Haz un pequeño ejercicio. Siéntate en casa y pon un fragmento de una película clásica como El Mago de Oz (1939) o algo más reciente como El Gran Hotel Budapest (2014). Después cambia a cualquier película estrenada en los últimos años. ¿Notas algo diferente? Sí, parece que el color desapareció y dejó una versión mucho más neutra y deslavada. La pregunta es: ¿por qué?
¿A dónde se fue el color? No eres solo tú: el cine se ve cada vez más deslavado
El cine ha cambiado enormemente con el paso del tiempo. Pasó del blanco y negro al color, del cine mudo al sonido, de los efectos prácticos al CGI. Sin embargo, hoy nos interesa hablar de un cambio mucho más sutil: el color, o mejor dicho, la aparente desaparición de este.
No importa si se trata de una película animada, un thriller psicológico, una cinta de terror o un drama. Hay una especie de velo grisáceo que parece cubrir la imagen, otorgándole una apariencia más oscura, apagada y con menos vitalidad.
Primero, un poco de historia
El color llegó al cine casi al mismo tiempo que el sonido. Georges Méliès, por ejemplo, empleó a 21 mujeres en su estudio de Montreuil para colorear a mano sus películas fotograma por fotograma. Sin embargo, este proceso era demasiado costoso y solo resultaba viable para producciones muy cortas.
Hacia 1900, cuando las películas comenzaron a ser más extensas, surgió el sistema Pathécolor. Más adelante, conforme el cine se convirtió en una industria de masas, aparecieron distintos procesos aditivos y sustractivos para reproducir el color de manera más eficiente.
Todo cambió en 1922 con uno de los primeros procesos sustractivos desarrollados por Technicolor Corporation, fundada por Herbert Kalmus. Aunque revolucionario para su época, todavía presentaba varias limitaciones. Finalmente, en la década de 1950, Eastman Kodak introdujo un sistema mucho más sencillo que utilizaba una sola cinta y ofrecía una calidad de impresión superior.
El color en el cine
(Fotografías: IMDb)
Una vez que el cine a color se popularizó, la corrección de color se realizaba físicamente mediante procesos químicos aplicados a los negativos en laboratorio. Pero el color pronto dejó de ser únicamente una cuestión técnica: directores y estudios descubrieron que también era una poderosa herramienta narrativa capaz de influir en las emociones del espectador.
Si quieres comprobar el cambio por ti mismo, haz otra prueba. Mira Un viernes de locos y después su secuela, estrenada el año pasado. La diferencia en la paleta de colores resulta evidente.
La investigadora Katie Stebbins bautizó este fenómeno como "Intangible Mud" ("lodo intangible"), un efecto en el que los colores pierden saturación y contraste hasta comenzar a mezclarse visualmente entre sí. Las razones son diversas: la sofisticación de las herramientas digitales de corrección de color, la influencia estética de sagas como El Señor de los Anillos o Matrix, que popularizaron paletas más ocres y apagadas, e incluso el tono más pesimista que domina gran parte del cine contemporáneo.
(Fotografía: IMDb)
Hoy las paletas ocres y desaturadas parecen haberse convertido en el estándar. Incluso géneros históricamente asociados a colores vibrantes, como el cine de superhéroes, han adoptado una estética mucho más contenida, alejándose del colorido que caracterizaba tanto a los cómics como a muchas de sus primeras adaptaciones cinematográficas.
A esto se suma el auge del streaming. Aunque estas plataformas hicieron más accesible el contenido, su calidad de imagen suele estar por debajo de la que ofrece un Blu-ray, especialmente desde que durante la pandemia muchas redujeron el bitrate para ahorrar recursos. Aunque la situación ha mejorado, la diferencia sigue siendo perceptible.
Quizá el cine no ha perdido el color por completo. Tal vez simplemente estamos viviendo una tendencia estética que privilegia los tonos apagados. La verdadera pregunta es cuánto tiempo pasará antes de que Hollywood vuelva a enamorarse de las imágenes vibrantes.