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A new way of making: ¿puede la inteligencia artificial ser creativa?

A medida que la inteligencia artificial redefine los límites de la imaginación, surge un nuevo modelo de creación que genera un diálogo entre la intuición humana y la eficiencia de las máquinas.
vie 25 septiembre 2026 04:32 PM
A new way of making
. (ILUSTRACIÓN: RODOLFO TAMÉS)

No son frases frases sueltas. Son prompts conceptuales que buscan generar un aroma. En enero de 2025, Tom Ford lanzó Bois Pacifique, su primera fragancia desarrollada con Inteligencia Artificial (IA). El perfumista Rodrigo Flores-Roux trabajó con Carto, una herramienta de IA patentada por Givaudan que permite navegar y combinar miles de ingredientes dentro de un mapa olfativo para así ampliar las posibilidades de la fórmula final.

El resultado fue una combinación de maderas y especias que remiten a la idea de naturaleza esencial, casi primaria. Con esta propuesta, reconocida como fragancia masculina del año por The Fragrance Foundation Awards, Tom Ford Beauty dio un paso firme hacia un futuro en el que los seres humanos y las máquinas puedan trabajar de la mano, y sin demasiados problemas, en tareas creativas.

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ARQUITECTURA AMADERADA SECA BASADA EN SÁNDALO, CEDRO Y ROBLE

SALIDA ESPECIADA AROMÁTICA CON CARDAMOMO Y CÚRCUMA

PROFUNDIDAD ESTRUCTURAL MEDIANTE MADERAS REINTERPRETADAS Y RESINAS


En los últimos dos años, la IA dejó de ser un tema de nicho para instalarse en el centro de la cultura contemporánea. Herramientas de escritura generativa como ChatGPT o modelos de imagen como DALL·E o Midjourney han transformado la manera en que creamos y consumimos contenido. En este desplazamiento, las industrias creativas se han visto obligadas a decidir cómo convivir con las nuevas tecnologías.

En todas las esferas, las promesas de creatividad y eficiencia ampliadas conviven con el miedo a la estandarización y la pérdida del oficio y la intuición humanas. Aun así, la adopción de la IA avanza. Según un estudio pubicado por Wondercraft en abril de 2025, el 83 por ciento de los creativos entrevistados declaró haberla integrado activamente en su trabajo. La tendencia atraviesa todas las disciplinas, desde el arte digital, la publicidad, el cine y la música, hasta la moda y la perfumería.

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"LAS INDUSTRIAS CREATIVAS SE HAN VISTO OBLIGADAS A DECIDIR CÓMO CONVIVIR CON LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS" (ILUSTRACIÓN: RODOLFO TAMÉS)

El caso de Bois Pacifique no es una excepción aislada. En 2025, la IA fue un elemento central en proyectos tan variados como la campaña de la colaboración Valentino Garavani x Vans, que utilizó imágenes y videos generados con IA a partir de material original de Valentino. También en Machine Hallucinations, una obra multisensorial del artista Refik Anadol proyectada sobre The Sphere en Las Vegas. En ella, Anadol transformó datos sobre la naturaleza y fenómenos atmosféricos en imágenes en movimiento que se reconfiguran en tiempo real, dependientes del sistema que los alimenta.

Al mismo tiempo, la adopción de la IA no ha estado exenta de fricción. Otras casas y directores creativos se han posicionado firmemente en su contra, y en sectores como el cine la tensión ha sido aún más explícita, con debates profundos sobre autoría, control creativo, ética y el valor del trabajo en sí mismo. ¿De quién es una obra cuando intervienen sistemas entrenados con millones de imágenes, textos o sonidos ajenos? ¿Hasta qué punto la promesa de eficiencia corre el riesgo de producir una estética cada vez más homogénea? ¿Dónde está el límite entre ampliar la creatividad humana y sustituir aquello que busca potenciar? En el fondo, la discusión gira en torno a cómo relacionarnos con una nueva herramienta que ya se ha colocado en el centro del proceso creativo.

LAS INDUSTRIAS CREATIVAS SE HAN VISTO OBLIGADAS A DECIDIR CÓMO CONVIVIR CON LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

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Primitivas creativas

Alguien que ha estudiado de cerca ese debate durante los últimos cinco años es Rodolfo Ocampo. Investigador en Leonardo.ai, que hoy funciona de manera independiente y también como laboratorio de investigación en IA de Canva, Ocampo ha dedicado su doctorado en la Universidad de New South Wales en Sídney (Australia) a estudiar la colaboración creativa entre humanos y máquinas.

Frente a las tensiones en torno a la originalidad, estandarización y el reemplazo, Ocampo propone un cambio de enfoque: entender la IA como una herramienta más entre las múltiples formas y alternativas que hoy existen para crear y acelerar procesos, pero no desde una lógica puramente instrumental, sino como un proceso de cocreación y expansión. La clave para comprenderla de esa manera está en lo que denomina “primitivas creativas”; esto es, las nuevas posibilidades u operaciones que habilita cada tecnología.

Un instrumento musical como la guitarra, por ejemplo, tiene la primitiva creativa de producir determinadas notas al tocar sus cuerdas, y lo que resulta de esa interacción solo puede surgir a través de ese instrumento en particular. Con la IA sucede algo similar: se abren nuevos márgenes de acción y exploración que no podríamos alcanzar de otro modo.

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. (ILUSTRACIÓN: RODOLFO TAMÉS)

En práctica

Con la IA como parte del proceso de creación, la cuestión deja de ser si utilizarla o no, para transformarse en cómo trabajar con ella. Más que una promesa o amenaza, la IA se convierte en una nueva condición de trabajo que nos exige nuevas formas de relación. Desde ese punto de partida, Ocampo propone un marco de desarrollo y uso de IA generativa independiente del estado de cada tecnología y sus capacidades momentáneas. Consiste en seis principios orientados a que quien trabaja con inteligencia artificial crezca creativamente sin diluir su criterio y voz propia.

El primer principio es el de influencia mutua; es decir, que tanto la persona como la IA cambien sus perspectivas y la dirección creativa que hubieran emprendido en el caso de trabajar en soledad para que la colaboración ayude efectivamente a ambos a llegar a otro lado. El segundo es el de entendimiento. No se trata solo de cambiar, sino de entender al colaborador. En el caso de la IA, explica Ocampo, implica que pueda entender tus preferencias e intenciones y se adapte a ellas.

No es casual, explica Ocampo, que muchos modelos de IA generativa hayan surgido del intento por comprender la inteligencia humana a través de su réplica. Pero el objetivo nunca ha sido solo imitarla, sino dar lugar a otro tipo de mente, distinta a la humana, con sus propias formas de inteligencia y creatividad. La pregunta entonces deja de ser qué puede hacer la IA por nosotros y pasa a ser qué nuevas formas de arte o de expresión pueden surgir cuando trabajamos codo a codo con una herramienta que amplía el campo de lo posible.

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LAS HERRAMIENTAS CON LAS QUE CREAMOS NUNCA HABÍAN PROVOCADO TANTA DIVISIÓN

Ese giro conceptual empieza a verse en proyectos concretos. En su campaña de verano de 2025, Stella McCartney recurrió a la IA para crear imágenes hiperrealistas de aves que no existen. Bajo el lema “Save What You Love”, la campaña buscó llamar la atención sobre la fragilidad de la biodiversidad y el peligro de extinción que enfrentan muchas especies hoy en día pero sin recurrir a una producción invasiva que pusiera en riesgo a animales reales. El resultado combinó impacto visual y posicionamiento ético, integrando la tecnología como parte del lenguaje creativo de la marca.

El tercer principio es el de comunicación y aquí el cómo importa. No basta con conversar. “Si solo dices qué hacer sin recibir preguntas o retroalimentación, no es una conversación, es una instrucción”, explica. Su objetivo es diseñar modelos que propicien un intercambio bidireccional, capaz de enriquecer el proceso creativo. El cuarto y quinto giran en torno a la colaboración e iteración. Que ambas partes puedan contribuir de manera activa al proceso, en lugar de limitarse a una dinámica de orden y resultado. Y que exista la posibilidad de refinar y mejorar sobre la marcha, hasta llegar al producto final.

A new way of making
. (ILUSTRACIÓN: RODOLFO TAMÉS)

El último principio es el de contexto. “Que el sistema pueda apoyarse en tu portafolio, trabajos previos, moodboards y todo aquello que construye tu contexto inmediato”, señala Ocampo, “pero también en las tendencias del momento, para generar algo que sea relevante y esté integrado dentro de esa realidad”. Estos seis principios funcionan como una invitación a usar la IA con intención. No para delegar la creación, sino para ampliar lo que cada uno puede alcanzar, “de modo que el resultado final sea diferente y mejor que lo que podría haber producido por sí solo, sea lo que sea que eso signifique para cada creativo”, concluye.

Tal vez por eso la IA genera tanta incomodidad y fascinación a partes iguales. Las herramientas con las que creamos nunca habían provocado tanta división, quizá porque ninguna otra había exigido tanta responsabilidad de nuestro lado. Pocas veces el futuro se presentó tan abierto y lleno de posibilidades. El camino que tomemos está en nuestras manos.

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