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Nuestras Historias

En busca del bienestar en Rosewood Mayakoba

Una estancia en una de las Wellness Suites y una consulta con un experto en ayurveda –como parte del programa Alquimia del sueño– fueron los highlights de una estancia en el hotel Rosewood Mayakoba.
jue 17 marzo 2022 04:08 PM
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La sola idea de experimentar un programa cuyo objetivo es ayudar a regular los ciclos de sueño era suficiente para emocionarme previamente a mi llegada al hotel Rosewood Mayakoba, en la Riviera Maya. Cuando además me dijeron que podría hospedarme en una de sus Wellness Suites, mis expectativas sobre una estancia enfocada de manera integral en el bienestar aumentaron exponencialmente.

Creadas hace un par de años, como resultado del fortalecimiento de su visión enfocada en una vida saludable, las ocho Wellness Suites de la propiedad ofrecen una gran cantidad de ventajas y amenidades. Probablemente la primera sea su cercanía al spa, pues quienes están alojados en ellas tienen un acceso preferencial a sus instalaciones y sin costo a las clases de acondicionamiento físico que se imparten en él. En el interior de las suites –distribuidas en dos plantas con amplios ventanales que van de piso a techo–, se puede disfrutar de amenidades especiales como duchas con cápsulas de aromaterapia, inciensos, un kit de aceites esenciales para sincronizarse con los ciclos lunares, así como un menú diario de frutas, snacks saludables y jugos naturales. Adicionalmente, en su pabellón de meditación hay una fuente de reflexología, un espacio para la práctica de yoga que también puede emplearse para disfrutar tratamientos del spa, una ducha exterior, un jacuzzi y amplios espacios para el descanso y la desconexión.

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Después de instalarme, fue momento de reunirme con Emmanuel Arroyo, director regional de Spa y Wellness de la cadena, quien se encargó de explicarme los detalles del programa denominado Alquimia del sueño, que estará disponible para los huéspedes hasta el mes de junio. Según distintas estadísticas y estudios realizados a partir del surgimiento de la pandemia, los problemas de ansiedad y los trastornos del sueño aumentaron entre la población. Con esta información en mente, Arroyo contactó a Daniel Seymour, un experto en medicina ayurvédica, para desarrollar un programa que, mediante actividades como la meditación, el yoga, los masajes y el uso de mezclas de aceites esenciales creadas para inducir a la relajación, ayudara a los huéspedes a disfrutar de unos días de desconexión durante su estancia. “El objetivo de estos programas es que los huéspedes adquieran las herramientas que les permitan replicar todo lo aprendido en sus casas, como parte de sus rutinas diarias”, asegura. Y claro, también hay que tener en cuenta que un componente muy importante de este programa es darse la oportunidad de disfrutar del entorno natural, de las instalaciones del hotel –una visita al club de playa Aquí me quedo bien vale la pena– y, por qué no, de uno que otro mezcal mientras se alternan caminatas por la playa, paseos en bicicleta por los senderos y chapuzones en la alberca.

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Al día siguiente, después de una clase matutina de yoga a orillas de un cenote localizado en el interior del spa Sense, tuve mi entrevista con Seymur. Entre otras cosas me hizo recomendaciones sobre mi alimentación y mis hábitos de sueño basándose en mi dosha o aire vital, según los principios del ayurveda. Me explicó la manera en que los aceites esenciales podrían ayudarme a relajarme y conciliar mejor el sueño, e, incluso, me habló sobre algunos alimentos recomendables para mi dieta. Uno de los aspectos en los que más énfasis puso fue en la necesidad de relajarme y controlar las fluctuaciones de mi mente. “Al relajarse, uno suelta cosas y permite que otras lleguen”, me aseguró.

 

Daniel me dejó en manos de Coral, la terapeuta que durante los dos días siguientes estaría a cargo de mis masajes relajantes. Empleando una de las mezclas de aceites desarrolladas por Seymour y aplicando técnicas de acupresión, comencé a soltar algunos de los pesos que traía a cuestas. El resto del día lo dediqué a hacer algo de ejercicio en el gimnasio, a descansar en mi habitación y a caminar a la orilla del mar mientras el sol se ocultaba. Por la noche, un par de cocteles en Zapote Bar –uno de ellos creado especialmente para mí por el equipo liderado por Joshua Monaghan– y un kebab del menú diseñado por el chef Juan Pablo Loza fueron el broche de oro. El aceite recomendado por Seymour ya me esperaban en la habitación para aplicarlo, según sus indicaciones, en las plantas de los pies, el plexo solar y la nuca, antes de dormir.

Con una sesión de floating yoga –una disciplina altamente retadora para quienes practicamos con regularidad– y un segundo masaje comenzó mi último día en la propiedad. Al terminar, disfruté del desayuno en la terraza de la suite. El canto de las aves, la vista de los canales, un rato de lectura y una última ducha al aire libre conformaron el preámbulo de la despedida. Si bien, sigo trabajando en el objetivo de regularizar mis ciclos de sueño y mejorar la calidad de mi descanso, cada noche vuelvo a ese lugar de paz y tranquilidad al que me remiten las notas del aceite que descansa en mi mesa de noche. Ahí, todo lo que existe es calma. Para conocer mi paradero en tiempo real los invito a seguirme por Instagram . Nos leemos en dos semanas.

 
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