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Xel-Há el mejor todo incluido de la Riviera Maya

Acompañamos a Daniela Magun y sus hijos en un recorrido por Xel-Há para dejarnos sorprender por este parque acuático lleno de naturaleza, diversión y sobre todo, momentos para compartir.

Los viajes en familia van cambiando a medida que los más pequeños en casa crecen. Llega el momento en que el interés por vivir nuevas experiencias va apareciendo y es ahí donde Xel-Há llega como el protagonista de la aventura.

Para vivirlo de primera mano, nos escapamos a la Riviera Maya con Daniela Magun y sus hijos Liam y Julián, quienes, a través de sus experiencias en unos días de vacaciones, nos ayudaron a descubrir que el equilibrio entre aventura, descanso y naturaleza es 100% posible en este parque todo incluido.

El día nos dio la bienvenida con un clima espectacular para disfrutar un refrescante recorrido que ya nos estaba esperando. Lo primero fue alistarse con trajes de baño y un protector solar biodegradable –porque el parque tiene distintos programas de conservación, entre ellos el uso de este tipo de bloqueadores–; una vez listos, el siguiente paso fue elegir el camino.

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Para recorrer el Río de la Vida nos ofrecieron dos opciones: una que es a través de llantas flotantes o la otra que, como su nombre lo dice, es nadando con aletas y snorkel, lo que permite admirar toda la belleza de la caleta y del río de manera ilimitada, ya que este recorrido de snorkeling lo puedes realizar las veces que quieras eso sí, siempre haciendo uso de un chaleco salvavidas que te permitirá ir más seguro.

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(María López)

A lo largo del recorrido por el río, diferentes actividades ponen a prueba tu destreza. En esta ocasión, Julián, el hijo menor de Dani, decidió explorar algunos de los retos disponibles. El primero que se presentó fue el salto de valor, que consiste en lanzarse al río desde una roca de más de 5 metros de altura. Aquí los más intrépidos experimentan ese cosquilleo en la panza que se siente durante la caída libre y que deja una sensación de logro inolvidable.

La siguiente actividad fueron las tirolesas que atraviesan el río, en la que tanto Dani como Julián, descubrieron que pueden compartir momentos especiales, diferentes y divertidos estando juntos. Lo mejor de estas tirolesas es que conectan en las alturas para terminar sorprendiendo con un chapuzón en el río, que tiene un agua cristalina de la que es imposible apartar la mirada.

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(María López)

Una vez que terminamos de recorrer el río que nos mostró una de las partes más atractivas de Xel-Há, se nos abrió el apetito, y fue aquí donde el todo incluído del parque hizo su magia, aunque lo difícil fue elegir, porque el parque cuenta con 4 restaurantes que ofrecen desde snacks, hasta una amplia barra de platillos de comida mexicana e internacional.

Dani y Julián se decidieron por el Restaurante La Cocina del Pueblo, en donde había una amplía variedad de platillos de comida mexicana para elegir: desde sopas tradicionales como el caldo de lima, hasta platillos originarios de la región como la cochinita pibil. Aquí los aromas y sabores se hicieron presentes en todo momento para brindarles una grata experiencia gastronómica.

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(María López)

Ya con la energía repuesta, llegó un recorrido contemplativo. Primero nos introdujimos por la selva para descubrir el corazón de Xel-Há y aquí las sorpresas no pararon. Lo mejor fue poder descubrir la vegetación que abunda en este tipo de ecosistemas, que nos permitió entender la importancia que pone el parque para preservar estos espacios.

También tuvimos la oportunidad de disfrutar del Cenote Paraíso, un imperdible por su belleza natural que solo existe en esta zona del país. Para esta parte no podía faltar un poco de diversión, la cual llegó con un paseo en bici que nos permitió seguir el camino mientras disfrutábamos el paseo.

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(María López)

Para este momento ya se acercaba la última parada a la que llegamos después de atravesar el puente flotante que nos llevó hasta el Faro Mirador, que nos sorprendió con un inmenso tobogán de más de 40 metros de altura, donde salió la parte más intrépida de Julián, que no dudó en subirse.

En la punta del mirador, además, fuimos testigos de unas vistas impresionantes. Solo quien está ahí puede entender el espectáculo que es observar cómo la selva y el mar se unen para ofrecernos paisajes naturales maravillosos.

Pero el momento de la verdad se acercaba, y es que descender desde el tobogán es una sensación única, desde que te pones en la posición que te indican los salvavidas entiendes que no hay vuelta atrás y ese descenso va sacando toda la adrenalina y alguno que otro grito de emoción, pero cuando llegas al final te deja la sensación de querer hacerlo otra vez.

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(María López)

Y con este golpe de diversión, cerramos nuestro día de aventura en Xel-Há, donde pudimos disfrutar absolutamente de todas las atracciones, desde alimentos y bebidas ilimitadas, hasta paisajes que conectan con la naturaleza y experiencias que nunca olvidaremos.

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