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Muere Yayoi Kusama a los 97 años, la artista que convirtió sus obsesiones en un universo infinito

Yayoi Kusama murió a los 97 años dejando un legado que transformó el arte contemporáneo y convirtió sus lunares, calabazas y habitaciones infinitas en símbolos reconocidos en todo el mundo.
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Yayoi Kusama murió a los 97 años tras más de siete décadas dedicadas al arte. (Fotografía: Andrew Toth/Getty Images)

Hay artistas cuya obra puede reconocerse sin siquiera leer su nombre. Basta entrar a una habitación cubierta de espejos y luces, encontrarse con una enorme calabaza o ver cientos de lunares para pensar inmediatamente en Yayoi Kusama.

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La artista japonesa murió a los 97 años tras una trayectoria de más de siete décadas en la que convirtió sus obsesiones, experiencias personales y su particular percepción del mundo en algunas de las imágenes más reconocibles del arte contemporáneo.

De sus alucinaciones a los famosos lunares

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Los lunares y la repetición surgieron de las visiones que Kusama experimentaba desde su infancia. (Fotografías: Takashi Aoyama/Getty Images)

Nacida en Matsumoto, Japón, en 1929, Kusama comenzó desde pequeña a experimentar alucinaciones en las que veía luces, flores, redes y puntos que parecían extenderse por todo lo que la rodeaba. Aquellas imágenes terminaron convirtiéndose en parte esencial de su obra.

En 1957 dejó Japón y se mudó a Estados Unidos. Poco después llegó a Nueva York, donde comenzó a abrirse camino en la escena artística de los años 60 a través de pinturas, esculturas, instalaciones y performances.

Los polka dots, la repetición y la idea del infinito se convirtieron en elementos constantes de su trabajo. Detrás de sus coloridas piezas también aparecían temas mucho más personales como la ansiedad, la sexualidad, la muerte y su propia salud mental.

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El arte como una forma de sobrevivir

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Calabazas, lunares y espejos llevaron el universo de Kusama a museos y espacios de todo el mundo. (Fotografía: Getty Images )

Tras regresar a Japón, Kusama ingresó voluntariamente en 1977 a un hospital psiquiátrico de Tokio, donde vivió mientras continuaba trabajando regularmente en su estudio.

Con los años, su obra alcanzó reconocimiento mundial, especialmente gracias a las Infinity Mirror Rooms, instalaciones de espejos y luces que crean la sensación de encontrarse dentro de un espacio sin principio ni final.

Sus calabazas, lunares y habitaciones infinitas llegaron a museos de todo el mundo e incluso a colaboraciones con marcas como Louis Vuitton, convirtiéndola también en una figura de la cultura popular.

México formó parte de su historia. En 2014, el Museo Tamayo presentó Yayoi Kusama. Obsesión infinita, la primera retrospectiva de la artista en nuestro país.

Kusama convirtió experiencias profundamente personales en un lenguaje universal. Aquellos puntos que comenzaron formando parte de las visiones de una niña en Japón terminaron cubriendo museos y habitaciones enteras alrededor del mundo. Su universo, como ella siempre imaginó, parece no tener final.

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