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Bunbury mira al pasado sin nostalgia en su nuevo álbum 'De un siglo anterior'

El cantante español convierte su nuevo álbum "De un siglo anterior" en una reflexión sobre el presente desde la incertidumbre, la tradición latinoamericana y una carrera construida lejos de las tendencias inmediatas.
sáb 25 abril 2026 03:00 PM
Enrique-Bunbury-Mexico-Entrevista
Enrique Bunbury lanza su nuevo álbum hecho en México (Cortesía de Universal Music)

A estas alturas, hablar de Enrique Bunbury implica hacerlo de una carrera construida desde la reinvención constante. Desde sus primeros años al frente de Héroes del Silencio en la década de los 80 hasta una trayectoria solista que supera los 25 años y más de una docena de álbumes, el artista español ha evitado instalarse en una sola versión de sí mismo. Su nuevo álbum continúa esa lógica, pero desde un lugar distinto: en vez de buscar respuestas definitivas, profundiza en la duda.

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Grabado en México, entre la quietud del Desierto de los Leones y una exploración sonora mucho más conectada con la tradición latinoamericana, este álbum funciona como una continuación natural de Cuentas Pendientes (2025) y sii aquel abría preguntas sobre identidad, memoria y presente, este nuevo trabajo parece más interesado en habitar esas incertidumbres que en resolverlas.

En entrevista con Life and Style, Bunbury habla sobre resistencia artística, la relación entre tradición y modernidad, el peso de figuras como Bob Dylan, Phil Manzanera y José Alfredo Jiménez, así como de un álbum que entiende muy bien que algunas preguntas están hechas para permanecer abiertas.

A mí me interesa más escuchar que hablar. Me interesan más las preguntas que las respuestas
Enrique Bunbury

“A mí me interesa más escuchar que hablar. Me interesan más las preguntas que las respuestas”, explica. “No tengo demasiado claro el momento que estamos viviendo, pero sí me parece un momento de transición”. Lejos del pesimismo, Bunbury observa el presente con curiosidad. El título del álbum funciona casi como una declaración de principios: mirar hacia atrás sin quedarse atrapado en la nostalgia.

“Es como echar una última mirada al pasado antes de que empiece a diluirse”. El álbum también representa el cierre de una etapa creativa profundamente influenciada por los sonidos tradicionales de América Latina. Si en trabajos anteriores también existía un diálogo con España, aquí el foco está completamente puesto sobre el continente.

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“No soy folclorista”, dice con claridad, “pero eso no significa que no me interese profundamente esa música”. Más que apropiarse de esas tradiciones, Bunbury parece dialogar con ellas desde el respeto, entendiendo que eventualmente debía cerrar esa exploración para seguir avanzando: “sabía que tenía que abrir esa puerta para eventualmente cerrarla”.

El espacio donde grabó el álbum también terminó moldeando su identidad. El Desierto de los Leones se convirtió en una extensión emocional del proyecto, pues antes de entrar al estudio, Bunbury caminaba por los bosques del lugar, se perdía entre senderos y absorbía el aislamiento natural que contrasta completamente con el caos urbano de la ciudad.

“Hacer álbumes en lugares así cambia tu respiración”. El músico compara esa experiencia con sus grabaciones en Sonic Ranch y distintas locaciones en Cataluña, espacios donde el entorno también termina filtrándose en la música.

Si algo ha definido la carrera de Bunbury es su capacidad para sobrevivir sin depender de las tendencias. Mientras buena parte de la industria actual vive obsesionada con la inmediatez, él parece cada vez más cómodo habitando otro ritmo.

“Mi carrera cada vez se aleja más del mainstream y cada vez me importa menos”. Incluso cuando surge la conversación sobre Coachella, Bunbury admite sentirse cada vez menos identificado con ciertos circuitos actuales. Aunque reconoce a The Strokes como una banda que disfruta, acepta que muchos de esos espacios ya no dialogan necesariamente con sus intereses.

Hablar de resistencia puede sonar romántico cuando se observa desde fuera, pero Bunbury lo aterriza de una forma mucho más pragmática. Durante la conversación reconoce que hubo un momento —particularmente durante los noventa— donde su música todavía convivía naturalmente con lo que sonaba en la radio, “en los noventa mi música y lo que sonaba en las radios podía llegar a coincidir”.

La distancia vino después, de forma gradual y casi inevitable. Mientras la industria aceleró sus ritmos y redujo los márgenes de exploración, Bunbury comenzó a moverse en dirección opuesta, “cada vez me he ido alejando más y me ha ido importando menos” y es que más que una postura combativa frente al mainstream, lo describe como una consecuencia natural de entender que el camino de un compositor rara vez debe parecerse al de los demás.

No sé si es resistencia… o simplemente un lugar donde ya te da completamente igual
Enrique Bunbury

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Ese desapego termina explicando buena parte de su presente creativo porque hace tiempo entendió que su permanencia depende de otra cosa. “Mis únicas armas son mi personalidad” y es que esa identidad, lejos de ser solo ego, habla de que también se construyó trabajando con figuras fundamentales de su formación musical como Phil Manzanera y Bob Ezrin y hablar de Ezrin inevitablemente lo lleva a dos álbumes que marcaron su ADN creativo: The Wall de Pink Floyd y Berlín de Lou Reed: “los escuché tanto que ya ni siquiera necesito volver a ponerlos. Ya viven dentro de mí”.

Es como si me vieran desnudo
Enrique Bunbury

Hay un momento particularmente honesto cuando la conversación gira hacia los covers de sus canciones. Lejos de romantizar, Bunbury admite que escuchar sus composiciones en otras voces le provoca algo contradictorio, “me da orgullo, pero también mucha vergüenza”, describe la sensación como una especie de exposición involuntaria: “es como si me vieran desnudo”.

Sin embargo, cuando piensa en las voces que sí le hubiera gustado conocer, su respuesta llega sin titubeos: José Alfredo Jiménez y si esa conversación hubiera ocurrido en Plaza Garibaldi o en Tenampa, mejor aún, confiesa y es que la conversación sobre reinterpretar canciones toma otro giro cuando aparece José Alfredo Jiménez y aunque Bunbury no entra en comparaciones con la obra original, sí reconoce que hay canciones ajenas que han terminado encontrando un lugar muy especial dentro de su repertorio: “[su favorita es] Aunque no sea conmigo”, es una canción que me gusta mucho cantar y creo que quedó muy bien”.

También recuerda con cariño “La última curda, una versión que considera particularmente bien lograda y que, según recuerda, apareció en una reedición de El viaje a ninguna parte.

Al final, cuando se le pide nombrar cinco artistas que todos deberían escuchar al menos una vez en la vida, Bunbury responde como alguien que entiende la música como una línea temporal infinita:

Frank Sinatra, Bob Dylan, Roberto Goyeneche, José Alfredo Jiménez y David Bowie.

Enrique Bunbury en México 2026

Bunbury ofrecerá cuatro noches de show a los fans en México y se presentará los días lunes 12, jueves 15, sábado 17 y lunes 19 de octubre de 2026 en el Auditorio Nacional en la Ciudad de México.

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