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Aurora y Tom Rowlands: una colaboración inesperada pero necesaria para la música

Aurora y Tom Rowlands se internan en un territorio extraño hasta volverse inevitables. En entrevista con Life and Style, nos cuentan cómo empezó su colaboración y cómo se transformó el proyecto.
vie 17 abril 2026 05:55 AM
Aurora
Aurora con Tomora en Coachella 2026 (Getty Images)

Detrás de toda colaboración hay un punto de partida, aunque no siempre es obvio. A veces no hay un plan maestro, solo el impulso de hacer música. Así nació lo que hoy une a Aurora y Tom Rowlands: un encuentro que, sin buscarlo, terminó por encontrar una identidad propia.

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Lejos de estrategias medidas o fórmulas de estudio, esto partió de algo más simple: una invitación, una respuesta inmediata y la certeza de que el proceso debía disfrutarse antes que definirse. En entrevista con Life and Style, ambos cuentan cómo la música los fue llevando a crear un universo compartido, un espacio donde la emoción marca las reglas y el resultado importa menos que el camino.

Al principio, Aurora recuerda ese primer acercamiento sin pretensiones. “Tom me escribió hace un par de años para hacer música y dije que sí, porque siempre nos divertimos en el estudio”, cuenta. La frase suena liviana, pero revela una lógica creativa clara: sin presión por lograr algo específico, solo la intención de explorar. Con el tiempo, las canciones cobraron forma y lo que parecía un ejercicio espontáneo se fue transformando en algo sólido.

“Nos dimos cuenta de que estábamos construyendo algo que necesitaba existir por sí solo, como su propio mundo”, relata Aurora. Esa intuición, más que una decisión racional, terminó por definir el proyecto.

“Es música que ninguno de los dos podría haber hecho por separado”.
Tom Rowlands

“Es música que ninguno de los dos podría haber hecho por separado. Es una colaboración real, donde una idea provoca otra”, dice Tom Rowlands. Al escuchar el álbum, incluso él siente sorpresa. “Pienso, ¿cómo llegamos aquí?”.

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Esa sensación de descubrimiento atraviesa todo el proceso. No hubo fricción entre estilos ni necesidad de imponer una dirección. “Tal vez desde fuera parezca que venimos de mundos distintos”, admite Aurora, “pero al final todo se trata de comunicar una emoción. Eso es lo único que quiero de la música: sentir algo, cambiar cómo me siento”.

En el estudio, esa idea se tradujo en una dinámica libre, casi intuitiva. Las canciones no surgían de una estructura rígida ni de pasos preestablecidos. “Todo ocurre a la vez: una voz, un beat, una emoción”, explican. El proceso fue más conversación que construcción técnica, y así el proyecto encontró su forma sin forzarse.

Hubo, sin embargo, un momento en que todo encajó. “Cuando hicimos ‘Come Closer’, entendí lo que era esto”, recuerda Aurora. “Tiene algo extraño, algo antiguo y nuevo al mismo tiempo. Ahí pensé que esto necesitaba existir en mi vida”.

“Ahí entendí por qué este proyecto tenía que existir”.
Aurora

A partir de ese punto, la idea se volvió realidad, abriéndose a otros territorios: lo visual, el escenario, la experiencia en vivo. No estaba en el plan inicial. “No pensábamos en tocar en vivo al inicio”, admite Rowlands: “era una idea lejana. Ahora es sorprendente que esté pasando”, parte de esa identidad también se construye junto a Adam Smith, colaborador cercano de ambos, quien ha aportado una mirada clave en el desarrollo visual del proyecto.

Aurora lo describe desde lo emocional, pues cuando la música deja de ser íntima y se comparte. “Es muy bonito poder compartirlo con la gente: bailar, llorar, sentirnos libres juntos”, dice. La transición del estudio al escenario mantiene la lógica originaria: sin un control absoluto, sin querer dirigir cada paso. “No lo controlamos”, afirma Aurora. “Tiene vida propia” y Tom lo confirma con otro pensamiento: “Si esta música puede hacer feliz a una sola persona, entonces ya cumplió su propósito”.

Y es que escuchar este álbum es entrar en un proceso nacido de la intuición, donde cada canción invita a sentir distinto. ¿Por qué?

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Porque es un disco que se mueve desde lo incierto, que tiene un impulso emocional que se revela sobre la marcha. Hay algo desconcertante en esa mezcla, en ese cruce de sensibilidades que nunca han sido del todo cómodas en sus propios territorios. En este álbum encuentran un punto en común sin perder rareza, sin suavizar sus bordes. La electrónica se disuelve en capas orgánicas. La voz mantiene una fragilidad que no termina de asentarse del todo y esa "incomodidad" es el verdadero motor del álbum.

A partir de la segunda canción, el disco se expande con mayor claridad, como si encontrara su propio lenguaje. Hay momentos íntimos, casi susurrados, donde la emoción pesa más que cualquier arreglo. También hay picos de intensidad que no rompen la atmósfera, solo la tensan. “My Baby” destaca con fuerza y sintetiza esa dualidad entre lo delicado y lo expansivo. El ritmo nunca cae, pero tampoco se desborda, se mantiene en una línea constante y creo que todo responde al título, una invitación a acercarse sin entender del todo, solo a sentir.

Y, en una industria que suele privilegiar la velocidad, este proyecto entra dentro de un mundo muy aparte con una sonoridad tan peculiar como diferente.

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