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Javier Barrios y la imaginación como territorio de transformación

En su estudio, un espacio íntimo donde conviven recuerdos y procesos, Javier Barrios reflexiona sobre su práctica, los giros inesperados de su obra y la capacidad del arte para expandir los límites de lo imaginable.
dom 26 abril 2026 09:00 AM
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(Javier Barrios reflexiona sobre su práctica, los giros inesperados de su obra y la capacidad del arte para expandir los límites de lo imaginable.
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En las semanas previas a su exposición Tiras cósmicas Vol. 2: pinturas de la muerte y los destinos, presentada en la galería Pequod Co., Javier Barrios abre las puertas de su estudio para compartir una idea clara: crecer como artista no necesariamente implica ocupar más espacio.

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El estudio como territorio íntimo

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Para Javier Barrios, el estudio es un lugar profundamente personal, en donde objetos cargados de memoria y elementos funcionan como detonadores creativos (Fotografía: Alonso Díaz )

Entre los artistas existe una tendencia muy fuerte a creer que uno tiene que crecer en un sentido de tamaño, pero el trabajo para desarrollarse y para crecer, no necesariamente requiere de un espacio más grande. Para Barrios es muy importante que el espacio de trabajo se mantenga como algo íntimo.

El arte como expansión de la imaginación

En un momento de su carrera, Barrios decidió alejarse de una carga social explícita en su obra para explorar nuevos territorios. Así llegó a las orquídeas: no como simples objetos estéticos, sino como símbolos de obsesión. El fenómeno conocido como orchid fever, la fascinación extrema por coleccionar estas plantas, le permitió reflexionar sobre cómo algo aparentemente inocente puede transformar la conducta humana.

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En un momento de su carrera, Barrios decidió alejarse de una carga social explícita en su obra para explorar nuevos territorios, así llegó a las orquídeas (Fotografía: Alonso Díaz )

Para Barrios, el valor del arte radica en su capacidad de ampliar lo imaginable. Cuando una obra logra ir más allá de lo esperado, abre la posibilidad de concebir otras realidades, incluso menos hostiles.

Para él, los artistas tienen una visión del mundo y la comparten y, en el mejor de los casos, esa visión logra que las personas se replanteen lo que puede ser o no.

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La práctica artística, afirma, te empuja a trabajar con todas las energías. Así sea cansado, con prisa, triste, o animado, meterse al estudio a trabajar le ha permitido aprender a reconocer qué surge de cada estado.

Mirar lo rechazado

A Barrios le gustan mucho esos animales que son incomprendidos, rechazados, los parias de la sociedad -como las arañas, los gusanos, los chapulines-, pero que en realidad son seres fascinantes. No se trata de convencer a nadie, pero sí de invitar al espectador a volver a mirar porque, tal vez la relación que tenemos con ellos, viene de nuestra postura de superioridad en el mundo natural y de que no vemos lo que hay dentro de nosotros mismos.

El artista muestra interés en como aquellas pequeñas cosas -que para muchos podrían ser insignificantes- pueden detonar que las personas saquen lo peor de ellas. Esa idea es un motor constante en su práctica y últimamente lo ha experimentando desde una perspectiva mitológica, el cómo las personas toman aspectos de la naturaleza o de su imaginación o de ambas cosas y las convierten en un motivo de adoración.

Materia, memoria y proceso

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Cada artista construye su espacio según sus necesidades, como un territorio de libertad, experimentación y trabajo. (Fotografía: Alonso Díaz )

Barrios rechaza la idea de un modelo único de espacio de trabajo. El estudio es un territorio de libertad, de trabajo, de experimentación y el artista lo hace según sus necesidades. Habrá quien tenga tres estudios o más y alguien le dirá: '¿Por qué no pones todo en el mismo espacio?' Esa persona trabaja así y cada quien elige su espacio según lo que le interesa y lo que necesita.

El estudio también es un archivo personal. Fotografías, libros heredados y referencias visuales conviven con piezas aparentemente triviales que adquieren significado con el tiempo. Estos elementos no solo acompañan el proceso creativo, sino que influyen en la manera en que el artista percibe y construye su obra.

Sus bocetos funcionan como ideas que ha tenido y quiere ejecutar en algún momento. Tenerlos cerca le funcionan como un recordatorio o un objeto contemplativo cuando la pieza ya fue terminada. En su muro hay bocetos del 2013 e incluso mucho antes, sin embargo, aunque hay cosas que ya hizo, su concepto aún no ha sido explorado del todo y mantenerlo ahí le da oportunidad de que, en algún momento, adquiera sentido.

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Dentro de su estudio, los objetos personales conviven con referencias visuales (Fotografía: Alonso Díaz)

La importancia de no mostrarlo todo

Dentro de su práctica, Barrios reconoce el valor de lo oculto. Considera que un artista saludable debe tener secretos, tener algo en desarrollo, sin necesidad de ser mostrado. Este espacio reservado permite que las ideas maduren y mantiene viva una relación íntima con el proceso creativo.

"Técnicamente, mi estudio es la habitación principal del departamento. En mi trabajo, la luz es fundamental y aquí la luz es muy buena. Tiene dos closets que están llenos de tiliches, eso me permite tener todo a la mano, pero sin que todo esté a la vista. Es decir, puedo ocultar mi desorden, pero si necesito algo lo tengo detrás de las puertas".

Experimentar como necesidad

A lo largo de su carrera, el artista ha transitado entre distintos temas y enfoques. Este movimiento responde tanto a inquietudes personales como a la necesidad de evitar la repetición. Aunque existen preocupaciones relacionadas con la recepción o comercialización de su obra, para Barrios el verdadero riesgo está en dejar de experimentar.

"Tengo planes de seguir haciendo esto el resto de mi vida, así que no me puedo permitir que esto no me divierta o que esto no me mantenga interesado (...) Como artistas, aburrirte es igual de peligroso que no comercializar tu trabajo".

Al trabajar, Barrios piensa principalmente en lo que quiere y en la forma en que desea que su trabajo crezca, más que en si va a afectar a otros o provocarles preguntas. Claro que le encanta cuando eso sucede y cuando la gente se lo toma en serio, pero prefiere que eso ocurra sin planearlo, sino porque algo logra conectar con ellos. Por eso, le parece especialmente valioso que el resultado de su trabajo no sea algo intencional, sino más bien algo que sucede de forma casi accidental.

La materia como proceso

Parte de su proceso antes de comenzar a trabajar incluye afilar sus lápices de forma obsesiva hasta que queden casi como si fueran navajas. Sin embargo, esta es una tarea reservada solo para él y a pesar de tener a una persona que le ayuda en el estudio dos o tres veces por semana, una de las cosas que no puede hacer es afilar los lápices.

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Los lápices, herramienta fundamental en su trabajo, son utilizados hasta el límite (Fotografía: Alonso Díaz )

En su espacio de trabajo los lápices se compran por docena y si los vendieran por kilo, los compraría por kilo. Son, en esencia, lo más importante del estudio y, al mismo tiempo, lo menos importante porque se desgastan. Son sus mejores amigos y son los que todos los días se van; se usan hasta que prácticamente ya no quede nada de ellos y cuando eso ocurre, se pelan, se les saca la mina, se muele y se usan como pigmento, es decir, se usan hasta las últimas consecuencias. Nada de un lápiz se desperdicia, son el centro de gravedad de su estudio.

Una invitación a mirar de nuevo

Barrios no estaba buscando experimentar porque con el tipo de trabajo que hacía -algo muy político que trataba los problemas entre el estado-nación y la sociedad civil y la policía- no obtuviera reconocimiento. Sin embargo, necesitaba ponerse a prueba a si mismo y tenía ganas de darle un giro inesperado a su obra, así que se le ocurrió trabajar con flores porque fue uno de los temas que encontró más distante. Curiosamente, el hallazgo fue que, en algunos casos, la historia de la biología y de los jardínes botánicos fue igual de violenta.

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A través de la confrontación y la duda, invita al espectador a construir una relación más personal con su entorno, cuestionando aquello que parece dado (Fotografía: Alonso Díaz )

La idea de las artes plásticas persiste mucho en él. Últimamente, es común que alguien se llame a sí mismo artista visual para incluirlo todo, pero Barrios siente que es más artista plástico y, en el mundo del arte contemporáneo, eso suena raro para muchas personas. Él trabaja mucho con las manos; no usa tanto herramientas digitales como las cámaras de foto o de video y no se espanta de que otros artistas lo hagan, lo que tiene claro es que trabaja con las manos porque lo disfruta.

Finalmente, afirma que le gustaría que su trabajo invite a las personas a volver a mirar y a hacerse de una relación propia con lo que los rodea a partir de la confrontación, de decirles que él no cree que esas cosas son lo que ellos creen. En última instancia, le gustaría que su trabajo invitara a las personas a hacerse de nuevas relaciones con el mundo natural.

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