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Zach Cregger: el director que redefine el horror con Resident Evil

Tras conquistar el horror con Barbarian y Weapons, Zach Cregger llega a Resident Evil: Noche Cero para llevar su particular visión del miedo a una de las franquicias más famosas del cine.
mié 16 septiembre 2026 09:31 AM
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Zach Cregger llega a Resident Evil: Noche Cero tras conquistar el horror con Barbarian y Weapons. (Fotografías: Cortesía )

Cuando se habla de los nuevos nombres que están cambiando el cine de horror, el de Zach Cregger aparece inevitablemente. Lo curioso es que él probablemente no estaría de acuerdo con esa afirmación. Tampoco diría que tiene un estilo definido ni que existe una fórmula detrás de sus películas. De hecho, cuando le pregunto qué parte de su sello personal llevará a Resident Evil: Noche Cero, su respuesta llega sin demasiadas vueltas: “No sé cuál es mi estilo. Yo solo intento escribir la historia que a mí me gustaría ver”.

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La respuesta parece sencilla, pero explica mucho de su filmografía. Mientras otros directores construyen una identidad a partir de ciertos recursos visuales o narrativos, Cregger parece hacerlo desde un lugar mucho más instintivo. Sus películas nunca buscan ser únicamente aterradoras; también encuentran espacio para el humor, para personajes profundamente humanos y para situaciones tan absurdas que terminan haciéndonos reír justo antes de volver a ponernos tensos. Paradójicamente, esa aparente falta de intención es lo que termina convirtiéndose en su sello.

Resulta todavía más interesante si se recuerda que antes de convertirse en uno de los nombres más importantes del horror contemporáneo, Cregger dedicó buena parte de su carrera a la comedia. Durante años fue parte de The Whitest Kids U’ Know, un grupo de sketches que lo llevó a escribir, actuar y dirigir desde un registro completamente distinto al que hoy lo caracteriza. Esa experiencia nunca desapareció, simplemente cambió de lugar.


En lugar de abandonar la comedia cuando comenzó a hacer terror, decidió incorporarla de una forma muy natural. No escribe chistes para aliviar la tensión ni busca romper deliberadamente el miedo. Lo que hace es permitir que los personajes reaccionen como reaccionaría cualquier persona frente a una situación así de rara. “Si intento escribir algo gracioso, va a ser terrible. Pero si un personaje se comporta como yo lo haría frente a un perro monstruo, entonces la risa aparece sola”, explica.

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Quizá ahí esté una de las grandes diferencias entre Cregger y muchos de los directores que hoy dominan el género. Sus películas no son construidas alrededor de los monstruos, sino alrededor de las personas que tienen que enfrentarlos.

El horror que nace de lo cotidiano

Eso ya era evidente en Barbarian. Cuando estrenó la película en 2022, pocos esperaban que un director conocido por la comedia entregara una de las propuestas más comentadas y refrescantes del año. Lo que parecía ser un thriller relativamente convencional pronto se transformó en una historia impredecible que rompía constantemente las expectativas del espectador.

Pero Barbarian nunca fue únicamente una película sobre una casa o un monstruo escondido en el sótano. Debajo de toda esa tensión había conversaciones sobre la violencia contra las mujeres, el abuso de poder, la gentrificación, el abandono urbano y la forma en que el miedo cambia dependiendo de quién lo vive.

Cregger entendió que el horror funciona mejor cuando nace de algo reconocible; lo sobrenatural puede asustar durante unos segundos, lo cotidiano permanece mucho más tiempo en la cabeza. “Para mí, lo que más asusta no son las cosas que te sobresaltan o son violentas, sino las que simplemente te inquietan”, explica el director.

Tres años después, volvió a demostrarlo con Weapons. Aunque la escala era mucho mayor, la esencia seguía siendo la misma. Una historia fragmentada, contada desde distintos puntos de vista, que obligaba al espectador a reconstruir poco a poco lo que realmente estaba ocurriendo. El misterio avanzaba al mismo ritmo que los personajes, mientras que el humor seguía apareciendo en momentos inesperados.

En apenas dos películas, Cregger ha demostrado que el horror puede ser mucho más que una colección de sobresaltos. Sus historias siempre terminan hablando de aquello que ocurre fuera de la pantalla. Quizá por eso forma parte de una generación de cineastas que parece mucho más interesada en construir una sensación constante de incomodidad.

Resident Evil: el reto de entrar a un universo conocido

Su llegada a Resident Evil parece una consecuencia natural de esa forma de entender el cine. Podría pensarse que asumir una franquicia con casi treinta años de historia implicaría adaptarse a reglas ya establecidas. Después de todo, millones de jugadores conocen a Leon Kennedy, Claire Redfield o Jill Valentine, y cada nueva adaptación carga con el peso de esas expectativas.

Pero Cregger decidió recorrer otro camino. “No puedo entrar pensando en cómo cumplir una lista de deseos de los fans. Tengo que confiar en mi instinto. Pero también soy fan de los juegos. Los he jugado muchísimo y sé qué sensación quiero provocar”, dice.

La palabra importante es esa: sensación. Su intención siempre fue capturar aquello que se siente al jugarlos: la incertidumbre, la vulnerabilidad y la permanente impresión de que cualquier puerta puede esconder algo terrorífico. “He jugado tantas veces “Resident Evil” y pienso: ¿Cómo me iría a mí, a Zach Cregger, si me lanzaran a ese mundo? Terrible”. Por eso su protagonista tampoco responde al molde tradicional del héroe de acción. Ryan, interpretado por Austin Abrams, con quien ya trabajó en Weapons, es alguien mucho más cercano a cualquiera de nosotros que a un soldado entrenado para enfrentarse a una invasión zombi: "Ante una situación así cualquiera estaría llorando, corriendo y gritando todo el tiempo. Esa me parece una película divertida”, relata.

Detrás de esa idea también existe una declaración de principios. A Cregger le interesa observar cómo reaccionan las personas cuando el mundo deja de tener sentido. Sus personajes no sobreviven porque sean extraordinarios; sobreviven porque intentan seguir siendo humanos incluso cuando todo alrededor dejó de serlo.

Pero quizá la respuesta que mejor resume su forma de hacer cine llegó cuando la conversación giró hacia Umbrella Corporation. Durante años, Resident Evil ha sido identificado por sus zombies, sus criaturas mutantes y sus secuencias de acción. Cregger, en cambio, encuentra el verdadero origen del horror en otro lugar.

“Hay una enorme corporación tecnológica haciendo cosas porque puede, no porque deba, y eso termina empeorando la vida de todos. Siento que vivimos en un momento donde eso pasa todos los días”, señala.

La reflexión resulta sorprendentemente actual. Más allá de los virus o los monstruos, Resident Evil también habla sobre empresas capaces de poner sus propios intereses por encima del bienestar colectivo. Es un miedo que ya existe fuera de la ficción y que Cregger simplemente traslada a la pantalla.

La misma lógica estaba presente en Barbarian. También en Weapons. En todas sus películas, lo fantástico funciona como una extensión de algo profundamente humano. Eso explica por qué sus historias permanecen en la memoria mucho después de terminar. No es únicamente por las criaturas o los giros inesperados, es porque debajo de ellos siempre existe una pregunta sobre la sociedad que habitamos.

El miedo que no necesita gritar

Cuando le pregunto qué tipo de miedo sigue persiguiendo como cineasta, vuelve a sorprender. No habla de sangre. No habla de violencia. Ni siquiera menciona zombies. Habla de una imagen:

“Pienso en aquellas dos niñas al final del pasillo en El Resplandor, eso es el susto perfecto para mí. No es un monstruo lo que te persigue, es una imagen. Eso es lo que quiero crear, películas de terror que sean surrealistas, extrañas y silenciosas”, apunta. Y ahí parece estar la verdadera obsesión de Cregger: el tipo de horror que no necesita explicarse porque encuentra eco en algo que ya existe dentro de nosotros.

Quizá por eso resulte tan difícil definir su estilo. Él insiste en que simplemente escribe las historias que le gustaría ver. Sin embargo, película tras película, ha ido construyendo una voz propia que entiende el horror como una forma de observar el mundo. Una donde los monstruos nunca son el verdadero problema, sino el reflejo de nuestros miedos más cotidianos.

Con Resident Evil enfrenta un enorme reto. También el primero que no nació completamente de su imaginación. Pero si algo han demostrado Barbarian y Weapons es que, incluso dentro de una franquicia tan conocida, Cregger parece menos interesado en reinventar a los monstruos que en recordarnos por qué seguimos temiéndoles.

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