Es oficial: Glee vuelve. Disney+ y Hulu dieron luz verde a una nueva temporada, producida por 20th Television y con Ryan Murphy, Brad Falchuk e Ian Brennan, los mismos que armaron la serie original. Todavía no hay fecha de estreno ni se sabe qué actores regresarán. Murphy contó que el guion ya está escrito y que habló con unos diez integrantes del elenco original, que se mostraron entusiasmados. Mientras llegan los detalles, los Gleeks ya están ensayando "Don't Stop Believin'" frente al espejo. Justo como debe de ser.
Glee regresa y es momento de hablar de su relevancia cultural
Los raros al centro del salón
Antes de McKinley High, las series de preparatoria tenían una fórmula bastante cómoda. Estudiantes de 30 años con piel perfecta, fiestas eternas y cero tareas, mientras los "raros" aparecían de relleno o se transformaban con un cambio de peinado. Glee hizo lo contrario y puso en el centro a los que normalmente salían de fondo. Rachel, la eterna sabelotodo con voz de Broadway, recibía slushies en la cara y aun así era la protagonista.
El glee club funcionaba como refugio, y el público también entraba ahí. Lo interesante es que la serie nunca prometió que el bullying se acababa por cantar. Los personajes seguían siendo molestados en los pasillos, pero tenían un lugar al que volver. Para muchos adolescentes, esa fue la primera vez que vieron en pantalla algo parecido a su propia vida.
Lo que cambió en la tele (y en la sala de estar)
El gran aporte de Glee fue la representación LGBTQ+. Kurt, Blaine, Santana y Brittany tuvieron historias de salida del clóset, de miedo y de aceptación, en horario estelar y con una audiencia masiva. Murphy llegó a decir que Kurt era, para los chicos, el personaje más importante de la televisión. En 2010, GLAAD le dio a la serie el premio a mejor comedia. Y hay una anécdota que él mismo ha contado: los abogados que pelearon contra la Proposición 8 le explicaron que la opinión pública sobre el matrimonio igualitario había cambiado tan rápido por la televisión.
Para medir cuánto se movió el mundo basta un dato de la serie. En el primer episodio, Rachel menciona casi como chiste que la tuvo una madre subrogada. Seis años después, ella misma fue la madre subrogada del hijo de Kurt y Blaine, y se presentó como una familia perfectamente normal.
Lo que Glee hizo mal
Tampoco hay que idealizarla, porque la crítica tiene puntos válidos. Una investigadora de American University señaló que el famoso slushie convertía en gag un acoso que en la vida real incluye golpes, insultos y agresiones físicas. Lo mismo pasó con la bulimia de Marley, que se resolvió en pocos capítulos, y con el embarazo adolescente de Quinn, que casi no dejó secuelas emocionales. A eso se suma que, con el éxito, la serie empezó a meter canciones del momento por obligación y no por inspiración, y entre la cuarta y la quinta temporada se notó.
Aun así, la sexta temporada regresó a lo que la hizo especial, y el cierre fue un buen homenaje. Con todo y tropiezos, Glee fue la voz de su momento cultural.
¿Qué le toca ahora a McKinley High?
El nuevo Glee será distinto, empezando porque no estarán Cory Monteith ni Naya Rivera. Aún no se sabe si continuará la historia de New Directions o presentará a una generación nueva de estudiantes. Pero llegará a una audiencia que creció con las reposiciones y la nostalgia, y a un mundo donde muchas de las conversaciones que la serie abrió ya no incomodan. Esa es quizás su mejor prueba de relevancia.
Eso sí, si vuelve, espero que traiga menos hits por compromiso y más personajes que se sientan reales. Y que se acuerde del bullying como algo serio, sin slushies de por medio.