha surgido cuando ha habido una razón clara; cuando he sentido que puedo cuidarlo con la misma atención y compromiso”, añade.
Es así como como nacieron sus panaderías, pero también Lardo, un espacio de influencia mediterránea, y Café Nin, un acogedor all-day dining. Además, también cuenta con Bella Aurora, dedicado a los sabores de Italia; el bar de coctelería Salón Rosetta y el espacio de diseño Mesa Rosetta. En 2022, Reygadas abrió su primer proyecto fuera de la Ciudad de México: Coyul, una colaboración con Four Seasons Resort Tamarindo, en Costalegre.
En cada paso, Reygadas se ha sabido acompañar de socios que comparten su visión y complementan sus talentos. “Ha sido un aprendizaje constante”, asegura. “Mi formación en letras me dio herramientas muy valiosas: observar, analizar, hacer preguntas y entender contextos. Pero también sé reconocer hasta dónde llega mi conocimiento y cuándo es mejor apoyarse en otros”. Soltar el control y confiar es, ante sus ojos, el mayor reto de trabajar en sociedad, pero siempre con la ventaja de trabajar con una visión más amplia y equilibrada.
Para ella, el equilibrio se encuentra también en entender la creatividad como parte del todo, no solamente en la creación de platos o conceptos. “La creatividad también está en diseñar procesos, sistemas y formas de trabajo que sean sostenibles y justas”, explica. “Rodearme de equipos sólidos me permite mantener ese balance”.
Sus equipos han sido clave para lograr el éxito a nivel negocio. “Un negocio sano se construye desde adentro. Las relaciones humanas, el cuidado de los equipos y la capacidad de adaptarse son fundamentales”. Y también está el cuidado propio. “He aprendido a poner límites: no decir que sí a todo, saber cuándo crecer y cuándo detenerse a consolidar”, señala.
“La coherencia es esencial. Que lo que se dice esté alineado con lo que se hace. El respeto por los ingredientes, por las personas que trabajan por nosotros y por quienes nos visitan”, concluye.