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Nuestras Historias

Todos los discos de Kanye West, ordenados del peor al mejor

Aunque amemos odia a Kanye, no podemos negar que tiene una de las discografías más interesantes en la industria.
dom 05 septiembre 2021 08:05 AM
Discos de Kanye West
¿Cuál es para ti el mejor disco de Kanye?

Con el controversial estreno de Donda, el nuevo disco de Kanye West, se ha vuelto inevitable repasar su discografía con atención y determinar si lo amamos o lo odiamos. Y aunque la respuesta no es tan fácil, lo que es innegable es que siempre ha dado algo de que hablar, y que escucharlo siempre es todo menos aburrido. Por eso, nos dimos a la maratónica tarea de repasar la discografía del músico y ordenarla de lo peor a lo mejor.

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13. Cruel Summer (2012)

Kanye West siempre ha sobresalido por hacer discos que, independientemente de que los ames o los odies, siempre son toda una experiencia para escuchar, tanto por los arreglos, las letras, los sampleos e incluso su elección de colaboradores. Precisamente este disco vino justo después de un álbum en conjunto con Jay-Z, y llegó con colaboraciones con personajes como Kid Cudi y Big Sean. Sin embargo, es un disco desalmado y poco interesante, si lo comparamos con otras producciones del rapero. Su fuerza principal está en la cantidad de colaboraciones (literal no hay una sola canción que no sea acompañado por alguien), pero ahí mismo radica lo que hace a este disco odioso: el ego de Kanye se hace más que evidente al tener invitados de un calibre envidiable en su género, pero tenerlos en papeles en los que no brillan.

12. Jesus is King (2019)

Este es el disco más desconcertante de Kanye West, pues salió en una época en la que West comenzó a tomarse en serio su misión de evangelizar al mundo. Así, vemos distintos elementos que remiten a la iglesia, como coros de gospel, órganos y letras descaradamente religiosas, todo con el toque retorcido que siempre ha hecho de Kanye un músico interesante de escuchar, ya sea para bien o para mal. ¿Recuerdan el gospel súper acelerado que da inicio a este álbum? Es un claro ejemplo del superpoder de Kanye: dotar a sus ritmos, aparentemente normales, de un ligero sentimiento de perturbación. El disco evoluciona con letras ególatras que pueden parecer disonantes con el mensaje religioso, y que polarizan al escucha: o sobresalen por su honestidad o hartan por su arrogancia. Además, con 27 minutos de duración y una edición cuestionable, el álbum en general se siente incompleto.

11. The Life of Pablo (2016)

Este disco sólo podría describirse como una diarrea verbal, pues está dotado de una arrogancia que se hace palpable en absolutamente todas las letras y no sólo eso, sino a una producción general que se siente impulsiva, poco reflexionada y con una confianza exagerada en que funciona. Y si nos vamos a estándares industriales, lo logra, pero si nos vamos con la idea de que quien está cantando es uno de los genios autoproclamados más grandes de la historia contemporánea, deja mucho que desear, es un disco bastante descuidado. Si eres un genio, Kanye, no lo digas; haz que lo notemos. Es un poco como Ye, que veremos a continuación, pero al menos Ye sólo dura 24 minutos.

10. Ye (2018)

Este disco de sólo 24 minutos de duración, es quizás uno de los guiños más nostálgicos al Kanye temprano. Aquí, después de venir de tres discos en los que experimentó a más no poder (con resultados bastante interesantes), regresa a samplear con sonidos de soul, pero con una producción que no termina de amarrarse y con letras que rayan en una melomanía palpablemente enferma. Además, salió en uno de los periodos de mayor locura de West, en el que mediáticamente hizo comentarios megalómanos, apoyó a la derecha estadounidense e hizo toda clase de declaraciones cuestionables. Eso influyó a que las letras del disco parezcan ridículas o completamente dementes. Una diarrea verbal en el contexto menos indicado.

9. Kids See Ghosts (2018)

Este brevísimo salió casi al mismo tiempo que Ye, y sin embargo es una cosa absolutamente ecléctica y emocionante, hecha en colaboración con el igualmente brillante Kid Cudi. Sin embargo, aquí, a diferencia del antes mencionado Cruel Summer se siente un trabajo más equilibrado en cuestión de dinámica de pareja. Kids See Ghosts es explosivo, contundente, imponente, medianamente siniestro y parecía ser el gran regreso de Kanye después del fallido The Llife of Pablo… pero fue una falsa alarma, tomando en cuenta Ye. Quedémonos mejor con este recuerdo del 2018, que es contundente, coherente de principio a fin y una delicia para escucharse con atención profunda más de una vez.

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8. Late registration (2005)

Aquí, Kanye todavía no era KANYE, pero con dos Grammy en su poder, comenzaba a serlo. Aquí escuchamos, a nivel meramente melódico, los primeros guiños de grandiosidad del rapero, con matices sinfónicos (en “Celebration”, por ejemplo), y toques de soul que hacían del disco algo muy disfrutable. Otra cosa que lo hace grandioso son las colaboraciones con Jamie Foxx, Adam Levine, Common, Brandy, Jay-Z y Nas. Muchas no fueron explotadas de la manera debida (Heard ‘Em Say, por ejemplo, deja a Adam Levine en un rango vocal completamente aburrido para su registro), sin embargo otras, como “Gold Digger” con Jamie Foxx, lograron posicionarse como los mayores éxitos de la carrera de West. Escuchar este disco es raro en el 2021: nos hace extrañar mucho un sonido del pasado que no sabemos si eventualmente regresará. Repasemos Donda para entender mejor este comentario.

7. Donda (2021)

Donda es un disco en el que ya aceptamos que Kanye es un ser retorcido, absurdo y brillante y lo aceptamos de esa manera. Líricamente continúa con la línea de su predecesor, Jesus is King, que nos hace sentir un poco como si entráramos a una secta, más que a una iglesia. Basta con escuchar la introducción, Donda Chant para notar que algo anda mal… pero curiosamente eso sólo provoca el morbo de escuchar qué sigue. No es de sorprenderse que el músico aborde su matrimonio con Kim Kardashian y la muerte de su madre. Donda es un disco que duele y que desconcierta (aquí, las letras son tan derrotadas que podemos ver un lado nuevo de Kanye), y que por eso mismo nos hace empatizar de una manera improbable (porque todos amamos detestar un poco a Kanye, ¿no?). Puntos extra por la colaboración Believe What I Say, con Lauryn Hill, donde vemos cierto halo de cordura que podría ser un engaño o el preludio a una nueva racha de éxitos para Kanye. Punto cuestionable: ¿esta recuperación realmente ameritaba veinticuatro canciones?)

6. Graduation (2007)

No sería arriesgado decir que este disco es parte de la educación necesaria en la vida de cualquier aficionado al hip-hop. Aquí, West enseñó que se podía hacer un hip-hop con toques más pop con sonidos extremadamente procesados que dotaban al disco de una fuerza similar a la de Watch The Throne. Kanye creó una nueva forma de concebir el hip-hop, haciéndolo más accesible a otros públicos, pero sin quitarle la esencia intimidante que caracteriza a los géneros urbanos. Bonus por “Stronger”, con samples de Daft Punk, y “Homecoming”, la colaboración que hizo con Chris Martin. No es la mejor del disco, pero hizo una gran labor en pro del espíritu de fusión que catorce años después prevalece en el hip-hop.

5. 808s & Heartbreak (2008)

Sin duda, uno de los trabajos más interesantes de Kanye. Esto no es hip-hop en su sentido más puro. Con autotune que no llega a nivel T-Pain, pero cuya existencia se hace presente en cada segundo, un sonido introvertido, sentimental, y una lírica cruda, oscura y en momentos arrogante, este disco marcó un antes y un después en la carrera de Kanye, y quizás en el hip-hop en general, por sus toques vanguardistas. Este disco tiene en común con Donda una sensación de desolación, de catarsis, pero en este caso es mucho más explícita.

4. Watch The Throne (2011)

Este disco es una colaboración con Jay-Z, que originalmente iba a ser un EP de cinco canciones y acabó siendo uno de los discos más poderosos en la historia de las colaboraciones. Watch The Throne es poderoso, sumamente imponente, repleto de sampleos oscuros que dotan a las dieciséis canciones del disco de una fuerza que parece salida de una canción de rock industrial con toques futuristas que no hacen más que darle una elegancia audaz al sonido. Watch The Throne es agresivo pero exquisito, casi perfecto de principio a fin. Es un disco que obliga a poner atención desde el primer segundo y durante poco más de una hora. Incluye colaboraciones con personajes como Frank Ocean, Beyoncé, que se agradecen pero que podrían quitarse y el álbum seguiría siendo una joya.

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3. The College Dropout (2004)

Este es el primer disco de Kanye, y vaya forma de darse a conocer ante el mundo. Con sampleos de la mismísima Aretha Franklin (quien accedió a colaborar con la condición de que la canción no tuviera groserías –aunque hay una versión sin censura–) y colaboraciones con Jay-Z, Ludacris, Mos Def, y un sonido seguro pero que al mismo tiempo dejaba ver un espíritu experimental pero aún tímido, Kanye dejó claro desde el día uno que nos esperaba una carrera con muchas sorpresas (aunque quizás no sabíamos que esta sorpresas iban a tomar los rumbos más bizarros).

2. My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010)

Este disco es oscurísimo, vulnerable, pero insolente al más puro estilo hip-hopero. Tiene algo que recuerda a 808s & Heartbreak pero con un sonido mucho más clásico y más orgulloso. Hay algo de autodesprecio que quizás en esa época no necesitábamos escuchar, pero que a años de distancia resulta casi increíble. La selección de sampleos es algo que hay que admirar, pues están mezclados de manera impecable. Basta con escuchar a King Crimson en “Power” para apreciarlo. Es un disco completamente anormal para su género e incluso anormal en la discografía del mismo Kanye, pero justo por eso causa tanto impacto como para que alcance un lugar tan alto en esta lista.

1. Yeezus (2013)

El sexto álbum de Kanye retoma la agresividad de Watch The Throne y la dota de nuevas dimensiones hasta obtener un sonido muy poco convencional, y precisamente esto es lo que lo hace una maravilla. Este disco dividió opiniones, pero también fue el primero que dejó clara la genialidad y audacia musical de Kanye. Sin embargo, también hizo evidente su cercanía su peculiar estado mental al autodeclararse Dios en una de sus letras (“I Am God”). El disco tiene drill, dancehall, industrial y conjuntos corales mezclados brillantemente, a veces en una misma canción. Es un disco tan bueno, que hace que el apenas iniciante delirio de Kanye sea tolerable. Posiblemente este sea el mejor punto medio en una cuestión de actitud.

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