Reality Awaits: The Strokes ya no tienen nada que demostrar
Puede gustarte o no, pero una crítica musical no puede quedarse en si una herramienta te parece cool. Hay que escuchar qué intenta hacer un álbum y si realmente lo consigue.
Hay algo extraño en la conversación alrededor de Reality Awaits, el séptimo álbum de estudio de The Strokes. Desde antes de su lanzamiento, buena parte de la discusión parecía concentrarse en una sola cosa: el uso del Auto-Tune y el vocoder en la voz de Julian Casablancas.
Como si el problema no fuera necesariamente lo que la banda estaba haciendo, sino la idea de que Casablancas no debería hacerlo.
Publicidad
La reacción resulta, por momentos, curiosa. Especialmente si pensamos en una generación que creció escuchando música a partir de 2010, cuando el Auto-Tune dejó de ser, para buena parte del público, ese recurso asociado únicamente con una supuesta falta de autenticidad, en ese contexto apareció “Instant Crush”, la colaboración de Casablancas con Daft Punk, una canción que convirtió su voz procesada en parte central de su identidad.
No es, personalmente, una de mis canciones favoritas de Julian, pero sí es difícil entender por qué un recurso que lleva años instalado en el lenguaje pop sigue provocando una reacción tan visceral cuando aparece en una banda de rock.
Quizá porque The Strokes siempre han sido una banda a la que se le exige una pureza que nunca ha existido realmente.
Publicidad
La imagen de cinco músicos saliendo de un garage neoyorquino para rescatar al rock es una simplificación que ha acompañado a la banda durante 25 años. The Strokes son, también, el resultado de una serie de privilegios, conexiones y contextos muy específicos.
Julian Casablancas creció en una familia con dinero; Albert Hammond Jr. y Nikolai Fraiture estudiaron en Suiza; la historia de la banda nunca fue exactamente la de un grupo de adolescentes anónimos descubriendo la música en un sótano. Y eso no invalida su música. Al contrario: recuerda que las bandas, como las personas, son mucho más contradictorias que las narrativas que construimos alrededor de ellas.
Esa contradicción parece estar en el centro de Reality Awaits
El título del álbum funciona casi como una declaración. Mientras en China robots humanoides bailan coreografías, realizan tareas cada vez más complejas y la inteligencia artificial se integra en prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana, alguien sigue preparando un huevo frito por la mañana. La tecnología avanza a una velocidad absurda, pero la vida continúa siendo profundamente ordinaria. El futuro llegó, aunque no necesariamente de la manera en que lo imaginábamos.
El Auto-Tune de Julian no necesariamente representa el futuro. Tampoco tiene que hacerlo. La voz procesada, el riff de Albert Hammond Jr. y las estructuras más extrañas del álbum conviven con una banda que todavía conserva algunos de los elementos que la hicieron reconocible, la idea no parece ser elegir entre dos mundos, sino ponerlos a convivir, incluso cuando la combinación no siempre resulta completamente natural y ahí está uno de los problemas de Reality Awaits: la intención parece más clara que la ejecución.
La mano de Rick Rubin es inevitable. Después de The New Abnormal, un álbum que logró convertir el desgaste de una banda en una de sus propuestas más sólidas, el regreso del productor podía generar expectativas demasiado altas. Reality Awaits no intenta replicar el éxito de aquel disco, pero sí busca construir un concepto relativamente sólido alrededor de sus nueve canciones, el problema es que no todas llegan al mismo lugar.
Algunas ideas aparecen, desaparecen y vuelven a surgir en distintos momentos del álbum. Hay canciones que parecen estar buscando una identidad, mientras otras encuentran con mayor claridad esa convivencia entre la voz procesada de Casablancas, la estructura de una banda de rock y una producción que intenta empujar a The Strokes hacia un lugar distinto.
Publicidad
Para mí, el mejor ejemplo aparece hacia el final del disco con “The Fruits of Conquest”. Ahí Julian consigue llevar su voz natural hacia el Auto-Tune de una manera mucho más orgánica, el tratamiento no parece un disfraz ni una provocación, forma parte de la canción. El riff de Albert Hammond Jr. también ayuda a condensar esa mezcla de mundos que el álbum intenta explorar: una banda con una historia profundamente anclada en el rock y un presente que ya no se parece demasiado al mundo en el que nació.
Quizá Reality Awaits no siempre consigue convertir esa idea en grandes canciones. Pero sí consigue hacer algo importante: dejar claro que The Strokes todavía están intentando hacer algo.
Su lugar en la historia está asegurado. Is This It tiene 25 años y todavía funciona como la vara con la que se mide prácticamente todo lo que hacen. El problema es que ninguna banda puede pasar el resto de su carrera intentando volver a tener 20 años, tocar en un garage y descubrir el sonido que la convertiría en una de las bandas más importantes del rock del siglo XXI.
Tampoco tiene mucho sentido esperar que cada nuevo álbum sea un Dark Side of the Moon, ni siquiera los grandes grupos funcionan así.
U2 vivió algo parecido cuando lanzó How to Dismantle an Atomic Bomb después de haber construido una carrera alrededor de discos como The Joshua Tree y Achtung Baby. La distancia entre la leyenda y el presente siempre termina produciendo una decepción y eso es porque el público no escucha únicamente el álbum que tiene enfrente: escucha también todos los discos que existieron antes.
Hay quienes todavía esperan que cada canción vuelva a sonar como “Last Nite”, otros esperan que la banda regrese a la solemnidad de The New Abnormal, algunos simplemente quieren que Julian Casablancas deje de usar autotune Reality Awaits parece existir en un lugar menos cómodo: no es el mejor disco de The Strokes, pero tampoco es un fracaso.
Es un álbum irregular, con buenas ideas y momentos en los que esas ideas no terminan de llegar a su destino y eso también puede ser válido.
Especialmente para una banda que, en teoría, ya no necesita hacer nada, quizá el verdadero problema es que seguimos esperando que The Strokes sean una banda de 2001, pero The Strokes también son los músicos que hicieron Comedown Machine, The New Abnormal y ahora Reality Awaits. Son una banda que ha cambiado, que se ha contradicho, que ha tenido grandes momentos y otros bastante menos memorables.
El nuevo álbum no resuelve todas esas contradicciones. Tampoco tendría por qué hacerlo, en algunos momentos, The Strokes se pierden. En otros, parecen estar explorando un camino que todavía no terminan de entender. Pero cuando la banda encuentra el equilibrio entre la voz de Casablancas, los guitarras y esa producción que busca llevarlos hacia otro sitio, el álbum funciona.
No como una nueva declaración definitiva sobre el futuro del rock, no como el regreso de una banda que necesitaba ser salvada, tampoco como el disco que cambiará para siempre la historia de The Strokes. Simplemente como un álbum de una banda que lleva 25 años dentro de esa historia y que, por fortuna, todavía parece tener ganas de equivocarse.