Marriott eleva la hospitalidad en el Caribe con dos nuevos hoteles
La cadena hotelera Marriott demuestra en dos de sus propiedades en República Dominicana –Sanctuary y W Punta Cana– que el lujo puede mantener una relación ideal con el concepto all-inclusive.
Tradicionalmente, el mundo del lujo no está asociado con los planes de todo incluido, y habitualmente suelen verse ambas posibilidades como excluyentes. Sin embargo, Marriott demuestra en dos de sus propiedades en Punta Cana, República Dominicana, que la hotelería de alto nivel puede llevarse perfectamente con el consumo general.
Este destino caribeño, que cuenta entre sus atractivos con 48 kilómetros de playas de arena blanca y aguas turquesas, fue el lugar elegido por Marriott como sede de dos de los hoteles del portafolio de la marca: Sanctuary y el nuevo W Punta Cana, inaugurado a comienzos de octubre de 2025. Ambas propiedades, solo para adultos y con identidades muy distintas, fueron las elegidas por la compañía para explorar los planes todo incluido, un área prácticamente desconocida en la hospitalidad de alta gama.
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Pero para comprobar si esta novedosa propuesta de Marriott tiene éxito, la única manera es de primera mano. Un vuelo a República Dominicana es el primer paso. Al aterrizar en el aeropuerto de Punta Cana, a un lado de la pista se agita un puñado de plantas colas de gato que me recuerdan a una multitud agitando los brazos al ritmo de una bachata.
El oleaje amarillo se mantiene cuando descendemos del avión, pero mantenemos la mente puesta en un mar más tradicional que finalmente encontramos en Sanctuary Cap Cana, ubicado a menos de 20 minutos del aeropuerto. Un hotel de arquitectura colonial que cuenta con 324 habitaciones en distintas categorías, incluidas espectaculares suites de dos niveles tanto frente al mar como en El Castillo, la zona más exclusiva del recinto, donde disfrutar del amanecer dominicano.
Sanctuary Cap Cana.(RAFAEL LUHRS)
Solo hay un par de inconvenientes. Por una parte, el paso de un huracán hace unas semanas se comió parte de la playa, por lo que encontrar un lugar para tumbarse no es tan sencillo. Por otro, el cielo nublado anuncia una pequeña llovizna, con lo que quedarse a la intemperie no parece lo más correcto. Es pues la situación ideal para comenzar a conocer las bondades del establecimiento, que empiezo a descubrir con una visita a Wok.
Lejos de limitarse a la cocina de un país, en Wok se combinan sabores de Japón, Tailandia, India, China y el sudeste asiático, todos ellos con un toque caribeño y espíritu de fine dining. A la hora de ordenar, Ricardo, el encargado del servicio, no solo fue atento y amable, sino que sus recomendaciones fueron acertadas, tanto las bebidas que sugirió de acuerdo con el perfil de trago de cada uno de los comensales, como por los platos insignia que insistió en recomendar.
Sanctuary Cap Cana.(Cortesía)
Todas las porciones, generosas, son perfectas para compartir. Entradas como el nori taco y la berenjena en tempura, y principales como el pad thai, el curry, el bibimbap, las diferentes opciones sushi y los woks respaldan un restaurante que por sí solo valdría una visita a un hotel. Sin embargo, no es la única opción: Blue Marlin, en una palapa sobre el mar y especializado en mariscos, y Capriccio, italiano con vocación gourmet, completan la oferta gastronómica de alto nivel de Sanctuary.
Si a lo anterior sumamos las instalaciones, que incluyen cinco piscinas, bares, gimnasio y un spa en el que destacan su circuito de áreas húmedas, entre otras amenidades, se entiende por qué ni siquiera una tormenta puede arruinar tu estancia en el hotel.
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Fuera de este mundo
La estructura del W Punta Cana emula un enorme platillo volador, con una suerte de rayos que parecen listos para comenzar una abducción, aunque la realidad es otra: se trata de una interpretación del manglar, uno de los símbolos de República Dominicana.
Sea como sea, ese primer contacto es el que marca la pauta de la atmósfera del resort. Su paleta de colores neutra con acentos más vibrantes en los lugares adecuados –toques de mosaico turquesa en las habitaciones, por ejemplo–, y una arquitectura integrada con el entorno –entradas de agua y luz, con manglares acompañando la pasarela que conduce hasta la playa– dan forma a una interpretación del espacio tan contemporánea como natural.
W Punta Cana.(Cortesía)
Las albercas del W –mención especial a la infinity pool frente a la playa– contribuyen a delinear este paraíso de 340 habitaciones que es, a su vez, el primer all inclusive de la marca en el mundo. El resort complementa su oferta con un spa y una oferta culinaria de primer nivel en la que brillan restaurantes como Scena, con una propuesta de inspiración caribeña en la que los sabores locales se mezclan con la contemporaneidad. El acogedor espacio cuenta con la iluminación precisa para apreciar las creaciones que van saliendo de la cocina en vanguardistas presentaciones y acertadas vajillas.
Mención especial merece también su coctelería. Cada uno de los restaurantes y bares (incluido 33 1/3, un original speakeasy con DJ y videojuegos en una de las salas) cuenta con su propia carta de bebidas signature, con lo que es imposible repetir coctel en dos lugares diferentes, un buen motivo para realizar un tour por la propiedad. Las creaciones de los mixólogos, además, no representan un costo extra para el huésped.
Ni calidad mediana ni costos separados. La coctelería y la gastronomía de alto nivel son dos de los grandes atractivos de este resort (aunque no los únicos). Y como no hay mejor que la experiencia propia para cerciorarse, la invitación queda lista: Punta Cana espera para confirmar, en dos resorts de lujo, cómo la iniciativa transforma realidades. Nada como ver un prejuicio hacerse añicos en el Caribe.