Clase Azul, una firma cuya identidad se ha construido alrededor de la excelencia, el detalle y la artesanía, necesitaba un espacio que pudiera reflejar su esencia. La Hacienda, su nuevo proyecto, no podía ser simplemente una destilería o un destino para visitantes; tenía que convertirse en una extensión tangible de lo que la marca representa.
La Hacienda se convierte en el lugar donde la filosofía de Clase Azul cobra vida
Ubicada en Los Altos de Jalisco, La Hacienda materializa los valores que han definido a Clase Azul desde sus inicios: respeto por los procesos, admiración por el trabajo artesanal, celebración de la cultura mexicana y una búsqueda constante por hacer las cosas con el más alto nivel de cuidado. Se trata de un espacio para conocer cómo se produce un tequila y para entender la filosofía detrás de cada decantador.
La Hacienda abre sus puertas para consolidar a Clase Azul como una de las marcas mexicanas más reconocidas a nivel internacional, al tiempo que fortalece su presencia dentro del país.
Hay algo evidente desde la llegada: las dimensiones impresionan, la arquitectura es atractiva y el diseño luce como si surgiera de forma natural del paisaje, con tonos que crean un diálogo con la tierra.
(Fotografía: Cortesía )
Uno de sus mayores aciertos es que, a pesar de su escala, nunca se siente descomunal. Esto se debe a que detrás del proyecto existe una sensibilidad arquitectónica poco común, desarrollada en colaboración con Atelier ARS, Elías Rizo Arquitectos, Estudio Macías Peredo, Tacher Arquitectos y Huber Design Studio.
Un recorrido lleno de excelencia y atención al detalle
La Hacienda no es solo visitar una destilería, es ver el proceso desde el origen: las piñas partidas, los hornos llenándose y los diferentes métodos de cocción que aportan, cada uno, su toque a las distintas expresiones. Lo que usualmente vemos como el behind the scene, aquí es parte de la experiencia.
Al igual que el líquido, el decantador es clave, es por ello que ver lo que ocurre detrás de la creación de cada uno es impresionante. Ver el lugar donde se da forma a los decantadores, a las artesanas trabajando en lo que ya es el sello de la marca, el detalle en cada pieza y la selección de colores y acabados que cuentan una historia, revela años de maestría y demuestra que no se trata solo de un objeto de lujo, sino de una pieza artesanal.
Igualmente, visitar la cava de la mano de Viridiana Tinoco, Maestra destiladora de la firma, es inigualable. Caminar entre barriles que resguardan líquidos de todas partes del mundo permite dimensionar la importancia del tiempo en el proceso de añejamiento.
Al final, solo había una manera de cerrar la experiencia: maridando sus expresiones con la gastronomía de OYA, el restaurante de La Hacienda. La propuesta toma sabores profundamente familiares de la cocina mexicana y los eleva sin perder la calidez que los hace reconocibles.
El servicio es igual de memorable; la atención se siente cercana, genuina y cuidadosa, y cada explicación, espacio y encuentro ayudan a conectar los distintos elementos que construyen su universo.
La Hacienda convierte los valores que han definido a Clase Azul en una experiencia de lujo que puedes recorrer, observar y vivir. Este nuevo paso en la historia de la firma ofrece al mundo un destino que trasciende el tequila y celebra la cultura, la artesanía, la gastronomía y el talento mexicano.