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Mansión Xodó, el oasis privado que transforma el lujo en Mérida

En el corazón de Mérida, una residencia del siglo XIX renace como Mansión Xodó, un refugio donde privacidad, diseño y experiencias a la medida definen una nueva forma de viajar.
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Mansión Xodó ocupa una residencia del siglo XIX restaurada en pleno centro de Mérida. (Fotografía: Cortesía )

En pleno centro de Mérida, detrás de los muros de una residencia del siglo XIX, Mansión Xodó propone bajar el ritmo. El movimiento de la ciudad queda afuera y, adentro, las grandes alturas, la vegetación y el sonido del agua en el patio central construyen la sensación de privacidad que dio origen al proyecto. Un espacio pensado no solo para hospedarse, sino para apropiarse de él durante unos días.

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La idea comenzó precisamente con esa propiedad. Javier, propietario y director conceptual de Mansión Xodó, es originario de Mérida y desde hace años observaba con interés cómo antiguas residencias del centro de la ciudad, muchas abandonadas durante décadas, comenzaban a recuperar vida. La arquitectura y la hospitalidad ya eran dos de sus grandes intereses; solo faltaba encontrar el lugar donde pudieran encontrarse.

Cuando conoció la casa, la reacción fue inmediata. “No sé qué voy a hacer ahí, pero creo que algo bueno puede salir”, recuerda. Las proporciones, las alturas y, sobre todo, la sensación de estar dentro terminaron por recuperar una inquietud que llevaba años guardada.

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El patio central, rodeado de vegetación y con el sonido de la fuente, concentra la sensación de tranquilidad que inspiró el proyecto. (Fotografía: Cortesía Mansión Xodó)

Un oasis en medio de la ciudad

El concepto de Mansión Xodó también nació de una forma muy personal de entender los viajes. Más que itinerarios saturados de actividades, Javier buscaba crear el tipo de estancia que él mismo disfruta: tranquila, privada y capaz de convertirse en una pausa.

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“¿Por qué no hacemos algo, un oasis en el centro de Mérida?”, fue una de las preguntas que dieron dirección al proyecto. La intención era trasladar esa sensación de retiro que suele encontrarse en una hacienda o en una propiedad alejada de la ciudad hasta un entorno completamente urbano.

Ahí está una de las particularidades de Xodó. Del otro lado de sus puertas continúa ocurriendo Mérida: restaurantes, bares, museos, galerías y espacios culturales forman parte de la experiencia. El corredor gastronómico de la calle 47 se encuentra a pocos minutos caminando, al igual que Santa Lucía y otros puntos del Centro Histórico. Para Javier, estar “realmente inmerso en la vida cotidiana” de la ciudad es una de las cualidades más valiosas de la propiedad.

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Cava, cine, gimnasio, sauna, alberca y jacuzzis forman parte de una experiencia pensada para disfrutarse con total privacidad. (Fotografías: Cortesía )

Mansión Xodó se presenta hoy como una residencia privada de lujo que se renta de manera exclusiva, con suites, alberca, cava, spa, sala de cine, gimnasio, sauna, jacuzzi, bar y speakeasy, entre otras amenidades. Sin embargo, acumular espacios nunca fue el objetivo. Cada uno responde a la posibilidad de construir una estancia distinta para cada huésped.

El verdadero lujo está en hacerlo personal

Una cata de vinos o mezcales, una ceremonia maya, una visita a Chichén Itzá, clases privadas de cocina o varios días con un chef preparando los alimentos dentro de la casa. Todas estas experiencias pueden formar parte de una estancia, pero ninguna es obligatoria. También es posible pedir exactamente lo contrario: privacidad casi absoluta y el mínimo contacto con el equipo.

También es parte de eso, que sientas que es tu casa”, explica Javier. Antes de cada visita, el equipo busca conocer los gustos y expectativas de los huéspedes para construir alrededor de ellos la experiencia.

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Fotografía: Cortesía

Esa libertad define buena parte del concepto. No se trata de llegar a un hotel y adaptarse a su dinámica, sino de que la propiedad se adapte a quienes la habitan. La intención, explica su creador, era ofrecer todas las amenidades que podrían encontrarse en un hotel boutique, pero dentro de un espacio completamente privado. “Es un espacio dedicado siempre a ti”.

Incluso las celebraciones buscan conservar esa filosofía. En la entrevista, Javier explica que han decidido privilegiar encuentros pequeños ligados a quienes se hospedan en la propiedad, con la intención de proteger tanto la integridad del lugar como su carácter exclusivo.

Una casa con espíritu de viajero

Restaurar una residencia del siglo XIX significó conservar aquello que contaba su historia sin convertirla en una cápsula del tiempo. La arquitectura tradicional permaneció como punto de partida, mientras que el interiorismo tomó una dirección más contemporánea y ecléctica.

La inspiración fue imaginar la casa como “el lugar de un viajero”. De ahí que sus habitaciones no respondan a una fórmula idéntica ni a la estandarización habitual de un hotel. Objetos encontrados durante viajes, referencias de distintos estilos y piezas elegidas a lo largo del proceso fueron creando una mezcla que, aunque diversa, mantiene un hilo conductor.

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Fotografía: Cortesía

El proceso también implicó enfrentarse a los desafíos propios de intervenir una construcción centenaria: instalaciones antiguas, tuberías y humedad aparecieron durante la restauración. Problemas esperables cuando la alternativa sencilla habría sido, como señala Javier, “construir un cubo blanco de cero”.

Y quizá justamente ahí se encuentra parte de su encanto. Porque entre espacios diseñados para sorprender, el favorito de su creador sigue siendo uno de los más sencillos: el patio central.

La vegetación, el sonido de la fuente y la posibilidad de sentarse ahí con un café por la mañana o un trago al caer la tarde resumen mejor que cualquier amenidad aquello que buscaba construir. “Lo que más me gusta es lo primero que ves, porque realmente es donde se siente justamente esa paz”, cuenta.

El comienzo de algo más grande

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La ubicación permite pasar de la tranquilidad de la mansión a restaurantes, galerías y algunos de los puntos más conocidos del centro de Mérida en pocos minutos. (Fotografía: Cortesía )

Por ahora, Mansión Xodó existe únicamente en Mérida, pero la visión podría ir mucho más lejos. Javier comparte una idea que, hasta esta entrevista, asegura que no había hecho pública: convertirla en la primera de una futura colección de propiedades privadas.

No tendrían que ser mansiones, encontrarse en ciudades ni repetir la arquitectura de Xodó. La condición sería otra: que cada propiedad fuera única y compartiera la misma búsqueda de paz, tranquilidad, exclusividad y privacidad, ya fuera para viajar en familia, trabajar durante una temporada o simplemente desaparecer unos días del ritmo cotidiano.

Porque al final, entre la cava, el cine, el spa, la arquitectura y las experiencias diseñadas a la medida, la propuesta de Mansión Xodó parece regresar siempre al mismo lugar: recuperar el lujo de tener tiempo y espacio propios, sin renunciar a estar en medio de una ciudad que invita a salir y descubrirla.

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