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Nuestras Historias

¡Bienvenidos a bordo! Esta columna está por comenzar

Tras un año complicado para el sector turístico, comienzo una nueva columna de viajes. ¿Por qué? Porque la inspiración para embarcarnos en nuevas aventuras por el mundo nunca está de más.
jue 19 agosto 2021 09:53 AM
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Llevo varios meses con una idea dándome vueltas por la cabeza: escribir una columna de viajes. Llevo exactamente el mismo tiempo intentando encontrar un nombre para bautizarla. Estoy en el hotel Four Seasons Punta Mita –disfrutando de sus suavísimas sábanas y envuelto en una de sus extremadamente cómodas batas de baño– intentando delimitar sus alcances y objetivos, y me he impuesto la consigna de no dormirme sin haber completado esta primera entrega.

Esta tarde, mientras caminaba a la orilla del mar y admiraba una de esas puestas de sol de la Riviera Nayarit a las que ninguna foto tomada con el celular hace justicia, recordé una vez más el poder sanador e inspirador que los viajes han tenido en mi vida, lo mucho que me han enseñado y transformado, y las veces que me han ayudado a mantener la cordura con solo poner distancia de por medio. También hice un recuento del tiempo que me he dedicado al periodismo especializado en estos temas y me di cuenta de que son ya más de 10 años.

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Sin embargo, mi pasión por la vida nómada viene de mucho más atrás. Estoy convencido de que el verano que estudié inglés en Canadá me abrió el apetito por descubrir el mundo: viví con una familia italiana, tuve compañeros de clase provenientes de muchas y muy distintas regiones del planeta, y por primera vez probé platillos como el souvlaki griego y los pierogi polacos. Después vino el año de intercambio en Estados Unidos, una oportunidad de descubrir una cara distinta de nuestro vecino del norte, pues viví en Green Bay, Wisconsin, rodeado de cheeseheads fanáticos de los Packers a temperaturas bajo cero que jamás creí poder soportar dada mi cálida sangre tropical. En 2008, me mudé a Madrid para estudiar la maestría; esa fue la primera vez que puse un pie en Europa y todavía se me pone la piel chinita cuando recuerdo esa sensación de libertad que se respiraba estando delante de la Puerta de Alcalá la primera tarde que pasé en la ciudad.

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La vida –así como la buena fortuna y unas cuantas decisiones acertadas– me ha puesto por la senda de los viajes. En ellos he encontrado lo que más me apasiona hacer, es decir, la posibilidad de compartir mis experiencias, reflexiones y visiones derivadas de cada estancia en un hotel, de cada tour, de cada comida, de cada plática con expertos de la industria de la hospitalidad dentro y fuera del país, de cada charla informal –hoy, por ejemplo, ante la fugaz aparición de una familia de chachalacas por nuestro camino, un miembro del staff del hotel me contó que su abuelo cruzaba gallos con hembras de esta especie para tener aves de pelea más fuertes–, de cada vuelo perdido, de cada imprevisto...

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Es muy común que la gente me diga que tengo el mejor trabajo del mundo, algo que no discuto. Y también que piensen que mi trabajo consiste en vivir de vacaciones, algo que procuro no contradecir para no enfrascarme en discusiones. Al final, lo cierto es que estos años me han permitido afilar la mirada para encontrar esas historias, experiencias, restaurantes, destinos y hoteles que ofrecen la posibilidad de vivir momentos inolvidables, sea un vuelo en helicóptero para admirar las montañas nevadas de Canadá, un tour de rafting en Costa Rica, un picnic en una isla privada de Panamá o un paseo de pesca en la inesperada compañía de amigables delfines frente a las costas de Guerrero. Historias que vale la pena contar, que me emocionan de nuevo al sentarme frente a la computadora para escribir de ellas, que me dibujan una sonrisa en el rostro cuando llegan de nuevo a mi mente... A todas esas experiencias dedicaré alguna de las columnas posteriores.

Estoy convencido de que hay tantas maneras de viajar como personas sobre la faz de la Tierra. Nuestros intereses, gustos, historiales familiares y presupuestos, entre otros factores, influyen directamente en las decisiones acerca de los destinos que visitamos y la manera en la que lo hacemos. He viajado por carretera en taxis colectivos para llegar a las playas remotas y solitarias de Oaxaca y en jets privados para conocer la manufactura de Audemars Piguet en Le Brassus, Suiza. He comido el atún más fresco y delicioso de mi vida –acompañado de las mejores tortillas hechas a mano–, en un humilde puesto de las costas del Pacífico mexicano y he disfrutado de uno de los impresionantes menús degustación de Gastón Acurio en Astrid y Gastón de Lima. En cada uno de esos viajes descubrí algo nuevo de mí y del mundo, algo que iba mucho más allá de la cantidad de dinero requerida para cubrir los gastos.

Y es así, sin dar más rodeos, que les doy la bienvenida a este espacio en el que cada dos semanas haré un recuento de alguna nueva aventura, reflexionaré acerca de temas que llamen mi atención, compartiré conversaciones con gente de la industria a la que admiro y, sobre todo, intentaré transmitir mi pasión por esa actividad que tantas veces me ha abierto los ojos, me ha presentado nuevas perspectivas y posibilidades, y me ha hecho entender que la libertad de espíritu se alimenta día con día. Como muy probablemente terminaré escribiéndola, de la misma manera en que lo he hecho esta noche, desde el sitio en el que me encuentren la responsabilidad y la inspiración, he decidido nombrarla como me ha dictado la lógica: Columna Nómada. Para conocer mi paradero en tiempo real los invito a seguirme por Instagram . Nos leemos en dos semanas.

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