Hace unos meses platiqué con Zach Cregger sobre su versión de Resident Evil que, por cierto, ayer se estrenó. En la plática mencionó algo que encajó perfecto hasta el momento en el que vi la película completa: “Soy fan de los juegos. Los he jugado muchísimo y sé qué sensación quiero provocar”.
‘Resident Evil: Noche Cero’ captura la experiencia de ser un jugador promedio en el videojuego
Y he ahí la clave detrás de Resident Evil: Noche Cero. No es una película que explore la historia detrás de Umbrella Corporation ni la visión de Raccoon City años después del brote. Es, más bien, una cinta sobre la incertidumbre, la vulnerabilidad y esa permanente impresión de que algo está detrás de ti.
Ayer, cuando terminé de ver la película, sentí que había visto un tráiler de 90 y tantos minutos. Es posible que todo se debe a que, más allá de ir construyendo una historia, lo que ves es a un joven correr por su vida en una ciudad que se está, literalmente, yendo al carajo. La sensación al salir del cine no fue la mejor y, sinceramente, fue una reacción que contrastaba con las primeras opiniones del público, que decían que esta, sin duda, era la mejor película de la franquicia que se había hecho hasta ahora.
Luego leí un comentario: “Resident Evil: Noche Cero es como ver la pantalla de un jugador promedio del videojuego”, y ahí lo entendí. Yo nunca he jugado el videojuego, vi cómo mi hermano lo jugaba, pero nunca experimenté la tensión de controlar a un personaje que corre por su vida y dispara balas para acabar con los monstruos que se le atraviesan.
Y ahí está la clave. Zach Cregger realmente creó una película para los fans que lo han jugado. No hay un personaje complejo ni un supersoldado experto en armas, Austin Abrams es un joven que se metió en una situación horrible sin siquiera saberlo y reacciona como cualquiera lo haría: maldiciendo a todo el mundo y haciendo lo mejor que puede.
Una película hecha por un fan para más fans
Como una película hecha por un fan para otros fans, la cinta está repleta de innumerables elementos de la franquicia que te hacen sumergirte por completo en la historia. Y lo cierto es que, aun si esperabas una historia mucho más profunda, esta, tal cual está, hace que quitar los ojos de la pantalla sea casi imposible.
Tiene un ritmo acelerado, sin instantes aburridos o calmados: 90 minutos de gritos, maldiciones, zombis, monstruos, balas y mucha sangre. Para cuando llega el tercer acto, tenemos un desenlace que fácilmente podría pasarle a un jugador promedio que no encontró las municiones suficientes, no disparó al lugar correcto o no corrió lo suficientemente rápido.
Al final, a pesar de que no logré conectar del todo con la película, logré ver el objetivo de la misma y lo aterricé a la plática que tuve con Cregger: “He jugado tantas veces Resident Evil y pienso: ¿Cómo me iría a mí, a Zach Cregger, si me lanzaran a ese mundo? Terrible”.
El regreso a la esencia de Resident Evil
Aquí no tenemos a una Milla Jovovich como Alice dando vueltas por los aires ni a un Carlos Oliveira, experto en armas, dispuesto a matar a lo que se ponga al frente. Es solo un Ryan que aceptó un envío sin saber de qué se trataba.
Y es que, si vamos a ponernos puristas, las películas anteriores alteraron por completo el trasfondo de la historia, cambiaron la misma en cada entrega y pasaron de la supervivencia a la acción exagerada. Con todo esto, es normal que el público prefiera una película en la que pueda identificar aquello que ha jugado.
Y quizá esa sea la razón por la que Resident Evil: Noche Cero funciona tan bien para quienes conocen el videojuego; no busca convertir a su protagonista en un héroe de acción, sino mostrar qué pasaría si una persona común tuviera que sobrevivir en ese mundo.
No vayas buscando una gran historia, pero sí con la certeza de que la tensión, el ritmo y esa sensación de estar jugando una partida en la que cualquier error puede costarte la vida porque eso es, probablemente, lo que Zach Cregger quería provocar desde el principio.