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Hacer posible lo imposible: Victor Vescovo explorar lo desconocido para desafiar nuestros límites

De los picos más altos a las profundidades inexploradas del océano, Victor Vescovo puso a prueba los límites de la exploración. El empresario, explorador y embajador de Omega nos cuenta sobre su misión de vida.
Victor Vescovo, embajador de Omega
Victor Vescovo. (Cortesía)

El origen de su espíritu explorador

“Una vez mi hermana dijo que, de niño, yo era muy curioso y que sentía un desprecio temerario por mi propia seguridad. Esa es una combinación muy peligrosa, y creo que en realidad nunca la superé. Eso es lo que me impulsa a hacer lo que hago”.

La raíz de su interés por los océanos “Conforme he crecido y madurado, lo que más me asombra es lo poco que todavía sabemos sobre el mundo y el universo, pero especialmente sobre el océano. El 70 por ciento del océano sigue completamente inexplorado y sin cartografiar y, considerando que alrededor del 70 por ciento de la superficie del planeta está cubierta por océanos, eso significa que la mitad del planeta sigue siendo un territorio desconocido”.

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La regla de oro de los aventureros

“Como explorador –o como te dirá cualquier aventurero–, la primera regla es aprender a disciplinar la mente y, antes que nada, aprender a mantener la calma”.

Su objetivo al explorar la trinchera de Tonga (la segunda fosa oceánica más profunda de la Tierra) “No soy biólogo marino. Soy tecnólogo, un poco ingeniero y piloto. Mi trabajo consistía en cubrir la mayor cantidad de terreno posible, documentar todo lo que pudiera y recopilar la mayor cantidad de información posible para entregársela a los científicos. Ellos serían quienes me dirían si había encontrado algo interesante o no. Yo fui el primero en llegar, observar el lugar y describir todo lo que pude. Pero, en cuanto a lo que esperaba encontrar, iba con la mente completamente abierta”.

Su relación con Omega

“Después de que se enteraron de lo que estaba haciendo, alguien de Omega me contactó y me reuní en Viena con Raynald Aeschlimann, su CEO. Les hablé de mis planes, me dijeron que querían ser parte de mi viaje y yo acepté. De esa manera comenzamos el proceso de desarrollo de relojes que pudieran soportar las presiones extremas del fondo más profundo del océano. Ellos no estuvieron satisfechos con solo darme un reloj para que yo llevara en mi muñeca dentro de la cápsula, quisieron construir un reloj que pudiera sobrevivir estando fuera de la cápsula a una presión de ocho toneladas por metro cuadrado. Fue un gran reto técnico que superamos juntos”.

La razón que lo llevó a cambiar el montañismo por la exploración oceánica

“Creo que, además de intentar satisfacer mi insaciable curiosidad, siempre he querido ponerme a prueba. Siempre he querido descubrir qué tan rápido podía correr, qué tan alto podía escalar. Me intrigaba saber hasta dónde era capaz de exigirme, y eso fue lo que me llevó a practicar alpinismo desde muy joven. Después, cuando se hizo evidente que esa actividad se volvía cada vez más peligrosa conforme envejecía, empecé a buscar un desafío diferente. Fue entonces cuando el océano me atrajo: un entorno mucho más técnico y que exigía mayores recursos y preparación”.

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Sus planes para el futuro

“Todavía tengo muy buena salud, así que voy a seguir haciendo lo que hago hasta que ya no pueda más. Estoy desarrollando un barco que espero se convierta en la embarcación más eficiente jamás construida para cartografiar las profundidades del océano. También estoy desarrollando una aeronave de gran altitud que espero llevar muy alto en la atmósfera durante los próximos años y yo mismo seré el piloto. Además, sigo explorando el buceo en el interior de cavernas. ¿Por qué habría de detenerme si todavía puedo hacerlo? No creo que llegue el día en que, por tener que usar un bastón o porque me ocurra alguna desgracia, simplemente diga: ‘Bueno, ya terminé. Ahora solo queda reflexionar sobre mis logros’. Ese no soy yo”.

El legado que le gustaría dejar

“La mayor tragedia que he visto hasta ahora es que los seres humanos subestimamos constantemente aquello de lo que somos capaces. Mi submarino se llama Limiting Factor, un nombre elegido de manera muy deliberada. Para mí tiene varios significados, pero uno de los más importantes es que las personas solemos imponernos límites en nuestra propia mente. Entonces, ¿cuáles son realmente los límites del ser humano? Yo no creo que existan, sino que es una cuestión de tiempo, disciplina y tecnología. Tal vez hoy, en nuestro estado actual, haya cosas que todavía no seamos capaces de hacer, pero tengo una enorme confianza en la capacidad de la humanidad para adaptarse, evolucionar y seguir ampliando sus propios límites, con el fin de vivir una vida cada vez mejor”.

Lo que sus aventuras le han enseñado

“Las exploraciones extremas me permitieron derribar esa barrera entre el mundo y yo. Al descender hasta el fondo de la Fosa de las Marianas, por ejemplo, sabiendo que la presión exterior podía aplastarme por completo en una fracción de segundo, ocurrió algo curioso: en lugar de sentirme más vulnerable, me sentí aún más unido a ese océano. Era como si me hubiera dado la bienvenida. Y, por supuesto, al viajar al espacio, cuando flotas sobre la Tierra y contemplas la inmensidad del cosmos, ¿cómo no sentir una conexión más profunda con el universo? Creo que vivimos el día a día intentando comprender el universo y conectar con él desde una enorme distancia. Pero cuando te exiges al máximo o te aventuras en lugares extremos, esa distancia se acorta. De alguna manera, te acerca mucho más a él”.

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