Hubo una época en la que llevar la playera de tu banda favorita era una declaración de creencias, personalidad e incluso de una forma de ver la vida. Bastaba con reconocer el logo de un grupo en la calle para encontrar a alguien que compartía ese universo. Para muchos, el punk rock fue la banda sonora de la adolescencia; para otros, una manera de cuestionar las reglas, construir una identidad y encontrar una manada. Hoy, décadas después, ese sonido vuelve a ocupar los grandes escenarios y llama de nuevo a una generación que ahora lo comparte con una nueva.
El punk rock, un género que nunca se fue
Para entender este momento, conversamos con dos músicos que han sido protagonistas y pioneros del género en México: Javier Blake, vocalista de División Minúscula, y Mo Pérez, de Delux. Dos bandas que marcaron una época con su sonido y su energía; la primera es originaria de Tamaulipas y la segunda, de Tijuana, Baja California.
“Más que una moda que vuelve, somos un sonido que ha evolucionado sin perder su capacidad de conectar”, comenta Blake. La escena no está regresando exactamente al lugar donde empezó: está encontrando una nueva forma de existir. Y quizá ahí radica su atractivo. El punk rock puede acompañarte cuando tienes 17 años y buscas tu lugar en el mundo, pero también cuando ya tienes una vida construida, responsabilidades y la necesidad de reconectar con una parte de ti que nunca desapareció.
La nostalgia también hace ruido
El reencuentro de esta comunidad con el paso del tiempo no ocurre solo en el escenario. También sucede cuando una canción aparece en tu playlist, cuando tu banda vuelve a anunciar fechas o cuando escuchas esos acordes que no oías desde hacía años. La música abre una puerta y, de pronto, la distancia entre el presente y aquella versión más joven de ti parece desaparecer.
Blake lo ha observado desde dentro. Para el músico, una de las razones por las que el género conserva su fuerza es que nunca se limitó a una sola emoción ni a una única etapa de la vida. “Te enamoras de un género en una etapa importante de tu vida y, de alguna manera, es algo que te sigue manteniendo vigente 20 o 30 años después”, explica.
El punk nació asociado a la inconformidad, la provocación y las letras sociales y políticas. Con el tiempo, el punk rock también abrió espacio para hablar de las relaciones, el desamor, la frustración y las contradicciones de crecer. Por eso, el regreso no depende solo de volver a vestirse como antes o de recuperar una estética: se trata de reencontrarse con una emoción que sigue teniendo sentido.
Blake lo describe como un sentimiento que puede permanecer dormido hasta que algo lo despierta. La nostalgia es el primer impulso, pero lo que sostiene la conexión es más profundo: “Es una comunidad también de buscar pertenencia y de buscar identidad en otras personas”.
De ser parte de un nicho a llenar festivales
Cuando División Minúscula comenzó su camino, pertenecer a la escena significaba, en buena medida, encontrar un espacio propio lejos de lo que escuchaba la mayoría. En ciudades donde el punk rock todavía era un gusto de nicho, ver a alguien con la camiseta de una banda podía ser el inicio de una amistad. “Era como este sentimiento de que nosotros sabemos algo que nadie más sabe”, recuerda Blake sobre esos primeros años.
La escena funcionaba como un código compartido: había que buscar los discos, descubrir las bandas y encontrar a otras personas que entendieran esa música. La pertenencia tenía un componente casi secreto, porque no se trataba solo de escuchar canciones, sino de reconocerse en una comunidad. Hoy esa frontera es más flexible, y lo que antes era una identidad exclusiva puede ser una pieza más dentro de un universo musical amplio.
Mo Pérez ha visto esa transformación con el paso de los años. Delux comenzó a principios de los dos mil, cuando el punk rock y el pop punk encontraron espacio en medios como MTV y Telehit, y hoy la banda es testigo de cómo el interés vuelve a conectar a distintas generaciones. Para él, discutir si un grupo pertenece al punk, al pop punk o al rock se queda corto frente a lo que está ocurriendo. “Yo la verdad ya digo: ‘¿Sabes qué? Toco en una banda de rock’”, dice. Sus influencias atraviesan distintos sonidos y, desde su perspectiva, la mezcla es parte fundamental de la evolución musical: “Siempre las mezclas son algo muy interesante y necesarias para que vaya evolucionando la música”.
Hacer tu propio camino también es punk
Pérez lleva esa idea más allá de la música. En los primeros años de Delux, recuerda, la banda tuvo que organizar sus propias giras, reunir dinero, comprar equipo y buscar espacios donde tocar. No siempre existía una infraestructura preparada para recibir a grupos que empezaban en foros pequeños, así que muchas veces había que resolverlo por cuenta propia. Esa experiencia sigue conectada con el espíritu del género: no esperar a que alguien abra la puerta, sino buscar la manera de avanzar.
“El punk para mí es el poder hacer lo que quieres”, afirma. “No esperar a que, porque así son las cosas, tengo que esperar”.
Esa postura adquiere otro significado en una época en la que la presión por encajar se extiende más allá de la escuela, el trabajo o el círculo de amigos. Las redes sociales mantienen a las personas expuestas todo el tiempo y convierten la identidad en algo que parece estar siempre en exhibición. Pérez recuerda que, en las primeras giras de Delux, la relación con el público se construía cara a cara: tocar, quedarse a convivir, platicar después del concierto y volver a las ciudades donde la banda había encontrado seguidores. Hoy el alcance es mayor, pero la convivencia cambió: “Tienes a todo mundo al alcance, pero no estás más cerca de ellos”, reflexiona.
También señala que las herramientas para hacer música y llegar al público son otras. Ahora es posible producir canciones desde casa y distribuirlas sin depender por completo de una disquera, pero esa accesibilidad trae nuevos retos: hay más artistas, más contenido y más competencia por la atención.
Blake también defiende la libertad de experimentar, incluso cuando eso implica alejarse de las expectativas de una escena acostumbrada a ciertas reglas. Al hablar de “Sognare”, una de las canciones más representativas de División Minúscula, recuerda las dudas que surgieron cuando la banda decidió incluir una balada en su repertorio. “Para mí, esta canción es tan punk como la primera que compusimos”, dice.
La experiencia de tocar y estar juntos
Para Blake, la búsqueda de conexión humana es parte de lo que mantiene vivo el atractivo de los festivales: estar en el concierto, ver a una banda tocar frente a ti, escuchar la guitarra, sentir el riesgo que implica tocar en vivo y saber que lo único que tenemos con certeza es esa conexión. Una de las imágenes más significativas del momento, dice, es ver a familias completas en estos encuentros.
Mo Pérez, por su parte, cuenta que fue una gran sorpresa ver a la gente cantando frente a él, con tanto sentimiento, canciones que los acompañaron en etapas cruciales de su vida. “Durante el Vans Warped Tour, la gente nos acompañó con tanto cariño que se sentía en todo momento esa fuerza que tiene el género, ese sentido de pertenencia. Estamos preparando sorpresas porque vienen los 20 años del disco Entre la Guerra y el Amor”, comenta.
Crecer no significa renunciar a lo que te hizo sentir distinto. Y, como sugiere la historia de estas bandas, el punk rock nunca tuvo que ser una etapa: puede ser parte de toda una vida. Quizá la nostalgia sea la puerta de entrada para volver a esa esencia y a nuestra forma más auténtica de ser.