A estas alturas, cada vez que alguien anuncia que vuelve una serie de nuestra adolescencia o veintes, la cara de disgusto sale con naturalidad. ¡Estamos hartos!, ya vimos suficiente nostalgia empaquetada y vendida de regreso, pero entonces llega Lena Dunham con un video en Instagram, una llamada de Zoom y una pregunta: ¿quieren volver un verano? Y ahí uno se rinde.
Estamos hartos de los reboots, pero el de 'Girls' sí lo necesitamos
Cinco episodios y un par de ausencias
HBO ordenó una temporada limitada de cinco episodios de Girls, quince años después de su estreno. Marnie, Jessa y Shoshanna regresan con Allison Williams, Jemima Kirke y Zosia Mamet, y Andrew Rannells también está de vuelta. El rodaje arrancaría el próximo año.
Las ausencias hacen ruido. No aparecen Adam Driver ni Jenni Konner, quien fue co-showrunner y, en su momento, una de las amigas más cercanas de Dunham. Ambos tienen su capítulo en Famesick, las memorias que Lena publicó este año, donde habla de la serie, de lo que vino después y del costo que tuvo en su salud física y mental. Ese libro explica mucho de por qué este regreso se siente distinto y porque de lasausencias.
La serie que nos dijo lo que nadie quería decir en voz alta
Para entender por qué importa tanto, hay que recordar cómo era la televisión en 2012. Las veinteañeras en pantalla eran Carrie Bradshaw con zapatos de diseñador o las chicas de Gossip Girl con uniforme escolar y penthouses de millones. Faltaba un punto medio: esa edad incómoda en la que ya no eres adolescente, todavía no eres adulta y no tienes ni idea de qué estás haciendo con tu vida.
Ahí entró Girls. HBO contrató a una Dunham de 23 años a partir de una página que describía el tono de la vida millennial, y ella escribió, dirigió y protagonizó una serie sobre cuatro amigas en Nueva York sin dinero, sin rumbo y sin filtro. Hannah se declaraba "la voz de una generación" con total seguridad y la serie se reía de ella por decirlo. Esa ironía es la clave de todo.
La serie nos mostró lo que casi nadie mostraba. Había sexo incómodo y torpe, trabajos sin sentido, padres que seguían pagando la renta y amistades que se rompían sin una gran pelea. También había cuerpos reales en pantalla, con la desnudez de Dunham como una de las decisiones más comentadas (y más atacadas) de la década. A ratos incomodaba, y justamente por eso funcionaba.
Amada, odiada y discutida (como debe ser)
Girls nunca fue una serie cómoda. Se le criticó, entre otras cosas, por la falta de diversidad en su elenco y por un retrato de privilegio que a muchos les resultó difícil de defender. Esas críticas eran legítimas y la serie las convirtió en parte de la conversación. Hubo miles de textos sobre feminismo, sexualidad y representación, y se siguieron escribiendo mucho después de su final en 2017.
Para la crítica, en cambio, fue un golpe sobre la mesa. Ganó el Globo de Oro a mejor comedia en 2013, y Dunham se llevó el de mejor actriz de comedia. En ese discurso dijo que la serie la había ayudado a no sentirse sola en el mundo, y ahí está resumido el fenómeno. Muchas la vimos igual. Yo, que no tenía edad para entenderla, pero tampoco para ver Sex in the City, vi en Hannah no un modelo a seguir, pero si a alguien que en pantalla se equivocaba tanto como cualquiera. En total sumó 19 nominaciones al Emmy y dos premios.
Por qué este sí
El reboot tiene algo que casi ninguno ofrece: una razón de ser. Dunham contó hace unos años que la idea le llegó viendo And Just Like That, y que le interesaba ver a esas mujeres enfrentando una etapa nueva. Las chicas de Girls eran un desastre a los veintitantos, y los treinta y cuarenta son el terreno perfecto para otro tipo de caos: trabajos que no salieron como se esperaba, amistades que se rompieron, cuerpos que cambiaron. Y quienes crecieron con ellas, en la edad en la que deberían, están justo en ese punto, aunque verlas a mis 30 se siente igual.
Hasta el título se vuelve chiste. En el video, la propia Dunham duda de seguir llamándose "girls" cuando ya están, según ella, 'viejas'. Nadie sabe si va a funcionar. Pero si algo nos enseñó esta serie es que equivocarse con estilo también es una forma de crecer. Y a diferencia de otros regresos, este viene con ganas de hacerse preguntas, no de vender recuerdos.