Hay algo curioso en los zombis: llevan casi un siglo persiguiéndonos y, aunque su aspecto ha cambiado bastante, seguimos encontrando nuevas razones para tenerles miedo. A veces caminan lentamente entre las calles; otras, corren como si no existiera el cansancio. Pueden ser cadáveres que vuelven a la vida, personas infectadas por un virus o incluso una amenaza mucho más cercana: la propia humanidad.
De 'White Zombie' a 'Resident Evil': así han evolucionado los zombis en el entretenimiento
Desde White Zombie hasta Resident Evil: Noche Cero, el entretenimiento ha utilizado a los muertos vivientes para hablar de mucho más que de apocalipsis. Los zombis también son un reflejo de la época en la que fueron creados: de nuestros miedos, obsesiones y de aquello que preferimos no mirar demasiado de cerca.
Todo comenzó con una legión de muertos
En 1932 llegó White Zombie, considerada la primera película de zombis. Béla Lugosi interpretaba a un terrateniente en Haití capaz de convertir personas en seres sin voluntad que trabajaban para él.
Aquellos primeros zombis todavía estaban lejos de la imagen que hoy tenemos en la cabeza. No eran hordas hambrientas persiguiendo humanos, sino cuerpos sometidos a la voluntad de alguien más. Y ahí ya había algo inquietante: el zombi nació asociado al control, la explotación y la pérdida de autonomía.
Con el paso de las décadas aparecieron distintas versiones del mito, pero el gran cambio llegó en 1968 con Night of the Living Dead. George A. Romero convirtió a los muertos vivientes en una amenaza colectiva y, sobre todo, en una herramienta para hablar de la sociedad. La película llegó en un momento de fuertes tensiones sociales en Estados Unidos y su protagonista, Ben, interpretado por Duane Jones, adquirió una lectura particularmente significativa en el contexto de las tensiones raciales de la época.
Romero entendió algo que definiría al género durante décadas: para que un zombi dé miedo no basta con que quiera comerte, también puede representar aquello que una sociedad se niega a reconocer de sí misma.
Del centro comercial al fin del mundo
Si Night of the Living Dead ayudó a convertir al zombi en una figura de comentario social, Dawn of the Dead llevó la idea todavía más lejos. En la película de 2004, un grupo de sobrevivientes se refugia en un centro comercial mientras afuera los muertos avanzan.
La elección del lugar no era casual, los zombis regresaban una y otra vez al centro comercial casi como si recordaran una rutina que alguna vez tuvieron. Ahí, Romero convirtió a los muertos en una metáfora del consumismo, o sea, cuerpos que siguen avanzando hacia las tiendas incluso después de haber perdido todo lo demás.
Desde entonces, el género descubrió que un apocalipsis podía servir para hablar de prácticamente cualquier cosa, así fuera desigualdad, miedo, aislamiento, violencia, consumo, crisis sanitarias o desconfianza hacia las instituciones. Y entonces llegaron los zombis que corrían y la cosa se puso aún más tensa.
Cuando los muertos dejaron de caminar
Durante mucho tiempo, parte del encanto del zombi estaba precisamente en su lentitud. No necesitaban ser rápidos porque eran muchos y porque el verdadero terror estaba en saber que, tarde o temprano, terminarían rodeándote.
28 Días Después cambió las reglas. Aunque sus criaturas son infectados y no exactamente zombis en el sentido clásico, la película de Danny Boyle ayudó a popularizar una nueva clase de amenaza: rápida, violenta y contagiosa. El apocalipsis ya no era solo invasión de cadáveres, era una emergencia sanitaria fuera de control.
La idea se repetiría en distintas formas durante los siguientes años. REC (la versión de Estados Unidos), Guerra Mundial Z y la saga Resident Evil apostaron por brotes, virus y contagios que podían convertir una ciudad entera en cuestión de horas.
Ya no era el mismo miedo y una nueva pregunta surgía, ¿qué pasa si los muertos regresan?, ¿qué pasa si algo puede propagarse antes de que siquiera entendamos qué está ocurriendo?
¿Qué se está dispuesto a hacer para sobrevivir?
Pero el género no tardó en demostrar que todavía podía hacer algo más con ellos. The Walking Dead convirtió el apocalipsis en una historia de supervivencia a largo plazo, donde el verdadero interés estaba tanto en los vínculos entre los personajes como en los muertos que caminaban afuera.
Algo similar ocurre con Train to Busan, que utiliza un brote zombi para hablar de egoísmo, solidaridad y desigualdad. La película surcoreana incluso ha sido estudiada como una forma de llevar problemas específicos de su sociedad a un género global.
Y después llegó The Last of Us, que llevó la conversación hacia otro lugar. Sus infectados son aterradores, pero la historia está mucho más interesada en preguntarnos qué estamos dispuestos a hacer para proteger a quienes queremos cuando las reglas del mundo dejan de existir.
En estas historias, sobrevivir ya no significa simplemente encontrar un arma y llegar al refugio. Significa decidir en quién confiar, a quién salvar y qué partes de nosotros mismos estamos dispuestos a sacrificar.
A veces el monstruo no es el zombi
Quizá una de las mejores ideas que ha dejado el género es también una de las más incómodas: los muertos no siempre son el mayor problema.
Es algo que aparece una y otra vez en películas y series de zombis. Cuando desaparecen las instituciones, las reglas y las estructuras que mantienen funcionando una sociedad, los sobrevivientes tienen que construir otras nuevas y no siempre lo hacen de la mejor manera.
En The Walking Dead, por ejemplo, las amenazas humanas terminan ocupando cada vez más espacio. En 28 Days Later, el virus es aterrador, pero ciertas decisiones tomadas por quienes siguen vivos pueden resultar todavía más perturbadoras. Incluso en The Last of Us, la amenaza no se limita a los infectados, están las comunidades, los grupos armados y las personas que intentan imponer su propia idea de cómo debería funcionar el nuevo mundo.
Tal vez por eso el zombi se mantiene vigente, porque sí, es un monstruo bastante sencillo, pero permite hablar de problemas extraordinariamente humanos.
Del apocalipsis al survival horror
Hoy, el género puede ir prácticamente en cualquier dirección. Hay comedia, como Shaun of the Dead; acción, como Guerra Mundial Z; drama, como Cargo; terror claustrofóbico, como REC; videojuegos convertidos en películas y series; y propuestas que prácticamente utilizan al zombi como una excusa para hablar de otra cosa.
Resident Evil: Noche Cero, dirigida por Zach Cregger, llega justamente en ese punto de la evolución. La película sigue a Bryan, un mensajero médico que queda atrapado en medio de un brote en Raccoon City y recupera una idea fundamental del survival horror: no se trata solamente de enfrentarse a monstruos, sino de sobrevivir cuando no tienes suficientes recursos, información ni certezas.
¿Por eso no gusta lo relacionado con estos seres? Los zombis pueden cambiar de velocidad, de apariencia, de origen y hasta de nombre, pueden ser cadáveres, infectados o criaturas nacidas de un videojuego, pero su función permanece casi intacta y es poner a prueba qué queda de nosotros cuando todo lo que conocemos se viene abajo.
Después de casi cien años, los zombis ya no necesitan únicamente levantarse de una tumba para asustarnos, basta con preguntarnos qué haríamos nosotros si fueran los demás, y no los muertos, quienes dejaran de comportarse como humanos.