Más de un siglo después, sus descendientes están decididos a mantener viva esta filosofía y a permitir que sus clientes alrededor del mundo se familiaricen con estos valores a través de experiencias como Villa Zegna, un espacio efímero que ha visitado ciudades como Shanghái, Nueva York y Dubái con el propósito de recrear elementos de Oasi Zegna, esa reserva natural en la que late el corazón de la casa, para que sus clientes más importantes tengan acceso a él.
La edición más reciente tuvo lugar el pasado mes de diciembre en Miami en el marco de Art Basel, feria con la que la casa firmó una alianza plurianual para tener presencia en sus distintos eventos alrededor del mundo y, sobre todo, para estrechar lazos con los imaginarios que se han vuelto su centro de gravedad.
Durante cuatro días, Villa Zegna recibió a clientes de Canadá, Estados Unidos, México y Brasil exclusivamente por invitación. El espacio –dominado por las plantas y el color rosa, así como por algunas pinturas del artista estadounidense Sam Falls–, fue diseñado como un guiño al valle de los rododendros.
“Años después de que mi abuelo decidiera reforestar Oasi Zegna plantando medio millón de árboles, mi padre pensó que quería dar un toque de color al valle, así que trajo a Pietro Porcinai, el mejor paisajista de Italia, para crear el valle de los rododendros”, relató Gildo Zegna, nieto del fundador, durante la cena inaugural del espacio ante invitados como el artista JR, el coleccionista Craig Robins, el productor musical Giorgio Moroder y Alessandro Sartori, director artístico de la casa.