Cuando una película de superhéroes protagonizada por una mujer fracasa, la conversación suele irse al mismo lugar. Que si el público ya está cansado de las "girlboss", que si existe un rechazo hacia las protagonistas femeninas, que si las redes sociales sabotearon el estreno, pero el tropiezo de Supergirl parece contar una historia bastante más complicada.
Por qué 'Supergirl' no fue el éxito esperado y qué revela sobre las heroínas de Hollywood
(Fotografía: IMDb - Todos los derechos reservados )
La nueva apuesta de DC llegó a los cines con críticas tibias, una respuesta del público lejos de lo esperado y una taquilla muy por debajo de las proyecciones. Para un estudio que intentaba consolidar su nuevo universo cinematográfico, el golpe es considerable, sin embargo, reducir todo a "la gente no quiere ver mujeres superhéroes" es una conclusión demasiado cómoda, especialmente cuando la evidencia dice otra cosa.
El problema de las superheroínas creadas por Hollywood
(Fotografía: IMDb - Todos los derechos reservados)
Cuando Wonder Woman llegó en 2017 fue un fenómeno mundial. No sólo fue un éxito en taquilla; también fue celebrada por la crítica y por el público porque encontró algo que muchas películas posteriores han perdido: una protagonista con personalidad propia antes que un símbolo, el problema es que Hollywood parece haber aprendido la lección equivocada.
En lugar de preguntarse qué hacía funcionar a Diana Prince, muchos estudios comenzaron a fabricar heroínas bajo una misma fórmula: personajes extremadamente capaces desde el primer minuto, con muy poco espacio para equivocarse, crecer o sorprender.
El resultado ha sido una colección de protagonistas que, aunque distintas en nombre y poderes, terminan sintiéndose parecidas y Supergirl vuelve a caer en esa trampa.
Diversos análisis coinciden en que la película tiene problemas de tono, efectos visuales poco convincentes y una adaptación que nunca termina de encontrar identidad. Incluso quienes destacan el trabajo de Milly Alcock reconocen que el guion nunca le da suficiente material para construir un personaje memorable. Eso explica por qué resulta tan fácil culpar al personaje cuando, probablemente, el problema está en cómo fue escrito.
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Es curioso porque Hollywood ya había encontrado ejemplos de que sí funciona: Ripley en Alien, Sarah Connor en Terminator, Furiosa en Mad Max, incluso la propia Diana Prince. Todas comparten algo: antes de ser heroínas, son personas, tienen dudas, toman malas decisiones, fracasan, cambian, no están diseñadas para representar una idea; están escritas para contar una historia.
En cambio, muchas producciones recientes parecen partir del camino inverso, primero construyen el mensaje y después intentan acomodar al personaje dentro de él. Eso no significa que exista una "fatiga" hacia las protagonistas femeninas. De hecho, la propia industria ha demostrado que cuando una película encuentra una buena historia, el género del personaje deja de ser relevante.
También sería injusto responsabilizar únicamente a Supergirl. El cine de superhéroes en general atraviesa un momento complicado. La competencia en cartelera es mucho mayor que hace una década y la audiencia se ha vuelto mucho más selectiva con qué franquicias vale la pena seguir.
Pero precisamente por eso el margen de error es menor. Ya no basta con un traje nuevo o un personaje conocido, hace falta una historia que convenza y quizá esa sea la verdadera lección que deja Supergirl; no que el público haya dejado de creer en las heroínas, sino que Hollywood sigue sin entender que una buena protagonista femenina no necesita ser perfecta, necesita estar bien escrita.