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Nuestras Historias

Reporte: Así es hospedarse hoy en un hotel de lujo de la Ciudad de México

Nos mudamos 24 horas al hotel Sofitel Mexico City Reforma para conocer el programa ALLSAFE que garantiza la seguridad de los huéspedes. Este es nuestro reporte.
mar 28 julio 2020 07:01 AM
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La fachada del Sofitel Mexico City Reforma.

A estas alturas ya no podemos rebatir que el Covid-19 transformó –en la mayoría de los casos, radicalmente– la manera en que veníamos haciendo muchas cosas. La nueva etiqueta del distanciamiento social y los reforzados protocolos de seguridad y desinfección están presentes por todos lados para recordarnos que en la nueva normalidad debemos ser más cuidadosos que nunca.

La industria de la hotelería de lujo no ha sido la excepción, y si bien desde antes de la pandemia ya se regía por los más estrictos estándares, ha tenido que reajustar su operación para garantizar la salud tanto de sus huéspedes como de sus colaboradores. Con el objetivo de conocer el programa ALLSAFE implementado por la cadena de hoteles Sofitel, nos trasladamos una noche al hotel Sofitel Mexico City Reforma.

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La entrada al Sofitel Mexico City Reforma.

Esta propiedad, primera que la marca francesa abre en el país, tiene en su base una casona de 80 años de antigüedad, de la cual surge una torre de 40 pisos que alberga sus 275 habitaciones. Tras ser inaugurada en noviembre de 2019, tuvo que hacer una pausa en su operación debido a la llegada de la pandemia a nuestro país, pero a principios de julio reabrió sus puertas. Esta es la crónica de 24 horas en un hotel de lujo en medio de la reactivación de este sector.

Al reanudar su funcionamiento, el hotel estableció que operaría temporalmente con una ocupación máxima del 30% para facilitar el distanciamiento. Entre otras cosas, esto permite mantener las habitaciones desocupadas durante un mínimo de 48 horas antes de realizar la limpieza final previa a la llegada de los huéspedes.

Antes de ingresar al hotel, en el motor lobby, los huéspedes son recibidos por el personal de seguridad, que lleva puestos cubrebocas y caretas. Ellos deben tomarles la temperatura y proporcionarles gel desinfectante de manos. Tras realizar estas acciones, se puede acceder al lobby localizado en el piso 14.

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Uno de los espacios de la Suite Opera.

El front desk ha sido equipado con paneles de acrílico transparente detrás de los cuales los recepcionistas hacen su trabajo. Las plumas que se utilizan para la firma de las formas de registro provienen de una bolsa sellada y desinfectada, y no vuelven a ser utilizadas por otro cliente. Para subir a las habitaciones o a otras áreas del hotel, los elevadores –con capacidad para 20 personas– sólo pueden ser abordados por un máximo de cuatro que deben colocarse sobre marcas localizadas en las cuatro esquinas.

Antes, era muy común que al llegar a la habitación el equipo del hotel abriera la puerta de la habitación y acompañara al huésped a su interior, mientras le explicaba el funcionamiento de todas las amenidades y equipamiento. En esta nueva realidad, esas explicaciones se dan durante el trayecto hacia la puerta.

Al estar delante de ella, lo que uno se encuentra es un sello de papel que debe romper para entrar. Este es un indicador de que, desde la última limpieza, nadie más ha entrado en ese espacio. El host se despide ahí y por delante lo que queda es una recámara que ha sido preparada por profesionales con productos químicos desinfectantes aprobados por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA).

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En la mesilla de noche se encuentra una caja con un cubrebocas, guantes, gel desinfectante de manos y toallitas limpiadoras. En distintos lugares hay letreros que recuerdan a los huéspedes siempre usar una mascarilla, mantener la distancia respecto a los demás, lavarse las manos con frecuencia y, también, disfrutar de la estancia.

A pesar de todas estas nuevas medidas, el servicio sigue siendo esmerado y el personal busca resolver cualquier necesidad de los huéspedes de manera ágil y eficiente, y de todas las maneras posibles (vía telefónica, a través de mensajes SMS o en persona). Para minimizar riesgos, en el interior de la habitación ya no hay productos de minibar, secadora o cápsulas de café, y se entregan únicamente a solicitud de los huéspedes después de ser desinfectadas. En mi caso, solicité una secadora de pelo que minutos más tarde llegó en una bolsa y, a través de un mensaje SMS, programé mi desayuno de room service la noche anterior. A las 9:30 AM, puntualmente, llegaron a entregarlo a la puerta. Usando todo el equipo de protección (mascarilla, guantes y careta), el mesero depositó la charola sobre la mesa y se retiró inmediatamente.

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El baño de la Suite Opera.

Por el momento, instalaciones como el gimnasio y el spa permanecen cerradas, pero en la terraza del Cityzen Bar ofrecen experiencias exclusivas para un máximo de ocho personas –previa reservación– que incluyen una cena maridaje con champagne Dom Perignon.

Un solo restaurante, Balta, está abierto para servicios de desayuno, comida y cena únicamente para los huéspedes. Por el momento, el menú es una selección de platillos de todos los restaurantes del hotel, desde clásicos franceses hasta tacos y pastas. Los huéspedes pueden ocupar las mesas habilitadas para guardar la distancia con otros clientes y los menús impresos han sido sustituidos por códigos QR que se dejan un momento en la mesa y después se retiran para ser desinfectados. De 4 a 7 PM hay una Happy Hour perfecta para trabajar con un trago en una mano y la vista espectacular a Paseo de la Reforma como telón de fondo.

El personal, además de respetar todos los protocolos, está perfectamente capacitado para hacer las mejores recomendaciones. Una versión del Moscow Mule preparada con cognac, la pesca del día a la plancha a la hora de la cena, el pan francés para desayunar o los tacos de pescado estilo baja llegaron a mí por recomendación del equipo en turno y ninguna me decepcionó.

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Paseo de la Reforma visto desde el Sofitel.

Dos experiencias más –en lo que todas las instalaciones del hotel vuelven a abrir sus puertas– me parecen imperdibles. La primera es admirar la ciudad por la noche desde la ventana de la habitación. La segunda, tomar un baño de tina con sales de L’Occitane y música de fondo, mientras se pone la vista en el horizonte y el skyline de la capital mexicana. A decir verdad, dudo que otro hotel ofrezca mejores vistas que las de Sofitel, desde cualquiera de sus ángulos, en esta o cualquier otra normalidad.

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